19 de marzo de 2013

El compromiso del cepillo de dientes

*Como ya saben algunos, este blog a veces lleva adelante investigaciones de carácter cotidiano, intentando responderse algunos interrogantes filosóficos que surgen en el día a día. Estas preguntas aparecen tras largas reflexiones que la autora tiene tanto de forma particular como grupal en profundos debates sobre la sociología humana

En el día de hoy vengo a hablar de una duda que me viene persiguiendo hace muchos días y que - como la mayoría de las investigaciones que lleva adelante este blog - no ha tenido respuesta. 

La otra noche llevaba en el auto a mi amiga Lucila a la casa de su flamante novio. Antes de salir de su departamento, Lucila puso en una mochila su computadora ("para trabajar en lo de Lucho"), un libro ("para leer en la cama cuando él lee el suyo"), recetas de cocina ("queremos probar de hacer fetuccinis caseros"), ropa limpia ("seguro que mañana antes de salir me pego una duchita") y otros objetos varios. 
Cuando estábamos llegando al domicilio de Lucho, mi amiga notó que se había olvidado de algo: 

- ¡La puta madre, me dejé el cepillo de dientes!
- ¿Qué no tenés uno en...
- ¿En su casa? ¿Estás loca, vos? ¡No da todavía!.
- Iba a decir en tu nécessaire...
- Gala, sos la única persona que conozco que sale al supermercado con un nécessaire. 

Es cierto. Yo tengo siempre en mi bolso/mochila/cartera una cartuchera con todo lo que yo llamo "necesario para vivir en la calle al menos 2 días". La verdad es que yo tampoco tenía uno, ni se me cruzaba la idea de usar un nécessaire hasta que empecé a usar lentes de contacto y tuve que llevar tanta cantidad de porquerías que no me quedó otra opción. Todo el tiempo se me metía una mugre y tenía que sacarme los ojitos de plástico, lavarlos y volver a ponerlos. Desde entonces me acostumbré a llevar cajitas para lentes, líquidos y más líquidos, hasta que con el tiempo le fui agregando pastillas, peine, pinturas y ¡un cepillo de dientes!, claro. 

Pero volviendo a la conversación con Lucila, me llamó mucho la atención que mi amiga considerara que dejar un cepillo de dientes en la casa de su novio era un compromiso muy grande y no así llevarse la mitad de sus pertenenencias a su casa.

Por el otra parte mi amiga Nina es bastante invasiva con su novio Pato. En la casa de Pato está la bicicleta de Nina, otra que nadie sabe de dónde sacó, muchos libros, ropa y hasta toallitas en el botiquín del baño. Las cosas de Nina invaden todos los espacios de Patricio, menos el agujerito de los cepillos de dientes. Nina fue interrogada sobre esta cuestión para esta investigación.


Con un café doble en mano, con su pijama puesto (tiene hasta pijama propio en la casa de Pato) y con los pies arriba de la mesa, Nina responde:

- ¿Cepillo de dientes? ¿Acá? Me deja si le traigo un cepillo de dientes. 

Creyendo que esta era una cuestión meramente masculina, esta investigadora llevó su cuestionario a mujeres que juegan de local para constatar si esta es una preocupación solo de hombres o no distingue género.

- Pablo tiene su cajón con forros. Siempre que viene ya sabe dónde están, cuántos hay - además así calcula si los usé con otros, ¡como si fuera a sacarlos de ahí! - y elige los que quiere, pero de más pertenencias ¡ni hablar!. Que ni se le ocurra dejar nada por más de un par de horas, a ver si todavía cree que está en su derecho de instalarse. Definitivamente todavía no llegamos a ese punto de la relación. 

Esta es mi amiga Ana que tiene una "relación abierta" con un muchacho apodado El Mono. El Mono tiene su "cajón con forros", lo cual a mi modo de entender, es como un perro meando un poste. No así para que no le permite a "Monito" tener derecho sobre ningún ambiente de la casa, muchísimo menos hablar sobre dejarle un acompañante al rosado cepillo de dientes en el vasito de plástico del baño. 

Este es un nuevo misterio sin resolver que presenta este blog: ¿Por qué es el cepillo de dientes el objeto que más compromiso genera entre dos personas?

No tenemos la respuesta aún y los invitamos a opinar, dejar su propia experiencia, putear a su pareja o plantearles (a través de este texto, si gustan) este dilema existencial.


¿Empezarán a mutar las frases que usamos con nuestros novios y novias a la hora de interrogarlos sobre nuestro status romántico?
¿Dejaremos de preguntarnos "¿Qué somos?" para pasar a preguntarnos "¿Podemos dejar el cepillo de dientes en su casa?" ?

No lo sabemos. No, señor.