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Mostrando entradas de 2012

Una vida junto a la cama

La primer materia que me llevé a rendir en mi vida fue Gimnasia...en sexto grado. Sí, en la primaria. Ahí empezó un camino de materias acumuladas que no tuvo fin hasta 5to año del secundario, primer año de mi historia escolar en el que terminé el cursado en noviembre. En palabras de mi madre, que yo no me llevara una materia en el último año de secundaria, solo reflejaba lo mal que estaba la educación. Ella siempre demostrando tanta fe en mi.
Ese verano, el único que tuve completo, fue como tener todos los veranos juntos que no había disfrutado por estar estudiando Francés, Matemática y Biología a la vez. Arrancó en noviembre y siguió hasta abril cuando empecé la facultad.
Noviembre y diciembre fueron divertidos. El planear la graduación, comer lechuga entre dos galletitas de agua para entrar en el vestido, chupar todos los rayos UV que había dando vueltas para volverse negrita, conseguirse un novio para besuquearse en el vals, eran mis mayores preocupaciones. Para cuando pasaron las f…

El final de Mariana

Para seguir el hilo de esta historia, es necesario leer previamente:

- La del sapo en la barriga I
- La del sapo en la barriga II
- La del sapo en la barriga III


Aún hoy, después de un año del suceso, me acuerdo de lo que pasó y se me revuelven las tripas. Es por eso y porque quise que hubiera pasado suficiente tiempo antes de someternos a todos a esto otra vez, que no escribí sobre ella antes. 

Ansiaba mi último trabajo con Mariana porque sería el comienzo del final, no tendría que volver a verla a ella, ni a su pelo sin gracia, ni a sus pantuflas de conejito. Por otra parte me dolía que el trabajo que tanto había disfrutado hacer llegara a su fin, pero lamentablemente toda esa experiencia laboral se había visto opacada por su presencia y ahora el recuerdo de esa época está manchado con una imagen mental de Mariana mirando al vacío con la boca abierta.

Nuestra última labor periodística juntas nos llevo a un barrio obrero en los confines de la ciudad. Nuestra misión era entrevistar a unas m…

La verdad de la milanesa

Hoy me topé con un texto que un hombre enamorado recomendaba escrito por su novia. Rodeado de corazones compartía este artículo llenándolo de halagos. Un tipo inteligente, culto, ¿recomendando semejante pedorrada? Me dejó pensando: ¿En qué punto el amor empieza a obstruir la capacidad de ver de forma objetiva la creatividad de una pareja?
Aún no obtuve una respuesta así que voy a usar esto como un ayuda memoria para ver si puedo aclarar un poco mis ideas. Desde luego el que quiera aportar  con algún dato esclarecedor, será bienvenido.

Cabe destacar que no hago esto desde el despecho amoroso donde, sumida en la bronca de la soltería y el abandono, me inmerso en una navegación por la web comiendo chocolate y rebuscando entre las huellas digitales de mi ex para mirar con enfado todas sus actividades, mientras le grito al monitor (dejando partículas de comida en la pantalla) que mi último novio es un papanatas, inútil, que lo que hace (sea lo que fuere) en realidad es una mierda y que lo od…

La grabación

No necesito abrir esos archivos para recordar con exactitud la conversación en aquella grabación. Hasta recuerdo el momento, el lugar y la situación en la que estábamos.

Era invierno, era domingo y recién terminábamos de almorzar. Vos estabas sentado en tu butaca, en tu lugar en la mesa, con un perro echado a cada lado durmiendo la siesta que el resto de la familia ya se disponía a tomar, como correspondía después del asado que habías hecho.

Tu celular era nuevo y a duras penas sabías usarlo. Tenía un compositor de canciones que yo, inútil musical al igual que vos, había toqueteado creando una melodía desafinada. Esa que usaste como ringtone para tus mensajes de texto hasta el último día que recibiste uno, justamente de mi parte.

Me pediste que te enseñara todos los truquitos que tenía y toqueteando todo encontramos un grabador. "No lo vas a usar nunca", te dije. "Pero quiero saber  cómo funciona", respondiste curioso. Como con todo desafío que se te presentaba te dab…

Una de taxistas III

- Buenas noches. Al Willie Dixon, por favor. ¿Sabe dónde queda?

- Claro, chiquita. ¿Tan viejo te pensás que soy?

- No me refería a eso, pero listo entonces.

- Suipacha y… ¿?

