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Mostrando entradas de enero, 2014

Conversaciones breves VII: Ni un Me Gusta

- ¿Dónde lo viste?

- en el parque. Estaba corriendo.

- ¿y vos? 

- pasé andando en bici...

- ¿y no te vio?

- nop. Iba muy concentrado mirando el piso. No me lo hacía a ese loco deportista.

- que corra no significa que sea deportista...

- bueno, me refiero a que no me lo imaginaba "de sport". No sé, cuando te gusta alguien como mucho te lo imaginás en bolas, rogás que no tenga slip, ni panza, que tenga un buen culo y muslos. Te podés imaginar cómo se viste para laburar o en el peor de los casos de obsesión qué botines usa para jugar al fútbol, pero verlo corriendo fue re...deserotizante.

- ¿por? ¿Qué tenía?

- no me acuerdo, no lo miré bien, pero no fue solo por la ropa, fue la apariencia. Viste que usa el pelo un poquito larguito...

- se...

- bueno, lo tenía todo transpirado, pegado a la frente. Corría como cansado, jadeaba. Como que en cualquier momento se iba a morir. 

- bueno vos tampoco sos una belleza corriendo. 

- ¡yo no digo que yo sea Liz Solari, che! pero digo que me sacó las gana…

Tu amigo

Me acuerdo esa noche que fuimos a comprar comida para llevar a un bar. Entramos y viste a un amigo tuyo trabajando de mozo. "Qué hacés, gordo", se dijeron uno al otro cariñosamente y yo me quedé a un costado, sonriendo por verte feliz con ese encuentro, con la noche, con vos, conmigo.

Tu amigo, sin embargo, no me caía bien. Era un amigo de la noche, de la falopa, del rock. Amigo de todo eso que te enemistaba con vos, conmigo, con el mundo.
Él alegre y sorprendido me saludó afectuoso. Yo, falsa y resentida, devolví con ganas inventadas.

Vuelvo al mismo bar seguido, ahora, sola. Busco entre los vestidos con delantal y camisa a tu amigo, ese que me cae mal. Lo busco para saludarlo con algunas ganas. Como si rearmar ese recuerdo pudiera cambiar la historia.


Más De Mil Astros

Entre los yuyos se asoman un par de bigotes blancos y unos ojos verdes que intentan mostrar maldad, pero solo reflejan la ingenuidad de una criatura en el medio de una aventura. El gatito camuflado se arroja sobre su hermanito color negro y comienza una batalla que termina con los cinco felinos mordiéndose entre ellos debajo de un arbusto. Se pierden en la oscuridad.

Arriba el cielo se está por caer del peso de las estrellas. Se prenden y se apagan como luces navideñas. No hay luna que entorpezca, ni ciudad que encandile. Solo hay pasto y un cielo negro infinito.
El césped está húmedo de un rocío que no refresca y el aire es denso, como cada diciembre pampeano. Sin embargo la superficie no se siente calurosa porque directamente no se siente. El cuerpo flota en un estado gaseoso entre el piso y el resto del universo. Viaja junto a la mente a un destino que no tiene dirección. La Vía Láctea es un río blanco que titila y atraviesa el panorama en diagonal. Marca una ruta de luces que choca…