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Mostrando entradas de 2013

Conversaciones breves VI: La que la tiene clara

- ¿Qué hacés?

- le escribo a Mauro...

- ¿te vas a dormir con él?

- eso estoy intentando...

- ¿qué le estás poniendo? ¿Puedo ver?

- se...

- "Diondee andars??" ¡Media pila, boluda, ni que estuvieras tan ebria! ¿estás tan ebria?

- neee...

- ¿seguro? Porque no se te nota, bah, no te me estás colgando del cuello ni le gritaste al pibe de la barra que los Fernet que prepara son de mariquita...

- que no, te digo. No estoy ebria ni ahí. ¿Querés que te haga el 8?

- el 4...

- eso, el 4. ¡E' lo meessssmo!

- ¡pff! Bueno, igual, arreglá un poco ese SMS que así no te va a querer dar masa nadie.

- no, está bien. Se lo mando así...

- ¿seguro? ¿no querés que te lo escriba yo?

- ¡no! Se lo quiero mandar así, ¿no entendés...?

- ¡¿qué cosa?! 

- ¡Que es la idea! De cara quedo como una desesperada, reventada. Si va como borracha después puedo usarlo de excusa frente a cualquier respuesta. De paso, borracha da a trolita linda. ¡Chin chin!

Conversaciones breves V: El maldito wasap

- No le voy a contestar. Me cansó.

- ¿eh? ¿a quién? ¿de qué hablás?

- de Francisco que me está charlando por WhatsApp.

- ¡ay, qué copado, te escribió! ¿no querías eso?

- sí, pero no quiero que me esté charlando todo el tiempo como si esta porquería fuera un chat.

- y bueno...no le contestés más...

- ¡no puedo! con lo buchón que es esta mierda se va a creer que no quiero hablar con él.

- y...pero no querés.

- ¡sí quiero! pero tomando una birra, cara a cara, ¡no por acá! además ya me pasó con uno de no estar respondiéndole todo el tiempo y que se creyera que no quería verlo más.

- ¿quién?

- Mauro. Una noche me lo encontré, le dije que al final nunca habíamos salido y me contestó: "Como no me respondías mucho por WhatsApp pensé no te interesaba".

- ¡pff! entiendo...pero ¿qué te cuesta charlar un ratito?

- ¡no tengo ganas! Es mucho laburo neuronal. Contestar algo copado, que sea interesante, simpático, divertido, que parezca elocuente, espontáneo. ¡es agotador!

- todo se soluciona siempre co…

El colchón

Me acosté a su lado y ambos nos giramos, quedando frente a frente nos miramos en silencio como hacíamos antes. Como hicimos siempre.

- Lindo el colchón nuevo -dijo golpeando suavemente en el pequeño espacio que quedaba entre su estómago y el mío.

- viste y yo que dudaba entre resorte y espuma. Elegí bien. 

- ¿el mío qué es? 

- espuma.

- ¿y éste? 

- resorte.

- ¿te acordás de cuando llegó el mío? Estabas insoportable con que querías armarlo.

- no quería armarlo. ¡Quería probarlo!

- ¡uh sí! y yo estaba agotado. Lo había cargado desde la puerta, lo había acomodado, le había puesto las patitas.

- ¡es que era como comprarse un juguete nuevo y no querer usarlo al instante!

Hubo otro silencio y me acarició la cabeza. Pasó sus dedos por mi pelo como si su mano fuese un peine, como hizo siempre. Como hacía antes. 

- "bautizarlo" -dijo rememorando mientras me contaba las pecas con la mirada.

- ¿qué?

- que ese día me dijiste que teníamos que bautizar el colchón nuevo. 

- y sí...

- bueno, estamos a mano…

Nada que limpiar

Todo está terminado y no hay vuelta atrás. Como si tuviera que escupirme las manos, levantarme las mangas, me dispongo a empezar de nuevo. 

El trámite no es fácil, lo conozco, lo he llevado a cabo en varias ocasiones y sé perfectamente cuáles son los pasos a seguir. 