- Pff…Güemes… - respondí ya con ganas de bajarme.


Arrancamos y a las pocas cuadras un ringtone polifónico sonó brevemente. El taxista de escasos pelos canosos y con barriga que tocaba el volante con dificultad se levantó del asiento colgándose del manubrio e inclinando levemente el auto contra el cordón derecho y sacó con dificultad el celular de su trasero. Yo ya quería tirarme del auto.


- Pfff! ¡Las cosas que me dice esta pendeja! Es mi novia la que me escribe, sabé’.

- Ah…

- Tiene 22 años y unas piernas, ¡Qué piernas que tiene esa nena!

- Hmm…

- Mirá, mirá esas piernas – agregó el tachero estirando su mano y dándome su celular Samsung azul con tapita. 


De fondo, efectivamente, había una fotografía en la que se veían un par de piernas largas que terminaban en una minifalda a rayas color mostaza, gris y negra. No había tors…

Una de taxistas II

- Hola, siga por acá bordeando el río hasta el Parque Urquiza que llegando le indico dónde, por favor.
- Dale, buenísimo

A los pocos metros de arrancar el viaje un semáforo nos frenó delante del Parque España y entre los árboles una gran luna llena se vislumbraba sobre el río. 

- ‘Ta grande la luna hoy, eh. 
- Sí, hacía mucho que no había luna llena. 
- La última fue el 31 de julio.
- Ah.
- Yo sé bien porque las voy contando. 
- Ah.
- Y no es casualidad que me hayas enganchado por esta zona. Siempre elijo buscar viajes por la costa así puedo ir controlando la luna y el río.
- Ah…
- Así busco movimientos en el cielo. 
- ¿Qué cosa?
- Movimientos poco comunes. ¿Nunca estuviste mirando el cielo sobre el río y notaste “cosas extrañas”? 
- No…bah…una vez vi una lluvia de meteoritos, o estrellas fugaces. 
- ¡Estrellas fugaces! ¡JAJA! Casi siempre son objetos voladores no identificados que parecen estrellas porque viajan a tal velocidad que se confunden con facilidad al ojo humano. Además cuando la gente co…

El regreso

Han pasado casi dos meses desde la última vez que actualicé Las Pequeñas Cosas con una promesa – ahora – incumplida. Imagino que del otro lado de la pantalla hay más de una cara ofendida con toda razón y por eso hago un paréntesis en la rutina de publicación para ponerlos un poco al día de lo que pasó de este lado del monitor. Podría hacerme la boluda y publicar los textos que votaron y se ganaron merecidamente, pero como este vínculo funciona conmigo contándoles un poco de todo, mejor que deje de perder líneas y los ponga al día.

El cumpleaños de mi blog pasó casi el soplido de un viento. Lo sentí de golpe, me puso la piel de gallina, pero cuando quise acordarme de lo que era ya se había ido. Ni tiempo tuve de festejarlo acá publicando los textos de regalo, ni de acordarme de comprar un cupcake, ponerle una velita y comérmelo sin convidarle a nadie.

Muchas cosas pasaron en los últimos dos meses que me alejaron, con un gran pesar, de este rosado espacio. Un trabajo nuevo que me llen…

Cuatro años, una encuesta y muchas historias más.

La cosa es así:El 24 de agosto el blog cumple 4 años de vida y a diferencia de sus primeros 3, creo que esta vez amerita un festejo. 
Hace un tiempo que vengo pensando de qué forma un blog puede festejar su cumpleaños, en especial cuando es el blog el que está pensando en hacer el regalo. 

Y este blog considera que es él el que tiene que regalar algo porque son ustedes, los lectores pacientes, que le han regalado a este blog y a su autora muchas alegrías durante tanto tiempo.
En serio, lo han hecho. ¡No sean modestos! saben que escribir para ustedes es un placer, como lo es leer sus comentarios y sus tímidos "me gusta" en el agite (espero que no "spam") en Facebook. 

Es por las 32.000 visitas que este blog les está agradecido y quiere hacerles un obsequio, es por las 2700 que se dieron en el último mes y es por los 321 (hasta ahora) "Me gusta" en la página oficial (?) del blog en la red social. 


Escribir en estos cuatro años ha sido una hermosa experiencia que…

El ideal de regalo

Este sábado Mora, la hija de mi amiga Camila y la primer bebé del grupo, cumple 2 años y hoy las tías adoptivas fuimos en busca del regalo perfecto. 


