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Mostrando entradas de octubre, 2011

La del sapo en la barriga III

para entender de qué estamos hablando se recomienda empezar por acá y seguir por aquí


"Miércoles 19 de octubre: Reunión editor 20 hs."


Tengo esa anotación en mi agenda hace aproximadamente 3 meses. La reunión con el editor de nuestra revista estaba pautada hacía mucho para esa fecha y, como el tipo venía de Capital, nos prometimos con el equipo que no íbamos a faltar ni aunque nuestra madre se estuviera muriendo atragantada con un grisín, como para dar un ejemplo exagerado. Ustedes entienden a que me refiero. Necesitábamos con urgencia esa cita para coordinar detalles de los próximos números y, por sobretodo, saber si estábamos bien orientados y qué correcciones había que hacerle a nuestro trabajo. Además cada uno debía explicar en qué etapa del laburo andaba y aprovechar los consejos del editor para mejorar las cosas. O sea, todo nuestro esfuerzo de meses dependía de ese encuentro. Yo no iba a permitir que el desafío a mi tolerancia con Mariana se tirara por la borda faltan…

Nueva sección, vida nueva

Es domingo y es temprano para mi. Son como las 12 del mediodía y esto está siendo escrito desde mi cama adoptiva, en mi ciudad adoptiva de los últimos 3 meses, Buenos Aires. 


Me desperté recordando que en estos viajes, yendo y viniendo, estando acá y un poco allá, me he dedicado a escribir mucho sobre un tema que en este blog no estuvo presente nunca y ocupa una parte muy importante de mi persona.


Soy creyente militante de la música. Soy la clase de gente que siente mucha lástima por aquellos que no escuchan música. Para mi son seres muy infelices. A lo mejor no, y me alegro (mentira), pero yo nunca voy a entender a la gente que puede pasar sus días sin escuchar un buen disco, caminar reflexionando por la calle con sus pensamientos y un amigo sonando en los oídos.

Porque sí. La música es un amigo y de los más especiales. Es fiel y siempre tiene las palabras justas, las que uno necesita, tiene las claves para la felicidad y los acordes para la tristeza. La música es la que más te entiende…

La del sapo en la barriga II

Para comprender esta historia se recomienda (para no decir: se requiere) leer previamente este posteo


Ahora sí, continuemos. 


En los últimos meses que he trabajado con Mariana aprendí lo valioso que es poder intercambiar interminables cadenas de emails sin tener que verle la cara. 
Cada vez que tengo que verla trago saliva, respiro hondo, pienso en el mar, las palmeras y una canción de Wilco que me calme mientras me repito mentalmente "Son solo un par números más...solo unas revistas bimestrales más..." 


Llegué a la conclusión de que tiene una cara de pelotuda importante. Que siempre que le hablo se me queda mirando como si no entendiera nada, con la boca entre abierta y respirando con mucho ruido aunque no esté resfriada. Capaz que respira normal, pero para mi, hasta su respiración es un fastidio. 


Pero todo esto no es un mero capricho o mi personalidad antipática, todo esto lo hizo ella solita. Y si todavía no los convenzo, acá más evidencias de ello: 


Mariana tiene una herman…