19 de mayo de 2015

El problema con vos


¿Sabés qué pasa?

¿Sabés qué es lo que me da más bronca de todo esto? No es que todavía piense en vos, porque en general todo me recuerda a tu persona. Las esquinas, nuestras esquinas. La de tu laburo, la del mío, la del parque en la que nos encontrábamos para ir a caminar. Extraño, un poco, tal vez más que un poco, los besos en esas veredas, los besos de los encuentros. La intensidad dependiendo la cantidad de horas que hacía que no nos veíamos.
El otoño me hace acordar a vos. Cuando me hacías flores con las hojas de colores y me las ponías detrás de la oreja. Las verdulerías me hacen acordar a vos. Tu lugar favorito en el mundo. Eran como una juguetería para vos. Probar esa cantidad de combinaciones de frutas y verduras extrañas. El entusiasmo por inventar nuevas mezclas. Lo raro me hace acordar a vos.
La cama me hace acordar a vos. No a las horas acostados, sino a cuando la compramos. Que no pasaba por el marco de la puerta y sugeriste, en serio, cortarle un pedazo con la moladora porque te resistías a la idea de volverla a bajar 8 pisos y subirla por soga. El capricho me hace acordar a vos. 
Mi mamá me hace acordar a vos. Porque te nombra cada dos por tres. Te extraña. Ella te extraña.

Pero no es eso, en serio. Creéme que no me importa todavía acordarme de vos. A esta altura ya me acostumbré a vivir pensando en vos. Lo que no me gusta es pensar en música y pensar en vos. Ahí está el problema. 
Es que en las cosas nuevas encuentro la liberación. En los bares a los que no fui con vos, en las actividades que conocí después de vos. Ahí no estás. No estás en las películas que salieron después de vos, tampoco estás en la gente que conocí ni en los viajes que hice. No estás. En esos momentos te vas. Como hiciste. Pero la música es un problema. El problema. Son los discos lo que te traen de nuevo. Los nuevos. Las bandas que descubro, esos sonidos que no tienen asociación con vos. La música que llegó cuando vos ya te habías ido. No tiene relación con vos, no es parte de nuestra historia, pero igual me hace acordar a vos.
Me acostumbré a vivir con vos así ahora que no estás. Me acostumbré a todo lo que falta desde que no estás. Desde que te fuiste. Todavía sigo yendo a la misma verdulería que íbamos juntos, llevada por la costumbre, por el recuerdo, porque seguís acá, de alguna forma. No busco encontrarte, no espero cruzarte, no quiero verte.
Pero qué bronca cuando escucho una banda nueva y quiero irme hasta el fin del mundo solo para escucharla con vos. 

1 comentario:

Gabriel dijo...

Esto que contaste me pasa seguido pero nunca lo cuento. Qué doloroso cuando quedan flotando esos fantasmas invadiéndote la cotidianidad.