3 de octubre de 2011

La del sapo en la barriga II

Para comprender esta historia se recomienda (para no decir: se requiere) leer previamente este posteo


Ahora sí, continuemos. 


En los últimos meses que he trabajado con Mariana aprendí lo valioso que es poder intercambiar interminables cadenas de emails sin tener que verle la cara. 
Cada vez que tengo que verla trago saliva, respiro hondo, pienso en el mar, las palmeras y una canción de Wilco que me calme mientras me repito mentalmente "Son solo un par números más...solo unas revistas bimestrales más..." 


Llegué a la conclusión de que tiene una cara de pelotuda importante. Que siempre que le hablo se me queda mirando como si no entendiera nada, con la boca entre abierta y respirando con mucho ruido aunque no esté resfriada. Capaz que respira normal, pero para mi, hasta su respiración es un fastidio. 


Pero todo esto no es un mero capricho o mi personalidad antipática, todo esto lo hizo ella solita. Y si todavía no los convenzo, acá más evidencias de ello: 


Mariana tiene una hermana que vive a pocas cuadras de su casa. Cuando vinieron a vivir a Rosario para estudiar el abuelo les regaló un perro salchicha llamado Freddy. A los pocos años Ariana, la hermana de Mariana, se fue a vivir con su pareja y el perro Freddy se fue con ella. Desde entonces Ariana y Mariana (sí, todo con "ana") comparten la tenencia del perro. Como si fuera un ping pong, el salchicha marrón va y viene de una casa a otra todos los domingos. 


Las veces que fui a trabajar a lo de Mariana, Freddy no estaba allí. Fue lo único que lamenté ya que me encantan los perros y todas las fotos que había del pichicho me tentaban conocerlo. Hace algunos encuentros, obviamente ninguno con comida, Freddy estuvo presente en la casa de Marianita. Otra vez estuve toda la mañana allí diagramando una revista, editando artículos y acomodando fotos. Toda la mañana el perro estuvo acostado arriba de la mesa babeándose sobre el cuaderno de notas de Lautaro. 


Lautaro se distingue por ser un muchacho que no presta mucha atención. Más de una vez vino a los encuentros con medias de distinto color y una vez se confundió a su novia con una vecina y casi le encaja un beso. A Lautaro no le molestó que Freddy le babeara los apuntes. A mi, si no fuera porque hasta la cara de idiota de Mariana me molesta, creo que tampoco me habría afectado, pero Freddy era el salchicha gordo de Mariana y por asociación, el perro ahora también me parecía detestable. 


Freddy tiene el doble de tamaño de un salchicha común y la mesa de Mariana ya es demasiado chica para 5 personas creando una revista, encima con un perro arriba. En ningún momento del encuentro a Mariana se le ocurrió bajarlo de ahí. No solo eso, sino que además lo dejaba que le lamiera la cara cada vez que ella se inclinaba sobre la mesa a tomar notas en un papel. Entre mi bronca, el poco espacio para trabajar y un perro gordo arriba del lugar de trabajo, mi odio se fue incrementando aún más. 




Hoy la reunión fue en mi casa. Pablo trajo las facturas de la panadería Manhattan y, pese a que Gero, Lautaro y yo insistimos hasta el cansancio, Pablo no nos dejó aportarle dinero por los gastos. Mariana? No, ella estaba muy ocupada mandando mensajitos de texto cuando nosotros intentábamos contribuir a la economía de nuestro compañero. Durante la jornada Mariana no comió facturas, nadie le preguntó si era porque no le gustaban o si porque quería seguir conservando su figura para entrar en su pijama de ositos. A mi me importó muy poco, ya que no va aportar nada a la causa, mejor que no coma. 


Ni siquiera me molesté cuando Mariana se levantó de la mesa, se fue hasta el perchero, sacó de su mochila una bolsa de supermercado, volvió, se sentó, abrió la bolsa en su falda, sacó un paquete de galletitas Frutigram de chocolate y comenzó a comer. Tuvo el paquetito toda la mañana entre sus piernas e iba sacando una a una las galletitas sin decir nada. Sacaba una, la comía arriba de la mesa y soplaba las migas. Una tras otra. Cuando no quiso comer más, dobló cuidadosamente el paquete, lo guardó en la bolsita de plástico de La Gallega, se levantó y lo volvió a meter en su bolso. 