Luego de días organizándonos, llegamos a la conclusión de que como queremos mantenernos en el podio de las tías preferidas de la bebé, el regalo (sin importar lo que fuera) debía venir en una caja gigante, con papel llamativo y moños de colores. 


Antes de ir al centro escarbé un poco en mis recuerdos de la infancia y pensé qué era lo que siempre había querido de niña y nunca me habían comprado. Nunca sabré si fue falta de espacio o que yo, como muchas veces, me olvidé de mencionar que quería eso. 


Durante varios años en mi infancia, en los inviernos, viajábamos con mis padres a Ushuaia a visitar a los amigos que habían hecho en los años que vivieron allá. Los días se iban haciendo culipatín, paseando en trineo tirado por los perros de un amigo de mi padre Julio y tomando chocolate caliente en la casita de la montaña del algún peludo delante…

Laura no es una pUnk

Fue difícil que se hicieran amigas. Olga usaba los pantalones cuadriculados, las Converse escritas con frases casi suicidas de Nirvana y sus aritos eran alfileres de gancho. Laura, por su parte, se compraba pantalones oxford y en su casa tenía la discografía original de Andrés Calamaro y Bersuit. 
En las clases Olga gritaba canciones de Eskorbuto y Laura tarareaba en bajito algún tema de Vox Dei. Una sentada al lado mío miraba a la otra con cara de susto que mascaba chicle y se pintaba las uñas de negro un banco atrás. Era imposible que los polos opuestos del mundo adolescente pudieran congeniar y sacar de ahí una buena relación.
Nunca sabré si por hartazgo o por alguna arma seductora de Olga, Laura terminó acercándose de a poco a ella y a adoptar algunas de sus costumbres. Años más tarde Laura ya cantaba Flema por los pasillos de la escuela llevando, debajo del guardapolvo y bien cerca del corazón rockanrolero, una remera de No Te Va a Gustar. 
Laura tuvo la mala suerte de enamorarse ta…

La importancia de llamarse Paco

- Qué hiciste anoche?
- Salí con Pablo.
- Con quién?
- Con Pablo!
- Qué Pablo?
- PABLO!
- AHH! Paco!
- Seh...


Suelo ser muy prolija con los apodos, casi obsesiva. Bueno, en realidad soy muy obsesiva con casi todo pero a los nombres le dedico especial atención. Sobre todo porque vivo en un mundo donde todos se llaman igual. Si tengo varias amigas llamadas "Lucía", una es "Lu", la otra "Luli", la otra "Lula" y así hasta cubrir las opciones. Me suele pasar que conozco gente que ya viene de por sí con apodo y yo sigo la corriente que comenzó otro. Eso mismo me pasó con Pablo, bueno Paco. Lo conocí como Paco y todo el mundo lo llama de esa forma: "Mis amigos me bautizaron así y es una cuestión de afecto con ellos por el cual lo mantengo", me explicó una vez. Maldito tierno.


Pero a mi no me jodan, Paco es el apodo de Francisco, no de Pablo. Y además a me parece muy lindo nombre Pablo. Así, a secas. 


Desde hace ya un tiempo que tengo este problema. Yo …

La ventana indiscreta

Todavía soñaba cuando empecé a escuchar un clarinete. No estaba segura si la melodía venía de mi cabeza o si, efectivamente, afuera había un clarinete sonando. En mi sueño estaba en una feria de libros, en una plaza, con unos compañeros de la facultad. Lo que sucedía fuera de eso me tenía sin cuidado. Me había despertado un rato antes y, también entre sueños de librerías, escuché el sonido de la lluvia golpear contra mi ventana. 

Entonces la realidad me indicaba que hacía frío, llovía, por el silencio era domingo y la frazada - porque no estaba respirando - me tapaba hasta la nariz. El resto lo debía haber soñado, inclusive lo del clarinete. Si embargo, la música se fue haciendo cada vez más concreta hasta que...
- Vos escuchás esa música o yo ya estoy definitivamente loco? - la voz de Pablo terminó de traerme a la realidad.

- Sí, pero no logro dilucidar si la están tocando en vivo o está grabado - le respondí mientras tanteaba ciegamente los lentes para ponérmelos. 
Me incorporé y miré p…

Olor a madera

Hoy entré a mi casa y había olor a madera. Mi olor preferido en todo el mundo. El mismo olor que aún tienen los cajones de la cómoda que hizo mi viejo y donde él guardaba su ropa con olor a aserrín. 


