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Conversaciones breves X: Hay equipo

Ese día entré al consultorio como si me hubiera empujado un viento. Alejandra quiso saludarme y yo pasé casi corriendo por su lado, me senté en la silla, me giré apoyándome sobre el respaldo y, mientras ella venía caminando hacia mí por detrás, empecé a hablar a toda velocidad: 

- Hola Gala, ¿cómo est...

- escuchame Alejandra, tenemos lo que dure esta sesión para armar un plan y que yo lo ejecute hoy mismo. Yo te digo lo que tengo pensado y vos me decís si es una locura. ¿Ok?

- no creo que el planear todo funcione, Gala. Ya hemos hablado que las cosas casi nunca salen como uno espera.

Hija de puta, pensé.

- sí sí, ya sé, planear menos, vivir más. Pero si lo armamos bien, creo que puede andar. Con mis ideas y tus conclusiones sobre mis ideas podemos sacar algo en limpio y liquido todo esto hoy. ¿Entendés? ¡Finishela! ¡Sanseacabó! ¡Kaput!

- mirá, Gala, sabés que no es tan sencillo como lo que venís a plantear hoy. Estas cosas llevan tiempo, no vas a poder enfriar este tema ya mismo.

- pero yo …

El 115

-Ya está, se terminó- le dije cortando el silencio adornado por el ruido ambiente de tazas chocando con platos en el bar. Por debajo de la mesa apreté muy fuerte la cuerina de la silla con las dos manos.

Me observó por unos segundos que, creo, fueron eternos. Si yo hubiera desviado la mirada el plan ensayado, practicado hasta el cansancio, se hubiera venido abajo. Me mantuve con determinación mientras su cara mutaba de la inexpresividad absoluta (algo que le salía tan bien) a una tristeza que le oscureció el color verde de los ojos, pasando por gestos de susto y desesperación. Dudé, casi me quebré y retracté. Apreté un poco más fuerte la cuerina hasta sentir las uñas clavarse en el plástico marrón y lo seguí mirando fijamente.
Giró la cabeza, miró por la ventana y siguió un 115 que pasaba por Santa Fe. El colectivo se fue pero él no apartó la vista de la parada. El silencio volvió por un rato y yo solté la base del asiento. 
De costado pude ver cómo los ojos se le pusieron vidriosos. Emp…

Conclusiones sobre el inconsciente

Siempre salgo de la psicóloga enojada. Me molesta que me deje como tarea torturarme. Se sienta, me escucha en silencio mientras le vomito mis preocupaciones y cuando estamos llegando al final, saca una conclusión que me hace caer la estantería y usa su frase de cabecera para despacharme: "Vamos a dejarlo acá", me dice mientras cierra con un golpecito seco su cuaderno, mi cuaderno del inconsciente.

Uso las cuadras que separan su consultorio de mi casa para putearla por hacerme pensar. No recuerdo vez que haya bajado la escalera de la clínica sin decir: "hija de puta". 

Cuando me voy, en la sala de espera siempre están las mismas personas aguardando su turno para que uno de todos los psicólogos de ese sitio los torture a ellos. Siempre son los mismos cuatro. Una mujer joven muy agradable y sonriente (la siguiente víctima de mi psicóloga), un tipo vestido de oficinista que revisa su Blackberry mientras espera, una señora con una nena y un tipo raro.
Todos los miércoles n…

Crónicas de viaje II: Una noche en el Denny's de Federal Way.

Es cerca de la medianoche en Federal Way, una localidad cercana a Seattle, en el norte del estado de Washington. Sara se baja del auto de su amigo Tony, un Mazda blanco viejo, con rayones y muchos golpes. Los dos caminan apurados por el estacionamiento del restaurante Denny's, una de las tantas cadenas de comida rápida que hay en cada pueblo de Estados Unidos. Sara es cortita, afroamericana, lleva el pelo planchado y una vincha negra que no se distingue. Tony es rubio, tiene barba candado, usa unos pantalones tres talles más grandes, una remera blanca enorme y, pese al calor, lleva un buzo del equipo de fútbol americano Seahawks y dos gorras: una negra de lanilla y por encima una con visera del mismo equipo.

Sara no termina de entrar que ya tiene el delantal negro puesto y está ayudando a su compañera Molly a levantar los platos sucios de una mesa ahora vacía. En el Denny's del gran mall de Federal Way hay cuatro mesas ocupadas y dos personas en la barra. En la esquina del loca…

Nuevos ruidos

Anoche dormí en una cama que no es la mía. Me desperté muchas veces por los ruidos. Esos ruidos que uno ya no percibe en la propia. Por la ventana escuché pasar cinco colectivos seguidos en medio de la madrugada que a la mañana se duplicaron, triplicaron o tal vez aún más. También escuché conversaciones de esquina, un carro tirado a caballo, una puerta que crujía al abrirse y unos pasos en el techo. 
Podría haberlos apagado un poco cerrando la ventana o tapándome la cabeza con la almohada, pero quise conocerlos a todos. Quiero acordarme de cuando los conocí. Recordarlos cuando ya no los escuche. Estuve atenta a cada ruido y sonido extraño. En esas interrupciones del sueño jugué a identificarlos y a imaginar cosas sobre ellos.