Pero no, este no fue el problema principal. Les recuerdo que vengo tratando con ella hace meses y estas conductas ya no me sorprenden....tanto. La novedad, en esta oportunidad, fue que hasta se tomó el atrevimiento de ponerse un paquete de galletas entre los muslos con tal de no ofrecer.  


El problema de esta reunión fue otro. Sucedió cuando mi gata, atraída por el ruido del paquete de galletitas y las miguitas regadas sobre la mesa, se acercó cautelosa como tigre de bengala y fue asomando el hocico para ver si agarraba algo. Durante todo el tiempo que Mariana comió SUS galletitas, mi gata Amanda estuvo arriba de la mesa intentando que la hijaderemilputaamarretademierda (no, no, yo no estaba enojada...todavía) le diera UNA miga de galletita. Yo, comprendiendo que mi animalito podía estar causando molestia, la bajé 1, 2, 50 veces, pero el gato siempre volvía. 


Andá a explicar a un gatito que en frente de ella está la persona más rata del mundo. Andá a explicarle a un gatito que no se tiene que subir a una mesa. Andá!


"Perdón Mari, pero le encantan las cosas dulces", le expliqué la obviedad a la idiota. "Si le pones un pedacito en el suelo, se lo come y se va", agregué a ver si al menos le podía convidar a mi mascota. Me miró con un pedazo de galleta en la boca, miró a Amanda, comió el pedazo de galletita y siguió anotando lo que Gero le dictaba. 


Amanda, que creo que si hubiera podido hablar también habría expresado su odio, me hizo una mirada cómplice y se quedó sentada delante de mi compañera esperando un milagro. Mariana, agarró un lápiz y la empujó suavemente. 


- Te molesta mucho? - pregunté yo con falsa cara de culpa.


- Sí, no me gustan nada los gatos...y menos arriba de la mesa - contestó.


BINGO! (Oh idiota, pisaste mi palito).  


- ¿Ah no? ¡Qué casualidad! A mi no me gustan los perros arriba de la mesa...Lauti, ¿me das otra facturita?.


Y el gato, siguió arriba de la mesa. 

8 comentarios:

Virginia dijo...

Hiciste que la odie... cosa que, dicho sea de paso, es difícil en mí.
Pero también hiciste que me convierta en una de tus lectores. Hiciste gracioso algo irritante, aunque entiendo que no deja de serlo.
Yo tampoco soy buena anfitriona. A veces tengo intención de serlo, pero no me sale. Mi casa es mi casa, se maneja todo a mi manera y encima todos se tienen que comportar.
Pero esta mujer no tiene perdón.
La venganza es aceptable en este caso. Tu gato puede ser quien te ayude a vengarte.

Mica dijo...

uuuuuuuuhhh, te dijo algo? ya nos tenes a todos odiandola!

Matías dijo...

Sigo sin entender, ¿esta mina no lee tu blog? ¿O no tiene forma de llegar a él?
Por otra parte me encanta cuando le atribuís a Amanda capacidades imposibles para un gato como por ejemplo contarte cómo estuvo su día (?) o lanzarte miradas cómplices.
Quiérote :)

Irenita dijo...

Me hiciste reir, con ruido y todo. La mina es una tarada, y Amanda es lo más!

Ahora... no le podemos echar toda la culpa a la mina. Tené en cuenta que sus padres le pusieron a sus hijas Ariana y Mariana. MARIANA Y ARIANA (tengo que decirlo muchas veces para poder creerlo)

Gabriel dijo...

Disculpame ¿la pendeja es ralmente así de irritante o vos sos fácil de agitar? porque con lo que contás me provocan unas ganas increíbles de meterle un saque en la cabeza mientras la puteo.

Caam. dijo...

Es odiosa esa mina, demasiado.
Igual creo que tenes que ir por mas, por todos estos meses que te hizo pasar.
(Regalale un gato)

Margui dijo...

Me dieron ganas de pegarle una piña a Mariana.

matilde . dijo...

ya había leído otro texto sobre esta tal Mariana escrito por vos.
ahora bien... QUÉ TARADA ES ESTA MINA !!!!

tengo 3 perros salchichas, pero aguante Amanda, y marianita, intoxicate con tus galletitas!!