Estoy sentada en la cama y me duele el pecho. Es la angustia. Es todo eso que tuve guardado un montón de tiempo y que pese a que ya salió, que lo escupí en palabras, frases y reproches, todavía el cerebro no le avisó al resto de los órganos que no tiene más ese peso y entonces sigue doliendo. Mi cuerpo viene con delay.

Sé que si lloro todo se irá aflojando y podré empezar a limpiar los restos de otra relación que no funcionó. La lágrima que ayude a desagotar toda la angustia será el comienzo de un largo duelo que irá haciendo su propio curso. Podría hacer un playlist infinito con todas las canciones que me hacen acordar a él a la espera de una catarata salada, pero ya pasé la etapa de aferrarme a los recuerdos. Ya no quiero …

El mozo

Desde adentro de la cocina se escucha una versión a capella de un tema clásico de Ricardo Arjona. La voz estira las palabras, igual que se estira la muzzarella en el tenedor del taxista de la mesa de la ventana. Las alarga hasta lograr la entonación perfecta y, como si pareciera calculado, hace su entrada al salón justo cuando llega al estribillo. El marco de la puerta es la mitad de ancho que su torso, así que con estilo Ariel se gira justo antes de chocar y los cuatro platos que carga se acomodan junto a él como bailarinas que siguen al cantante.  

De los diez años que hace que Ariel atiende las 26 mesas de la Pizzeria Argentina todos los mediodías, solo una vez se olvidó la letra de una canción. Ese día también llevó una pizza de anchoas a una mesa de vegetarianos. Tenía 35 años y su mujer lo llamó que “se le salía la nena”, y él todavía tenía tres comandas pendientes en la cocina antes de poder dejar al dueño a cargo de las matemáticas y las fugazzetas del bodegón céntrico. La sigu…

El show de la rutina

La cotidianidad se vuelve a veces una continuidad de sucesos que se conocen de memoria, como un mismo programa de TV con años de emisión que solo varía a veces de escenarios o personajes, pero que haciendo un balance general siempre es igual.

Cada día antes de salir de mi casa intento adivinar qué capitulo de la rutina me tocará. Sé que antes de llegar a la esquina veré un grupo de chicos del secundario sentado en el suelo, delante del kiosko tomando Coca Cola, recién salidos del turno mañana. También sé que cuando termine de pasar el colegio estará la parejita de turno a los besos o peleando. Esas pequeñas opciones suelen ser la incógnita del día. 

En el bar de la otra cuadra el hombre de corbatín, a veces rojo o gris, ya está sentado contra la ventana esperando el menú ejecutivo mientras lee La Capital y come un grisin de la panera. Hoy hay pescado con polenta, por eso se está reservando el pan y mata el hambre con otra cosa.  El camillero del sanatorio se está fumando su pucho de la 1…

El oficio de ser tía

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Cuando sé es hijo único de padres hijos únicos el contacto con niños se reduce a prácticamente 0 hasta que tus amigos (los "hermanos de corazón", como se dice en el lunfardo mencho) empiezan a procrear. O al menos ese fue mi caso ya que, sumado a mi escaso contacto por parentesco, tampoco nunca me simpatizaron mucho los mocosos de menos de un metro de altura.

Es por eso que un montón de cosas sobre chicos no las aprendí hasta que mi amiga Camila fue madre hace tres años. El día que Mora nació me convertí en tía por elección y con este título vinieron aprendizajes forzosos de todo tipo. Mora ha sido mi primer experiencia y mi conejillo de indias en este oficio.
Con ella aprendí que si dejás un bebé en una cama, el pibe (que no sabe ni controlar su propia saliva) ¡de alguna forma se mueve! y se cae al piso. También aprendí, a cuesta de una camisa divina, que si no hacés que el chico eructe, éste devolverá toda la leche que está de forma misteriosa dentro del cuerpo de su madre.
M…

Diario del viajante III: Del Lower East Side a Broadway

Si me preguntaran de todos los lugares que he visitado cuál me gustó más, sin dudas respondería que los lagos de Villa La Angostura, con sus montañas y sus bosques, marcaron mi infancia. También agregaría que Tilcara dejó polvo color naranja en mis recuerdos y que el montañés pueblo de Burlington, Vermont fue mi último descubrimiento maravilloso.

