19 de febrero de 2012

Sentimiento de realidad


Este blog se ha inmerso en una nueva investigación. Cada tanto - poco frecuente en su corta vida - se dedica a problemas sociales de gran importancia (de "importancia" nos referimos de carácter importante para la autora de este bello y rosado espacio, es decir: yo). 


En el último mes comenzaron unos rumores fuertes de que papá Morrissey vendría a tocar a Argentina y con el tiempo esos rumores se fueron potenciando al punto de decir que Moz también vendría a la ciudad. (Aclaración: si para este párrafo usted no entiende de qué estamos hablando, le recomiendo que se retire del establecimiento y espere al próximo posteo porque le aseguro que lo que viene a continuación le va a interesar poco y nada). 


Finalmente me enteré vía sms por CubaCel cuando estaba allá con las patitas en las aguas cristalinas del Caribe que papa Moz estaría contando los billetitos para venir a tocar a Rosario. Recuerdo que el Campari que tenía en la mano voló por los aires y me puse a gritarle al alemán que tenía a mi lado: "MORRISSEY!! MORRRISEEEEEEEYYYY EN MI CIUDAAAAAAADDDD", mientras el hombre de bigotes blancos en pelotas (porque estábamos en la playa nudista) me miraba muy desconcertado. 


Cuando retorné a la city me enteré que la fecha ya estaba cerrada, que las anticipadas ya estaban a la venta, pero en mi cabeza no entraba semejante felicidad. Pensé, entonces, que necesitaba tener la entrada en mi mano para que la idea de Morrissey en mi mente fuera cobrando veracidad. Mientras tanto, mi mejor amiga que estaba vacacionando en Uruguay y no tenía tecnología capacitada para mandarme informes sobre sus historias hippies, encontraba métodos para preguntarme si ya le había comprado su entrada para Moz. Cada unos días encontraba un mensaje en facebook que solo decía: "Acá hay gente que ya tiene la entrada. Qué está pasando que yo no tengo la mía?". 


Entonces fui a comprar la entrada:


- Hola. Acá venden las entradas para Morrissey, ¿no?
- Sí. 
- Seguro? Morrissey. MO RRI SSEY. 
- S-Í.
- Ok...
- Me quedan 5 con promoción. Cuántas querés?
- Qué? 5? Nada más? Necesito 3 pero no tengo la plata ahora, tengo que ir a recolectarla. 
- Mirá, la boletería cierra en 5 minutos y vuelvo abrir mañana a las 9. 
- Pero...yo...mañana..trabajo a las 9 no puedo..venir...no llego...5 entradas...necesito 3...Morrissey.Morrissey.
- Bueno. Cuánto tardás en ir a buscar la plata y volver? Estás cerca?
- Sí, sí, acá nomás. 5 cuadras. 
- Dale, te banco 20 minutos. 


Divino el flaco. Salí rajando a mi casa a juntar la plata de las entradas y volver. Tenía que comprarle la entrada a mis amigas y yo recién llegaba de gastarme todos mis ahorros en ron cubano. Literalmente junté monedas y bicicleteé lo más rápido que pude de nuevo al local (de paso, les comento que hacía 38º a las 8 pm) y el muchacho me entregó las 3 entradas. La miré atenta y no, no hubo ganas de gritar, ni de saltar, ni un mínima sensación de "REALIDAD". Nada. No lo podía creer que iba a ver Morrissey. 


El tema fue cuando los carteles empezaron a aflorar en las calles, ahí el sentimiento de realidad empezó a cobrar vida. Cuando vi a un Morrissey con un gatito en la cabeza en plena calle sentí que era cierto, que papá Morrissey venía a casa. Empecé a cruzarme con otros enfermos fanáticos como yo y nos contábamos entre nosotros cómo habíamos visto los carteles:


- Yo venía en el taxi, vi uno y pegué tal grito que el taxista se asustó.
- Yo lo vi en el colectivo y no podía ponerme a gritar y me lo vengo comiendo desde entonces. 
- Cuando lo vi le pedí a un desconocido que me sacara una foto con el cartel, no entendía nada.


Como enfermitos todos contándonos las anécdotas y riéndonos histéricos de la emoción. Ahora sí sentíamos la adrenalina de la verdad pero había una molestia entre tanta alegría y acá es cuando empieza la investigación. 


Yo seguía sintiéndome insatisfecha, incrédula, reacia, desconfiada entonces empecé a averiguar si era la única que se sentía así. 
Después de charlar con varios fanáticos llegamos todos a la conclusión de que son pequeñas cuotas de alegría que no serán felicidad completa hasta no estar ahí y ver a Morrissey salir al escenario. No importa que estén los carteles, que el salón esté reservado y que tengamos las entradas en la mano, nosotros seguiremos creyendo que esto es el cuento del tío y que el día del recital cuando estemos todos ahí con nuestras remeritas de The Smiths y los lentecitos hipster, va a salir Joison al escenario y después de una carcajada que será eterna, nos va a señalar con el dedo y mientras saca billetes de 100 dolares de los bolsillos y los agita eufórico, una escalera va a caer del techo del Salón Metropolitano, éste se va abrir y Joison se va a subir a un helicóptero al grito de "EN SERIO CREYERON QUE MORRISSEY VENDRÍA ACÁ? JAJAJAJA" y con una risa maligna desaparecerá de nuestras vistas y en el escenario quedará solo un radiograbador que se prenderá automáticamente empezando a reproducir "Morrissey" de Leo García mientras todos nosotros aún boquiabiertos empezamos a largar gruesas lágrimas de nuestros ojos. 


Todo lo anterior no es solo producto de mi imaginación. Esta pesadilla recién narrada es un recopilado de varias ideas que otros fanáticos tienen en su mente de lo que va a suceder. Algunos agregaron que pondrían un Morrissey falso con peluca de jopo, pero nos pareció demasiado y formulamos la idea anterior como el posible desenlace de esta triste historia. 


Quedan 13 días de angustia. Después de eso veremos si la pesadilla se hará realidad o la felicidad reinará en la historia.



foto: Ana Thompson. 


1 comentario:

The Sacred Monster dijo...

Me gustó esa advertencia de "retírese del establecimiento".... Voy a tomarla prestada para la primer oportunidad que se aparezca (obvio, con el permiso de su copyright!)
;-)