24 de marzo de 2014

Relato de un recuerdo

Hoy me desperté con un recuerdo. Era un recuerdo nítido de duración exacta. Comenzaba con la imagen de la escalera que va a la terraza, y terminaba con un paneo por el cielo amaneciendo.
Fue esa noche que tomaste una colcha que estaba abandonada en el cuartito del lavadero y la estiraste sobre la membrana del techo pintada de rojo. Nos acostamos -yo sobre tu pecho- y nos quedamos mirando el cielo en silencio. Las estrellas se mezclaban con las hojas de los árboles: unas encandilaban, las otras hacían sombra. 
Estábamos en ese límite horario en el que todo cambia y el color degrade que se forma en el horizonte parece congelar el mundo por un segundo, antes de que el ciclo empiece de nuevo. No había ruido y todo a nuestro alrededor dormía, los que recién se acostaban y los que se estaban por levantar.
Vimos las estrellas apagarse y el sol prenderse. 





Conversaciones breves VIII: Los astros o la red social

- ¡Bella! tanto tiempo, ¿cómo estás?

- ¡bien, bien ocupada! ¿vos, cómo va el negocio?

- ¡divino! ¡cada día mejor! Sacamos la colección para esta temporada. ¿La viste?

- no...

- fijate. Está en Facebook.

- me fijaré.

- contame de vos. Del laburo no, eso me aburre. Contame de amores. ¿Con quién estás saliendo?

- emm... con nadie. Que yo sepa...


- no puede ser. Imposible.

- bueno, entonces debe haber una dimensión paralela donde sí sea posible...

- escuchame. Anotá este nombre y agregalo a Facebook. Es Mariano...


- no, no, dejate de joder. Yo con esas cosas no. ¡No acepto a conocidos y vos querés que me ponga a agregar tipos que no conozco!

- ¡pero es desconocido al principio! Imaginate cuando sea conocido. ¡Podría ser una historia divina! ¡Además el loco es un copado!

- en serio te agradezco pero no voy hacer eso.

- bueno. ¿Y en tu cuenta de Facebook hay alguno que te guste? Es el momento de charlar con él. La luna está en una fase en la que queda alineada con los otros planetas, y eso significa "momento de avanzar". 


- ¡lo que me falta! ¡Primero Facebook y ahora la luna para ponerla! Me voy adoptar otro gato.

- nena, dale. Media pila. ¿Y si le digo a Mariano que te agregué él? 


- ni se te ocurra. Antes de que mi vida sexual y amorosa dependan por completo de Facebook, prefiero seguir sola.

- gorda.

- ¿qué?

- ¿cuándo fue la última vez que...?

- eh...Creo que...cuatro...cinco meses. 

- gorda.

- ¿qué?

- Facebook. Seriously: Facebook.


 

13 de marzo de 2014

El concubino

Aunque quisiera no podría acordarme de cuándo lo conocí, o de la primera vez que lo vi. Supongo que porque jamás creí que en algún momento llegaría a pensar en él por fuera del factor que nos unía. Intento recordar mi primera impresión sobre su persona y la imagen sigue siendo difusa. Mi personalidad prejuiciosa diría que esa impresión fue mala, que me cayó mal, que seguro pensé que ese tipo jamás podría simpatizarme.

Si hago un poco más de fuerza recuerdo una escena en su propia cocina de balsosas frías. Baldosas que un tiempo después caminaría descalza, en medias. Que caminaría infinidad de veces. Baldosas en las que compartiríamos tantos desayunos y cenas. Él estaba sentado -creo- con amigos y yo entré, tímida, ajena, en el papel de novia nueva de su amigo, su compañero de casa, su concubino. Ese papel incómodo en el que nos vemos obligados a ponernos cuando alguien nos gusta mucho y queremos agradarle a su círculo íntimo. Un papel agotador que termina dándonos más trabajo que una seguidilla de primeras citas. Un trabajo que si sale mal podría ser el fin de esa relación que recién empezamos. Si conocer a alguien ya es estresante, conocer a los amigos es 
llevar los nervios al límite. 

El laburo de conocer amigos de parejas sabía cómo manejarlo, pero conocer al concubino estuvo a otro nivel. A un nivel totalmente ajeno a mí. Aprendí, a pruebas y errores, que el amigo bajo el mismo techo era más que tan solo un mejor amigo. Era su familia en esa casa. Y esa también era su casa. 


Yo no sé si el concubino habrá captado que yo era novata en esto de convivir temporalmente -a veces una noche, a veces dos, a veces un fin de semana entero- con dos tipos, pero me fue encaminando y con el tiempo aprendí a tener una relación con mi pareja y a la par con su amigo. Si al principio esperaba que llegara el momento del día en que él se fuera y yo al fin quedara sola con mi chico, llegó el punto en que, cuando escuchaba las llaves en la cerradura, me alegraba de su llegada y me entusiasmaba el momento en el que nos reuníamos y charlábamos, a veces los tres, a veces los cuatro, cuando él tenía compañía.

Tal como no recuerdo cuándo empecé a quererlo, tampoco tengo presente cuándo comencé a extrañarlo. Cuando una relación se termina y la división de bienes comienza, uno está atento a los objetos, a los recuerdos de pareja, a dejar las cosas en claro, a sacarse todo de adentro. Al separarse uno recuerda con cariño y nostalgia a los amigos del otro, los extraña como una extensión de esa persona que ya no está. "Esos asados con él y sus amigos", "Ese viaje con él que paramos en lo de su amiga", "Esa tarde en La Florida con sus primos".
Podrá suceder que al terminar una relación uno se quede con cosas que no le corresponden, como discos, ropa, mascotas e inclusive los mismos amigos. Puede también suceder que uno no sólo se los apropie, sino que aprenda a compartirlos, que acepte que fueron primeros del otro y que con tiempo y el cariño se volvieron un poco propios. Definitivamente uno puede quedarse con los amigos de una ex pareja, pero de ninguna forma puede llevarse un concubino. Es como llevarse la pileta del baño o el gato del vecino que visitaba la terraza. El concubino está más allá de la amistad. El concubino es de la casa y se queda con la casa.