En conclusión, podría decirse que pese a haber estado en las grandes ciudades que maravillan al mundo, siempre me he quedado con esos pequeños lugares que me maravillaron a mi. He tenido la suerte de recorrer las ciudades de ensueño de mucha gente, esas que todos morirían por ir y no morir de estar ahí. 

Pero hubo dos ocasiones, estando en las locaciones más famosas del planeta, donde me quedé sin respiración.

La primera vez que vi la Torre Eiffel fue a las 8.15 am del 13 de agosto de 2004 cuando el vuelo de Air France empezó a descender para aterrizar en Paris. Entre las nubes se colaban los rayos de sol y cuando se disipó un poco la niebla mat…

La filosofía de la casualidad

Aquella fría noche víspera de feriado podría haberme quedado en mi casa viendo una película pero pese a la llovizna y los amenazantes 5° decidí salir. Esa noche de mayo podría haber permanecido en el bar donde tocó la banda que fui a ver, pero con mi amiga Virginia decidimos cambiar el rumbo. Ella también podría haber decidido que se volvía con su novio pero, como pocas veces suele suceder, optó por continuar el ritual cervecero conmigo en otro lado.También podríamos haber escogido ir al bar de un amigo por Pichincha, pero quisimos ir a aquel bolichito al que no íbamos nunca. Podría haber hecho un montón cosas distintas ese 24 de mayo, pero todos los hechos se dieron para que yo acodara los brazos en una barra y esa fría noche de feriado lo conociera a Nicolás. 


Nicolás era un bohemio y filósofo urbano que no creía en las casualidades. Para él todo sucedía por un motivo y militaba en favor de su creencia siempre que tenía una oportunidad. Cada vez que recordábamos la noche que nos cono…

Diario del viajante II: El folk de Vermont

*Publicado originalmente en The Sacred Monster - 17/10/12

Para llegar a Burlington, Vermont hay que atravesar varios bosques y algunos lagos. Los carteles de “Cuidado con los renos” se ven más seguido que aquellos que indican el límite de velocidad. 55 millas son lo suficiente para ir viendo el paisaje y llegar a destino con luz de día desde cualquier punto del estado. Cuando nieva en Burlington no se puede estacionar cerca del lago porque está todo ocupado por los turistas patinadores, pero en verano solamente habitan el pueblo aquellas generaciones de inmigrantes irlandeses.

Es septiembre y pronto el frío se empezará a sentir como así las visitas de los esquiadores y el turismo de temporada. Los bosques a la entrada de este pueblo grande se tiñen de amarillo, rojo y naranja a medida que el auto avanza. Casas de madera al costado de la ruta, moteles con sus carteles titilantes y una pequeña plaza con su correspondiente iglesia blanca, son parte de la perfecta imagen de postal.

La noche …

Conversaciones breves IV: Aclimatarse

- Che pibe te veo esta noche en la clase, ¿no?

- No, hoy no voy. 

- ¿Por?

- Porque si hace demasiado frío ahora, imaginate a la noche.

- Aha...¿y?

- Y que si voy en moto me re cago de frío y si voy en bondi se me hace muy lenta la vuelta y no llego al laburo. 

- Entonces...¿no pensás ir a clases hasta septiembre, más o menos?

- No, no. Es solo hasta que haga el proceso de adaptación.

Conversaciones breves III: Pelotudos I

Facebook Chat.
02.40 hs.

- ¡Hola!

- Hola...

- ¿Qué hacés? ¿Todo bien?

- Todo tranquilo. Trabajando un poco...

- Medio tarde para trabajar, ¿no? ¡Jeje!

- Para mi es temprano aún. 

- ¡Ah! Joya. Te gusta la noche. ¡Jeje!

- ...

- Estuve leyendo tu blog. 

- ¡Gracias!

- Está muy bueno. ¡Me encantó!

- Muchas gracias.

- Es más me dieron muchas ganas de invitarte a salir, pero me inhibe un poco pensar que después puedas llegar a escribir sobre mi en el blog. 

