6 de enero de 2014

Más De Mil Astros

Entre los yuyos se asoman un par de bigotes blancos y unos ojos verdes que intentan mostrar maldad, pero solo reflejan la ingenuidad de una criatura en el medio de una aventura. El gatito camuflado se arroja sobre su hermanito color negro y comienza una batalla que termina con los cinco felinos mordiéndose entre ellos debajo de un arbusto. Se pierden en la oscuridad.

Arriba el cielo se está por caer del peso de las estrellas. Se prenden y se apagan como luces navideñas. No hay luna que entorpezca, ni ciudad que encandile. Solo hay pasto y un cielo negro infinito.
El césped está húmedo de un rocío que no refresca y el aire es denso, como cada diciembre pampeano. Sin embargo la superficie no se siente calurosa porque directamente no se siente. El cuerpo flota en un estado gaseoso entre el piso y el resto del universo. Viaja junto a la mente a un destino que no tiene dirección. 
La Vía Láctea es un río blanco que titila y atraviesa el panorama en diagonal. Marca una ruta de luces que chocan con las copas de los árboles en una perspectiva imposible. 
A la izquierda, entre los arbustos, el pasto y los árboles, un girasol gigante duerme inclinado hacia delante, como alguien que se queda dormido en un colectivo y se pierde
su parada.
Cuando sopla un poco de viento el Cilantro se mete por la nariz y perfuma el entorno, refresca la garganta, abre una vía directa con los pulmones que se cargan de energía como motores antes de despegar.

Debajo del mismo arbusto los gatitos duermen agolpados. Patitas aplastando orejas, mordidas que quedaron a mitad de camino, bigotes que sueñan. Mamá los rodea y se acuesta también.
El cielo es nuestro techo esta noche. Cerramos los ojos. Viajamos. Dormimos. Nos vamos.

2 comentarios:

Ga Bo dijo...

Mas De Mil Astros sumergidos en América! Gracias por estar en momentos tan geniales y hacerlos poesía y arte! Te quiero tanto!

Gabriel dijo...

Me gustó mucho. Siempre, en la calle, en el laburo, en el bar, me detengo a pensar que me quiero ir flotando de este mundo... hacia ese río que titila en el vasto cielo pampeano, negro e infinito.