26 de abril de 2013

Conversaciones breves II

- Te explico una cosa, amiga.

- Lo escucho, mi buen amigo.

- No es lo mismo ser el "SMS de las 4 am" que el "SMS de las 6 am"...

- ¿Ah no? ¿Por?

- Y porque si sos el #SMSDeCoger de las 4 am significa que el chabón está a punto caramelo. Y es un buen chongo. Casi educado, te diría. 


- Y el de las 6 am...

- Ese es el de desesperado. Ya no le queda nada, se tira una chance y ve qué pesca...

- Además si son las 6 am y sigue dando vueltas significa que está bastante enfiestado. Probablemente muy puesto o muy borracho. 

- Na, tampoco para tanto. ¡Está bien, boluda! ¡Recién está terminando la noche! Eso es lo que dura mas o menos la joda.

- ....

- ¿Me vas a decir que vos no aguantás hasta esa hora? 

- Eh...see...ponele...a veces...

-¡¿A veces?!

- ¡Y estoy cansada, qué querés! ¿Sabés la de veces que me sonó el teléfono tipo 7 am y tuve que fingir que recién llegaba?


- "La de veces"...

- Bueno, una o dos. 

- ¿Cómo que recién llegabas? 

- Claro, estaba en el 9no sueño y tenía una #LlamadaDeCoger. Cuando me preguntaban: "estás durmiendo?", yo decía: "na,na, reciéeeen llego". 

- ¿Pero ibas?

- ¡Na! Ni a palos. Pero era para que no supieran que en realidad me había acostado a las 11 mirando la repetición de "Friends".

- Entonces la vez que te escribí para ir al after y me dijiste: "uh recién entro a mi casa"...

- Hacía una hora y media que estaba en pijama y medias mirando Family Guy y tomando Coca Cola....

- Ahhh... pero vos te vas a morir sola.

- Sola no, con mi gatito.

- No, ni siquiera. Los gatos sí salen de noche. 

16 de abril de 2013

Una de cal y otra de arena

El dicho dice que cuando te va bien en el amor te va mal en el juego, o a veces a la inversa. Odio el juego así que nunca pude comprobar si la frase alguna vez se confirma, pero una vez escuché una mucho más acertada y empecé a creer fielmente en ella: 
En esa película de chicas, El Diablo Viste a la Moda, la morocha protagonista ve su relación romántica desmoronarse frente a un inminente éxito laboral y no se da cuenta hasta que uno de sus compañeros le dice que cuando su vida amorosa esté totalmente destrozada, será el momento de recibir un ascenso. 


Una tarde de invierno mi celular sonó y una de las satisfacciones personales más grandes que haya tenido se confirmó del otro lado del aparato. Era un tipo que me quería en su empresa para trabajar. A mi. Para hacer eso que yo estudié, eso que sé hacer, eso que yo elegí ser en mi vida. Me lo había ganado con todos mis esfuerzos y nada más. Nadie había ayudado. Todo fue mérito mío y fue un sentimiento maravilloso. 

No había terminado de procesar mi felicidad cuando esa misma noche me encontré con mi novio de entonces y con una sonrisa que se me escapaba de la cara, le compartí mi alegría. Me abrazó fuerte, me felicitó, me dio un beso y me dijo que estaba orgulloso de mi. Una hora más tarde me dejó.
Tenía algo que contarme, hacía un tiempo que me lo quería decir pero no sabía cómo, no encontraba las palabras. Ese día, justo ese día, supo cómo expresarse. Ese día aprendió a hablar. No otro, ese día.


Un tropezón ajeno me dejó sin mi trabajo añorado un verano. La misma alegría que me había generado obtenerlo, solo se iguala con el nivel de dolor que sentí cuando no lo tuve más. Me despedí del empleo con un duelo que duró los tres meses que dura habilitada la pileta de una colonia.