- ¿En serio eso es lo que te frena de invitarme a salir?

- Y sí...un poco. ¡Jeje! Me da miedo pensar qué escribirías ¡Jeje!.

- De una. Tenés razón. No me invites. Siempre escribo sobre los tipos con los que salgo. 

- ¿Posta? 

- Sí. De TODOS. 

- ¡Uh! Qué intriga. ¿Y qué etiqueta me pondrías a mi?

- ¿A vos? A vos te crearía una etiqueta propia. 

- ¡Esa! Me siento especial.

- Sí, lo Zos.

Conversaciones breves II

- Te explico una cosa, amiga.

- Lo escucho, mi buen amigo.

- No es lo mismo ser el "SMS de las 4 am" que el "SMS de las 6 am"...

- ¿Ah no? ¿Por?

- Y porque si sos el #SMSDeCoger de las 4 am significa que el chabón está a punto caramelo. Y es un buen chongo. Casi educado, te diría. 

- Y el de las 6 am...

- Ese es el de desesperado. Ya no le queda nada, se tira una chance y ve qué pesca...

- Además si son las 6 am y sigue dando vueltas significa que está bastante enfiestado. Probablemente muy puesto o muy borracho. 

- Na, tampoco para tanto. ¡Está bien, boluda! ¡Recién está terminando la noche! Eso es lo que dura mas o menos la joda.

- ....

- ¿Me vas a decir que vos no aguantás hasta esa hora? 

- Eh...see...ponele...a veces...

-¡¿A veces?!

- ¡Y estoy cansada, qué querés! ¿Sabés la de veces que me sonó el teléfono tipo 7 am y tuve que fingir que recién llegaba?

- "La de veces"...

- Bueno, una o dos. 

- ¿Cómo que recién llegabas? 

- Claro, estaba en el 9no sueño y tenía una #…

Una de cal y otra de arena

El dicho dice que cuando te va bien en el amor te va mal en el juego, o a veces a la inversa. Odio el juego así que nunca pude comprobar si la frase alguna vez se confirma, pero una vez escuché una mucho más acertada y empecé a creer fielmente en ella: 
En esa película de chicas, El Diablo Viste a la Moda, la morocha protagonista ve su relación romántica desmoronarse frente a un inminente éxito laboral y no se da cuenta hasta que uno de sus compañeros le dice que cuando su vida amorosa esté totalmente destrozada, será el momento de recibir un ascenso. 


Una tarde de invierno mi celular sonó y una de las satisfacciones personales más grandes que haya tenido se confirmó del otro lado del aparato. Era un tipo que me quería en su empresa para trabajar. A mi. Para hacer eso que yo estudié, eso que sé hacer, eso que yo elegí ser en mi vida. Me lo había ganado con todos mis esfuerzos y nada más. Nadie había ayudado. Todo fue mérito mío y fue un sentimiento maravilloso. 
No había terminado de pro…

Conversaciones breves I

- ¿Y después del boliche qué hiciste? ¿Lo saludaste y te fuiste?

- No, me acompañó a mi casa y me pidió mi Facebook. 

- ¿Y se lo diste?

- No.

- ¡¿Por qué?!

- ¡Porque no lo quiero tener en Facebook! Detesto esta era digital en la que tenés que tener a todo el mundo en Facebook. ¡No lo conozco! ¿Para qué lo quiero ahí?
- Cierto que sos la más parca para aceptar gente... ¡Para chusmearle la vida, saber quién es, qué le gusta!
- ¡Pero no quiero saber todo eso porque va a dejar de interesarme! Prefiero enterarme de que le gusta Ricardo Arjona saliendo con él y en lo posible después de un buen polvo ¡no antes! Me sacaría las ganas de cogérmelo y está muy bueno...
- ¡Ay! Bueno. ¿Qué hiciste, entonces?