Crónicas de viaje I: Una lista de compras en San Francisco

Delilah y Karen están haciendo la lista del supermercado. Esta tarde festejarán en su patio el cumpleaños de la hermana de Karen y planean hacer una torta de arándanos. 
Delilah tiene la cabeza metida en una alacena gigante repleta de latas, harinas, frascos, botellas, alimentos envasados, condimentos y cajas de mezclas pre fabricadas. Es difícil creer que con tanta comida aún necesiten sumarle cosas a esos estantes. "Estamos preparadas para el fin del mundo", bromea Delilah desde las profundidades del aparador y continúa enumerando frutas y verduras. Karen, mientras tanto, toma nota desde un sillón dispuesto al lado de la ventana con vista al patio y a una puntita del Golden Gate. Afuera está gris y ventoso. Las colinas con casas casi no se ven por la cantidad de niebla, pero Karen confía en el pronóstico de su iPhone, que indica que para la tarde estará caluroso y soleado. El cumpleaños será afuera y no se discute. 

Delilah saca la cabeza de la alacena y ahora la coloca dent…

El pueblo que duerme

Para mí Zavalla siempre fue una aventura, un destino incierto, un escape del cemento conocido. Es lo que cualquier local odiaría: un destino turístico. En Zavalla caminás y la gente sabe que no sos de ahí. Es tu ropa, tu forma de andar, es tu cara desconocida. Al local no le gusta que andes de excursión por el pueblo y encima exclames lo pintoresco que te resulta el perro peludo durmiendo en la vereda caliente.
En Zavalla cuando pedís indicaciones te las dan en metros o referencias fijas. Cuando llegás a la puerta verde, doblás en esa esquina y el almacén está ahí al toque. ¿Y si me pierdo? Acá no te perdés. Y vos hacés caso, salís, das algunas vueltas intentando perderte y no hay con qué darle, de una forma u otra volvés al mismo lugar. A la única casa con un girasol del tamaño de un poste adornando el jardín frontal. O a la casa de ventanas llenas de telas de araña y una puerta que nadie podría creer que tiene cerradura. Una casa simétrica, hecha por un arquitecto obsesivo, que le p…

Conversaciones breves IX: Suerte con eso

- Te vi en una foto de la fiesta del sábado. ¡Bellísima!

- ¡Ah, gracias!

- con ese corte de pelo te parecés mucho a una actriz que me gusta mucho, pero hasta te diría que la superás. ¡La verdad que estabas soberbia!
Deberíamos salir de nuevo nosotros. Ya pasó mucho tiempo...

- es cierto, pasó mucho tiempo. Ya no frecuento tu barrio tampoco. ¡Epa! ¡Cuántos piropos! ¿A qué se deben tantos halagos? 

- podés volver para visitarme, sos bienvenida.

- no, gracias.

- ah, ¿los halagos? Y...la soledad, viste. Hay que combartirla, por eso. Vos me entendés...

- sí, claro que sí.

- ves...Bueno, ¿qué decís?

- que...¡Suerte con eso!

Relato de un recuerdo

Hoy me desperté con un recuerdo. Era un recuerdo nítido de duración exacta. Comenzaba con la imagen de la escalera que va a la terraza, y terminaba con un paneo por el cielo amaneciendo.
Fue esa noche que tomaste una colcha que estaba abandonada en el cuartito del lavadero y la estiraste sobre la membrana del techo pintada de rojo. Nos acostamos -yo sobre tu pecho- y nos quedamos mirando el cielo en silencio. Las estrellas se mezclaban con las hojas de los árboles: unas encandilaban, las otras hacían sombra. 
Estábamos en ese límite horario en el que todo cambia y el color degrade que se forma en el horizonte parece congelar el mundo por un segundo, antes de que el ciclo empiece de nuevo. No había ruido y todo a nuestro alrededor dormía, los que recién se acostaban y los que se estaban por levantar.
Vimos las estrellas apagarse y el sol prenderse. 




Conversaciones breves VIII: Los astros o la red social

- ¡Bella! tanto tiempo, ¿cómo estás?

- ¡bien, bien ocupada! ¿vos, cómo va el negocio?

- ¡divino! ¡cada día mejor! Sacamos la colección para esta temporada. ¿La viste?

- no...

- fijate. Está en Facebook.

- me fijaré.

- contame de vos. Del laburo no, eso me aburre. Contame de amores. ¿Con quién estás saliendo?

- emm... con nadie. Que yo sepa...

- no puede ser. Imposible.

