15 de octubre de 2012

La grabación

No necesito abrir esos archivos para recordar con exactitud la conversación en aquella grabación. Hasta recuerdo el momento, el lugar y la situación en la que estábamos.

Era invierno, era domingo y recién terminábamos de almorzar. Vos estabas sentado en tu butaca, en tu lugar en la mesa, con un perro echado a cada lado durmiendo la siesta que el resto de la familia ya se disponía a tomar, como correspondía después del asado que habías hecho.

Tu celular era nuevo y a duras penas sabías usarlo. Tenía un compositor de canciones que yo, inútil musical al igual que vos, había toqueteado creando una melodía desafinada. Esa que usaste como ringtone para tus mensajes de texto hasta el último día que recibiste uno, justamente de mi parte.

Me pediste que te enseñara todos los truquitos que tenía y toqueteando todo encontramos un grabador. "No lo vas a usar nunca", te dije. "Pero quiero saber  cómo funciona", respondiste curioso. Como con todo desafío que se te presentaba te dabas maña para descifrar cualquier aparato. Así me enseñaste a disfrutar resolver todo lo que me genera una mínima dificultad.

"Bueno apretás acá y empieza a grabar. ¿Ves el puntito rojo que titila? Significa que nos está grabando", te expliqué. "Aha ¿y ahora cómo lo paramos? Quiero escuchar esto", dijiste. "plin", sonó el aparatito asustando a nuestra perra Berta que se despertó, resopló, se acomodó y siguió durmiendo.

Hoy encontré esa y algunas grabaciones más que hicimos aquel día. Lo único que me queda con un rastro de tu voz. Justo hoy. ¿Qué irónico, no? Cuando hoy hace 3 años escuché tu voz por última vez.

Aunque no me animo a escucharlas, no necesito oírlas. Porque no importa, Papá, cuanto tiempo pase, cada momento junto a vos sigue estando presente en mi. Cada día, cada mes y cada año.


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