- Le dí mi teléfono.
- ¿Pero te lo pidió?
- No, pero se lo di igual porque le dije que no me gustaba Facebook.
- Estás todo el día en Facebook...
- ¡No es lo mismo! Además no quiero que me chateé. No quiero tener que estar viendo si me habla o no, qué me dice, tener que tener una conversación interesante to…

El compromiso del cepillo de dientes

*Como ya saben algunos, este blog a veces lleva adelante investigaciones de carácter cotidiano, intentando responderse algunos interrogantes filosóficos que surgen en el día a día. Estas preguntas aparecen tras largas reflexiones que la autora tiene tanto de forma particular como grupal en profundos debates sobre la sociología humana

En el día de hoy vengo a hablar de una duda que me viene persiguiendo hace muchos días y que - como la mayoría de las investigaciones que lleva adelante este blog - no ha tenido respuesta. 

La otra noche llevaba en el auto a mi amiga Lucila a la casa de su flamante novio. Antes de salir de su departamento, Lucila puso en una mochila su computadora ("para trabajar en lo de Lucho"), un libro ("para leer en la cama cuando él lee el suyo"), recetas de cocina ("queremos probar de hacer fetuccinis caseros"), ropa limpia ("seguro que mañana antes de salir me pego una duchita") y otros objetos varios. 
Cuando estábamos llega…

Compañeros de ruta

Dando vueltas por el ciberespacio encontré un concurso en Facebook de una gran marca de autos. Decía que si uno contaba una historia de amor a la distancia, esta marca te daba un auto para viajar a encontrarte con tu ser amado.

Pensé en participar para narrar una historia y divertirme intentando ganar. Luego vi que el relato ganador no era elegido ni por un jurado, ni por un séquito de lectores, sino que aquel - como se estila ahora en la red social - que juntara mayor cantidad de "Likes" se llevaría el premio. La modalidad del concurso me decepcionó porque no importaba cuánto esmero le pusiera yo a mi cuento, podía ganar aquel que había escrito "el amor de mi Bida" pero que había suplicado a todos sus amigos virtuales que votaran por él. A diferencia de mi que seguramente solo le habría pedido a un par de amigos reales que en vez de elegirme, simplemente me leyeran. 

Cerré la ventana donde estaba el concurso pero me quedé pensando mucho tanto en su propuesta como en…

Una de taxistas IV

- Hola, buenas noches.
- Hola piba. ¿Para dónde?
- Vamos a Zeballos y Oroño, por favor. 
- Va a llover, visteS. 
- Así parece...
- ¿Yo no te llevé para el lado de Pichincha ayer?
- Nop.
- ¿Segura?
- Sí, no tomo muchos taxis. 
- ¿Pero fuiste a Pichincha?
- No en taxi.
- ¿Fuiste?
- Si puede doble en esta porque quiero pasar por un kiosko. 
- Ok. Che y...¿por qué no tomás muchos taxis? 
- Porque no me gustan... 

En eso una moto nos pasa y cierra el paso del taxi que, además de bocina, saca la cabeza por la ventana y grita:

- ¡NEGRO DE MIERDA! ¡LA QUE TE PARIÓ!. Qué especie asquerosa que son. No saben leer, pero aprenden rapidito a usar esas motitos. Disculpá, linda. ¿Qué me decías?

- Que me encanta andar en taxi.

Lo haría todo otra vez

Fue uno de esos silencios en los cuales se podían escuchar las tres campanadas de la iglesia que estaba a cinco cuadras. Uno de esos silencios largos que en la mente, que va a mil revoluciones, solo parecen que duran unos pocos segundos. Es ese proceso acelerado en el que el cerebro intenta consolar al corazón y hacerle entender lo que está sucediendo.
Se cruzan mil pensamientos, momentos y situaciones y no importa si los recuerdos datan de años de antigüedad o meses de vigencia, la puñalada duele de la misma forma y penetra con fuerza porque es el factor sorpresa el filo del cuchillo. Los recuerdos pasan rápido y pinchan como viento de invierno a la mañana y el cerebro se detiene en detalles minúsculos que el corazón archiva entre los más preciados. Estupideces que a nadie le interesan, solo a los dos órganos vitales del ser humano: Cuando te dio la mano por primera vez, cuando se rieron juntos a carcajadas durante cuadras y cuadras, borrachos de alegría, o cuando esa mañana que tenía…