En invierno siempre volvía de la carpintería con aroma a troncos frescos impregnado en su piel y pedacitos de viruta arremolinados en su pullover. Era su olor permanente y no se le iba ni cuando se echaba litros de perfume para ir a cenar. Él después de tantos años respirándolo ya ni se lo sentía, nosotras ansiábamos sentir ese perfume a carpintería para cerciorarnos que ya estaba ahí, con su olor y sus silbidos, con sus cantos en la cocina y su bullicio de felicidad. 


Pero pese a ser uno de los olores que más disfruté en la vida, cuando no hubo más vida no quise volver a olerlo. El recuerdo es muy fuerte y el dolor es muy grande. No importa cuánto me guste el olor a madera recién cortada, a viruta arremolinada en un pullover, si no viene con papá que no venga. 


Han pasado ya dos años y medi…

La jirafa de la bolsa

- ¡Facundo, vení a darle un beso a la nona!

Facundo se hace el boludo y corre alrededor del salón con una cuchara en la mano que acaba de sacar de otra mesa. Es un avión cuando lo hace volar entre los tablones de madera y es un tren cuando está apoyado sobre los manteles color manteca. El pequeño rubio no llega ni al metro de altura y lo disfrazaron de persona grande: tiene una camisa a cuadritos y un pulovercito escote en V con un pantalón de corderoy que ya está sucio en las rodillas. 

- ¡Facundo! ¡te dije que vengas a darle un beso a la abuela Lili!

Facundo deja de hacer pantomima y se acerca a darle un beso al aire a la abuelita cumpleañera que le sonríe agradecida. Intenta abrazarlo y el pequeño se le escapa entre los brazos para seguir corriendo por el restaurant con la cuchara multifacética.

Lo peor que le puede pasar a un niño es asistir a una reunión llena de envoltorios de regalos, moños, cajas, paquetes y bolsas y que ninguna sea para él. Lo que puede llegar a ser aún más horri…

Una de taxistas I

- No vas a bailar hoy?

- Disculpe?

- Que si no salís hoy...a bailar o algo. 

- No...

- Por qué?

- Porque es jueves...

- Pero ya llevé varios chicos que salían. Sos la primera que se vuelve. Tu novio no quería salir?

- No es mi novio...y no suelo salir los jueves. Trabajo mañana y esas cosas. Los adolescentes y universitarios al pedo salen los jueves. 

- Entiendo, además hace frío. 

- Aha. Si agarra por ésta acá me deja justo en la puerta.

- El frío te saca las ganas de salir? 

- Depende, pero igual siempre prefiero salir en invierno que en verano.

- Y vas a bailar?

- No, no bailo.

- Todos bailan. 

- Yo no. 

- Sos de planes más tranquilos?

- Mse...

- Preferís ir al cine con tu novio?

- No tengo novio. 

- Bueno, ese chico que te puso en el taxi te lleva al cine?

- No. 

- Y no bailas por qué motivo?

- No sé, qué se yo...no sé bailar...!

- Yo bailaba re bien. Ahora me ves así todo gordo, pero antes cuando tenía tu edad...bah, qué edad tenés vos?

- ...

- Bueno, sí, por ahí, a los 18 jugaba al rugby en mi pueblo, es…

El Idiota

Hacía 10 minutos que lo conocía. "Que lo conocía", bah! Hacía 10 minutos que él se había presentado de forma pedante y egocéntrica, fanfarroneando qué había escrito y dónde lo había publicado frente a los compañeros.

Como es costumbre en mi, lo odié desde ese momento. Pero lo odié más cuando me tocó a mi presentarme frente al curso. Hacía 300 km semanales (sin contar la vuelta) para cursar algo que ni siquiera estaba segura si me iba a servir y con todo el pesar mental que eso involucraba, encima tuve que escuchar al pelotudo éste que con una sola frase me refrescó un pensamiento que se repetía en mi mente a medida que miraba pasar los árboles en la ruta camino al curso:


- Ah, pero vos estás re loca - me dijo. 


El único que sabía hasta ese momento que yo hacía "la locura" de viajar una vez por semana para cursar por 2 horas, era mi profesor y una compañera que habían oficiado de conspiradores para que yo pudiera estar ahí. 


- Me llamó Gala - empecé - y soy de Rosario..…