6 de septiembre de 2011

Alai

Hace 3 años prendí la tv y vi esta publicidad.

Después de ver la propaganda algunas veces el tema ya se me había pegado, pero sólo sabía un escaso fragmento de 60 segundos. La banda que cantaba ese tema había ganado dicho certamen y el spot tenía como finalidad contar el resultado. Entre las imágenes se veía a una chica con el pelo atado en dos colitas que tocaba la batería y cantaba con muchas fuerzas, pero datos sobre la canción, ninguno.


Busqué hasta el cansancio en internet sin resultados. En la web del concurso estaba la misma publicidad, decía el nombre de la banda, pero la canción entera, en ninguna parte. 


Hace 3 años viajé, como casi siempre hago, a algún show en Buenos Aires. En uno de los recitales que fui a ver ese 2008 me perdí de mi grupo de amigos y vi la banda sola. Cerca mío había un muchacho que no cabeceaba buscando sus amistades entre un millón de puntitos en un estadio, él había ido solo. Nos pusimos a charlar y nos pasamos un mail de contacto para volver a poguear juntos cuando diera la ocasión. 


Diego y yo nos hicimos muy cyber amigos. Chateábamos seguido y nos pasábamos grupos. Para mi él era un amigo más en mi lista del msn, una ventanita naranja titilamente entre muchas. Me caía bien, me divertía, pero siempre tuve presente que era la emoción pasajera de un nuevo amigo y que con el tiempo dejaríamos de estar en contacto.


"En qué andás, pendeja", me dijo una tarde de noviembre. Le conté que estaba como loca buscando aquella canción con tanta fuerza, con esa energía, y que lo único que tenía registrado eran trompetas y unas palabras sueltas: "calor, sabor, olor". Le dije que los únicos datos que había logrado juntar eran los de la propaganda que MTV repetía 20 veces al día. Le dije que, con muchísimo esfuerzo, me había puesto en contacto con la dulce voz que cantaba, también llamada Mumi, y que ella me había dicho que lo que yo escuchaba en la propaganda era una pre mezcla de la canción final que saldría en el disco. Pero el álbum aún no estaba terminado porque era el premio de dicho certamen.


"Vas a tener que esperar a que salga el disco, amiga", me había escrito Mumi en un mensaje privado de YouTube luego de contactarla por medio de un usuario llamado "zapallorevuelto" que había comentado en el video de la publicidad, respondiendo a otro fanático desesperado. 


Diego no dijo nada por un rato. Escribía y borraba frases. Después de minutos eternos puso: "Mumi es mi hermana". 


No podía ser. En esa puta ciudad llamada Buenos Aires había más de 4 millones de habitantes, no existía la posibilidad de que YO me hubiera hecho JUSTO amiga del HERMANO de la mina que me tenía cantando su canción hacía semanas. Era imposible que la canción que, al día de hoy me pone la piel de gallina cuando la escucho, hubiera sido hecha por la hermana de un loco que conocí pidiéndole que me sostuviera mientras me ataba las convers en el medio de un tema quilombero en un recital de Millencolin. 


"Andá a cagar, boludo. En serio te digo, me encanta el tema, sino me vas ayudar al menos no me hagas jodas". Diego se destacaba por hacerme esos chistes y yo me destacaba por comerme todas sus giladas. Además siempre he sido una persona muy escéptica con el tema de las coincidencias y a mi nadie iba a hacerme cambiar de idea. Esas cosas no suceden, las casualidades no existen, el azar de la vida conmigo no iba a poder, no me iba a conquistar.


Finalmente Diego empezó a contarme el desarrollo de todo el concurso, del sufrimiento de las etapas y de la alegría hasta las lágrimas cuando el grupo de su hermana se convirtió en ganador. Yo, aún desconfiada, le pedí que me pusiera en contacto con Mumi. Si ella lo corroboraba, yo cambiaba mi religión con respecto a la casualidades. 


"Sí Gala, soy la hermana de Diego", recibí a las pocas horas en un correo electrónico. 


La anécdota de Diego, "calor, sabor, olor", la publicidad, Mumi y yo, dominó el momento y nunca más busqué la canción. Me resigné a esperar la salida del disco. Empecé poco a poco a incorporar a mi vocabulario la frase "mirá che, qué casualidad" y a sospechar que tal vez, a lo mejor, estaba frente a una de esas "cosas de la vida" y que Diego no sería una simple ventanita titilante.


Me veo con Diego una o dos veces al año cuando él se hace un tiempo para venir a visitarme a Rosario o cuando yo viajo allá a hacer mis cosas. Ya sea para ir a recitales juntos o para comer, la cita es obligatoria.


Pero de la canción nunca volvimos a hablar. 


El jueves pasado viajé a Buenos Aires y entre mi ocupada agenda laboral y estudiantil, me hice un espacio para salir a cenar con mi amigo. Cuando me pasó a buscar y me subí al auto, Diego me entregó un sobre. 


"Tomá, pasaron algunos años, pero acá está", y me entregó el disco, con la canción de la publicidad de Motorola. MI canción. 


Cenamos, hablamos hasta por los codos, nos pusimos al día de nuestras alegrías y nuestra pálidas, disfrutamos, como siempre, de los pocos momentos que tenemos cuando nos reunimos. Pero de la canción no volvimos a hablar. 


Volví de Capital y encontré entre todas las reliquias que recopilé en el fin de semana el disco. Lo miré con cariño y lo puse en el reproductor:




"Uh Uh Ah Ah, calor, sabor, olor". 


20 segundos necesité para recordar que ese tema era mucho más que un capricho oxidado. Con esa canción mis estúpidos preceptos sobre las casualidades se habían venido abajo. Con esas tres palabritas, la chica de colitas y las trompetitas, yo había descubierto que la ventanita titilante llamada Diego, tenía detrás uno de mis amigos más queridos. Un amigo que nunca hubiera llegado a ser lo que es hoy sino fuera porque el día que él me dijo "Mumi es mi hermana", yo repensé las cosas y analicé que tal vez, a lo mejor, quizás, ESA casualidad era importante y que tenía que seguirla y ver a dónde iba. 


Me sentí avergonzada por haberme olvidado de mi tema tantos años y no estar todo este tiempo agradecido con él por ser el motivo de una gran amistad que en octubre cumple 3 años de solidez pese a la distancia. 


Decidí entonces homenajear a Avalancha de la banda Alai porque gracias a ella no solo tengo un querido amigo, sino que tengo un mundo de casualidades. 



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me hiciste llorar. Sos una persona hermosa e increíble. Gracias Galita no sabes lo que necesitaba algo así!!!

Anónimo dijo...

boluda, me pusiste virgo en el tweet (madrugada del 16 de septiembre post-mcnamara) y ni siquiera pudiste dialogar conmigo cara a cara para poder vislumbrar cierta decisión que puedo llegar a tomar. O comprender posturas que toma un sujeto en estado de dispersión. Vos mostraste las cartas bastante tarde también eh. Juzgar de antemano... mirá vos. Ya nos veremos. Abrazo

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Un comentario suprimido es un arrepentimiento demasiado evidente...

PS dijo...

Johny, la gente está muy loca (?)