- bueno, entonces debe haber una dimensión paralela donde sí sea posible...

- escuchame. Anotá este nombre y agregalo a Facebook. Es Mariano...

- no, no, dejate de joder. Yo con esas cosas no. ¡No acepto a conocidos y vos querés que me ponga a agregar tipos que no conozco!

- ¡pero es desconocido al principio! Imaginate cuando sea conocido. ¡Podría ser una historia divina! ¡Además el loco es un copado!

- en serio te agradezco pero no voy hacer eso.

- bueno. ¿Y en tu cuenta de Facebook hay alguno que te guste? Es el momento de charlar con él. La luna está en una fase en la que queda alineada con los otros planetas, y eso significa &quo…

El concubino

Aunque quisiera no podría acordarme de cuándo lo conocí, o de la primera vez que lo vi. Supongo que porque jamás creí que en algún momento llegaría a pensar en él por fuera del factor que nos unía. Intento recordar mi primera impresión sobre su persona y la imagen sigue siendo difusa. Mi personalidad prejuiciosa diría que esa impresión fue mala, que me cayó mal, que seguro pensé que ese tipo jamás podría simpatizarme.

Si hago un poco más de fuerza recuerdo una escena en su propia cocina de balsosas frías. Baldosas que un tiempo después caminaría descalza, en medias. Que caminaría infinidad de veces. Baldosas en las que compartiríamos tantos desayunos y cenas. Él estaba sentado -creo- con amigos y yo entré, tímida, ajena, en el papel de novia nueva de su amigo, su compañero de casa, su concubino. Ese papel incómodo en el que nos vemos obligados a ponernos cuando alguien nos gusta mucho y queremos agradarle a su círculo íntimo. Un papel agotador que termina dándonos más trabajo que una s…

Conversaciones breves VII: Ni un Me Gusta

- ¿Dónde lo viste?

- en el parque. Estaba corriendo.

- ¿y vos? 

- pasé andando en bici...

- ¿y no te vio?

- nop. Iba muy concentrado mirando el piso. No me lo hacía a ese loco deportista.

- que corra no significa que sea deportista...

- bueno, me refiero a que no me lo imaginaba "de sport". No sé, cuando te gusta alguien como mucho te lo imaginás en bolas, rogás que no tenga slip, ni panza, que tenga un buen culo y muslos. Te podés imaginar cómo se viste para laburar o en el peor de los casos de obsesión qué botines usa para jugar al fútbol, pero verlo corriendo fue re...deserotizante.

- ¿por? ¿Qué tenía?

- no me acuerdo, no lo miré bien, pero no fue solo por la ropa, fue la apariencia. Viste que usa el pelo un poquito larguito...

- se...

- bueno, lo tenía todo transpirado, pegado a la frente. Corría como cansado, jadeaba. Como que en cualquier momento se iba a morir. 

- bueno vos tampoco sos una belleza corriendo. 

- ¡yo no digo que yo sea Liz Solari, che! pero digo que me sacó las gana…

Tu amigo

Me acuerdo esa noche que fuimos a comprar comida para llevar a un bar. Entramos y viste a un amigo tuyo trabajando de mozo. "Qué hacés, gordo", se dijeron uno al otro cariñosamente y yo me quedé a un costado, sonriendo por verte feliz con ese encuentro, con la noche, con vos, conmigo.

Tu amigo, sin embargo, no me caía bien. Era un amigo de la noche, de la falopa, del rock. Amigo de todo eso que te enemistaba con vos, conmigo, con el mundo.
Él alegre y sorprendido me saludó afectuoso. Yo, falsa y resentida, devolví con ganas inventadas.

Vuelvo al mismo bar seguido, ahora, sola. Busco entre los vestidos con delantal y camisa a tu amigo, ese que me cae mal. Lo busco para saludarlo con algunas ganas. Como si rearmar ese recuerdo pudiera cambiar la historia.


Más De Mil Astros

Entre los yuyos se asoman un par de bigotes blancos y unos ojos verdes que intentan mostrar maldad, pero solo reflejan la ingenuidad de una criatura en el medio de una aventura. El gatito camuflado se arroja sobre su hermanito color negro y comienza una batalla que termina con los cinco felinos mordiéndose entre ellos debajo de un arbusto. Se pierden en la oscuridad.

Arriba el cielo se está por caer del peso de las estrellas. Se prenden y se apagan como luces navideñas. No hay luna que entorpezca, ni ciudad que encandile. Solo hay pasto y un cielo negro infinito.
El césped está húmedo de un rocío que no refresca y el aire es denso, como cada diciembre pampeano. Sin embargo la superficie no se siente calurosa porque directamente no se siente. El cuerpo flota en un estado gaseoso entre el piso y el resto del universo. Viaja junto a la mente a un destino que no tiene dirección. La Vía Láctea es un río blanco que titila y atraviesa el panorama en diagonal. Marca una ruta de luces que choca…