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Mostrando entradas de febrero, 2012

El saquito de hilo blanco

Pepa tiene un hermoso saquito de hilo blanco con florcitas de colores. Lo usa seguido con un capri blanco y una remera al tono de alguna de las flores de su abrigo. Pepa es una amiga de Mamá que ha compartido con nosotros muchos buenos y malos momentos. La veo seguido a Pepa, y cada vez que usa ese suéter sólo me puedo acordar de una cosa. Hace unos años Pepa me llamó un mediodía y trató de decirme algo que yo no quise escuchar. La interrumpí y hablé yo, como hago siempre. Me las rebusqué para hacerle creer que ya sabía de qué hablaba y que por lo tanto no debía decirme nada. Me dijo que me pasaba a buscar por dónde yo estaba, que no me moviera y que me quedara tranquila.  No sabía porqué me decía que me quedara tranquila. El día estaba lindo, yo iba camino al super a comprar comida porque estaba sola por unos días. Papá y Mamá estaban de viaje y yo había aprobado una materia de la facultad. Hacía un ratito Mama me había llamado para contarme que Papa se había vuelto de la playa por

Sentimiento de realidad

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Este blog se ha inmerso en una nueva investigación. Cada tanto - poco frecuente en su corta vida - se dedica a problemas sociales de gran importancia (de "importancia" nos referimos de carácter importante para la autora de este bello y rosado espacio, es decir: yo).  En el último mes comenzaron unos rumores fuertes de que papá Morrissey vendría a tocar a Argentina y con el tiempo esos rumores se fueron potenciando al punto de decir que Moz también vendría a la ciudad. (Aclaración: si para este párrafo usted no entiende de qué estamos hablando, le recomiendo que se retire del establecimiento y espere al próximo posteo porque le aseguro que lo que viene a continuación le va a interesar poco y nada).  Finalmente me enteré vía sms por CubaCel cuando estaba allá con las patitas en las aguas cristalinas del Caribe que papa Moz estaría contando los billetitos para venir a tocar a Rosario. Recuerdo que el Campari que tenía en la mano voló por los aires y me puse a gritarle al

Diario del viajante 1: Habanos en La Habana.

Venía recorriendo Cuba desde hacía 12 días.Pasé por las blancas playas del Cayo Santa María, arrasé con los daikiris tumbada en una reposera chupando sol y mirando pecesitos azules nadar entre mis pies en las transparentes aguas del Océano Atlántico. También tuve mis días de actividad en Varadero andando en bicicleta por la playa y abarcando las calles de un pueblo con cuatro o cinco pedaleadas. Antes de volver solo me quedaba por ver la verdadera Cuba, la Cuba de 3 millones de habitantes de la ciudad de La Habana. El último día, como cada día en esa ciudad, me dediqué a perderme en las estrechas calles de adoquines de La Habana Vieja. Edificios de dos o tres pisos con paredes pintadas de muchos colores y balcones que parecían ventanas con dos baldosas.  Faltaban unos minutos para las 5 y los negocios empezarían a cerrar. Antes de abandonar mi nuevo barrio preferido quería pasar por una perfumería artesanal a probarme algunos aromas. También tenía que pasar a tomarme una chocolata