Como después de cada lluvia sale el sol, después un tiempo con la persiana baja y metida debajo de una colcha, salí a la luz y empecé de nuevo. Otro trabajo, otro éxito personal, otro escalón subido, otra vez ese sentimiento de satisfacción, ahora aumentado por el hecho de haber superado una caída que me había hecho dudar de mi. Tenía confianza otra vez. Y otra vez tenía con quien compartir mi alegría. 


El primer día del nuevo trabajo, cargando los chismes y ese cansancio de nervios felices, fui a contarle todo al nuevo compañero. Me hizo preguntas, escuchó atento cuando elogiaba hasta a la cafetera de la oficina y se río con los chistes profesionales que quizás ni siquiera entendía. Me abrazó, me besó la frente y me contó de él. Me contó que tenía dudas con todo, con él, conmigo. Dudas de mi. Dudas sobre nosotros. Dudas de que quisiera que hubiera un "nosotros". Que las tenía hace un tiempo y le había costado identificarlas. Pero pudo hacerlo ese día. Justo ese día. No otro, sino ese día.

Quise hacerme un bollito, bajar la persiana de nuevo y no salir hasta que parara de llover en mi mente. Tal vez, en realidad, lo único que hubiera querido era que se terminara el día. Que ya no fuera ese, sino otro.

2 de abril de 2013

Conversaciones breves I


- ¿Y después del boliche qué hiciste? ¿Lo saludaste y te fuiste?


- No, me acompañó a mi casa y me pidió mi Facebook. 


- ¿Y se lo diste?

- No.


- ¡¿Por qué?!


- ¡Porque no lo quiero tener en Facebook! Detesto esta era digital en la que tenés que tener a todo el mundo en Facebook. ¡No lo conozco! ¿Para qué lo quiero ahí?

- Cierto que sos la más parca para aceptar gente... ¡Para chusmearle la vida, saber quién es, qué le gusta!
- ¡Pero no quiero saber todo eso porque va a dejar de interesarme! Prefiero enterarme de que le gusta Ricardo Arjona saliendo con él y en lo posible después de un buen polvo ¡no antes! Me sacaría las ganas de cogérmelo y está muy bueno...
- ¡Ay! Bueno. ¿Qué hiciste, entonces?

- Le dí mi teléfono.

- ¿Pero te lo pidió?
- No, pero se lo di igual porque le dije que no me gustaba Facebook.
- Estás todo el día en Facebook...
- ¡No es lo mismo! Además no quiero que me chateé. No quiero tener que estar viendo si me habla o no, qué me dice, tener que tener una conversación interesante todo el tiempo. Que si tiene un "visto", que si está escribiendo, que si me chatea pero no me invita a salir, o es re denso y me habla todo el tiempo.
- Chateás todos los días, todo el tiempo...
- No es lo mismo, a mi me gusta chatear con conocidos, no con gente que no me conoce y no entiende mis chistes escritos. Además ya tengo demasiados chongos muertos en Facebook como para sumar otro y tener que verlo ahí. Mejor teléfono que si un día no quiero saber más de él, no lo atiendo y chau. ¡Qué es eso de enterarme si está acá o en Machu Pichu, si tiene novia, si la dejó embarazada...!
- ¡Bueh! ¡Tampoco para tanto!
- ¡Que no! Te acordás ese que me volteaba en el 2008...
- Te revolcaste con un montón en el 2008...
- El rubio...
- Te curtiste un montón de rubios en el...
- ¡Bueno, bueno! Ya entendí, fui muy promiscua en el 2008. ¡Manuel! Ese.
- No me acuerdo de ningún Manuel. ¿No será Emanuel?

- ¡Ese! ¡Bah! Se llaman todos igual.

- Bueno, ¿qué pasa con ese?

- Está embarazado.

- ¿En serio? Qué loco.
- No, lo loco es que yo lo sepa cuando no me importa.
- Está bien, entiendo el punto. ¿Y te escribió éste ahora?
- No, le mandé yo un mensaje para invitarlo a tomar mates a la tarde.
- ¿Y? ¿Te contestó?

- No. Me agregó a Facebook.