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Mostrando entradas de marzo, 2014

Relato de un recuerdo

Hoy me desperté con un recuerdo. Era un recuerdo nítido de duración exacta. Comenzaba con la imagen de la escalera que va a la terraza, y terminaba con un paneo por el cielo amaneciendo.
Fue esa noche que tomaste una colcha que estaba abandonada en el cuartito del lavadero y la estiraste sobre la membrana del techo pintada de rojo. Nos acostamos -yo sobre tu pecho- y nos quedamos mirando el cielo en silencio. Las estrellas se mezclaban con las hojas de los árboles: unas encandilaban, las otras hacían sombra. 
Estábamos en ese límite horario en el que todo cambia y el color degrade que se forma en el horizonte parece congelar el mundo por un segundo, antes de que el ciclo empiece de nuevo. No había ruido y todo a nuestro alrededor dormía, los que recién se acostaban y los que se estaban por levantar.
Vimos las estrellas apagarse y el sol prenderse. 




Conversaciones breves VIII: Los astros o la red social

- ¡Bella! tanto tiempo, ¿cómo estás?

- ¡bien, bien ocupada! ¿vos, cómo va el negocio?

- ¡divino! ¡cada día mejor! Sacamos la colección para esta temporada. ¿La viste?

- no...

- fijate. Está en Facebook.

- me fijaré.

- contame de vos. Del laburo no, eso me aburre. Contame de amores. ¿Con quién estás saliendo?

- emm... con nadie. Que yo sepa...

- no puede ser. Imposible.

- bueno, entonces debe haber una dimensión paralela donde sí sea posible...

- escuchame. Anotá este nombre y agregalo a Facebook. Es Mariano...

- no, no, dejate de joder. Yo con esas cosas no. ¡No acepto a conocidos y vos querés que me ponga a agregar tipos que no conozco!

- ¡pero es desconocido al principio! Imaginate cuando sea conocido. ¡Podría ser una historia divina! ¡Además el loco es un copado!

- en serio te agradezco pero no voy hacer eso.

- bueno. ¿Y en tu cuenta de Facebook hay alguno que te guste? Es el momento de charlar con él. La luna está en una fase en la que queda alineada con los otros planetas, y eso significa &quo…

El concubino

Aunque quisiera no podría acordarme de cuándo lo conocí, o de la primera vez que lo vi. Supongo que porque jamás creí que en algún momento llegaría a pensar en él por fuera del factor que nos unía. Intento recordar mi primera impresión sobre su persona y la imagen sigue siendo difusa. Mi personalidad prejuiciosa diría que esa impresión fue mala, que me cayó mal, que seguro pensé que ese tipo jamás podría simpatizarme.

Si hago un poco más de fuerza recuerdo una escena en su propia cocina de balsosas frías. Baldosas que un tiempo después caminaría descalza, en medias. Que caminaría infinidad de veces. Baldosas en las que compartiríamos tantos desayunos y cenas. Él estaba sentado -creo- con amigos y yo entré, tímida, ajena, en el papel de novia nueva de su amigo, su compañero de casa, su concubino. Ese papel incómodo en el que nos vemos obligados a ponernos cuando alguien nos gusta mucho y queremos agradarle a su círculo íntimo. Un papel agotador que termina dándonos más trabajo que una s…