5 de abril de 2011

El cruel sexo opuesto II

Se recomienda primero leer este post y este otro para seguir el hilo de este texto. 


No sé ustedes, pero yo no soy de esas personas que se la pasa producida las 24 hs del día. Es más, después de mi periodo más fuerte de pubertad y adolescencia en el cual estaba tan al pedo que tenía tiempo de maquillarme para ir a la escuela, peinarme y pensar qué ponerme, sólo me dedico a prestar atención a mi vestuario un sábado a la noche y a veces. En general con un jean, una camisa y un par de zapatillas siento que puedo ir a cualquier lugar del mundo. 


Existe un único lugar al cual asisto de cualquier forma y jamás me preocuparía por mi vestuario: En el supermercado todo me chupa un huevo. Si estoy en pijama en mi casa y necesito algo en particular, me calzo algo en los pies y voy así. No cabe en mi cabeza la posibilidad de cambiarme para ir hasta La Gallega.


Pero, obviamente, existe gente que se produce para todo, inclusive hasta para ir al gimnasio y después hacer pasarela por el "super" mientras se agacha sexualmente sobre la heladera de las Patty. 


Así era más o menos la minita que tenía detrás mio en la caja hace algunos días. Resulta que yo estaba enchufada a mi reproductor aislada del mundo, como me gusta estar siempre, y esta chica más baja que yo, con una calza ajustada que dejaba muy poco a la imaginación, el pelo rubio platinado y gloss en los labios, se instaló atrás mío. Tenía zapatillas deportivas de esas que parecen más para astronautas y estaba más pintada que una puerta. Además irradiaba un olor a perfume impresionante y tenía una musculosa de la misma marca de la calza que mantenía su busto...muy en alto. 


Ahí estaba yo pagando un paquete de galletitas de chocolate, comida barata para el gato y un jabón en polvo mientras que la Barbie llevaba una coca cola light, dos flancitos Ser y unas papitas Pringles. SÍ UNAS PAPITAS PRINGLES! Forra. 


Debido a que ya me tocaba mi turno de pagar me desenchufé, obviamente, y saludé atentamente al cajero. Era un gordito que se había rapado para que no se le notaran las impresionantes entradas que tenía, era cachetón y estaba todo sudado. Un perfecto asco. 


El gordo no solo no me devolvió el saludo, sino que me giró la cara por completo, miró babosamente a la Barbie que estaba detrás mío y dijo:


Gordopeladoycachetón - Holaaaa Pame! 


La Barbie pestañeó 20 veces desparramando rimmel y le devolvió el saludo revoleando el pelo y preguntando si no había más enjuague bucal de Colgate. El gordo baboso le contestó que no y además se disculpó! El colmo. Tanto yo como mi saludo, seguíamos esperando al menos que me dijera el monto a pagar. Ofendida me enchufé de nuevo, me cagué en mi educación y mis principios de "no usar los auriculares cuando estoy interactuando con gente" y cuando el gordo me pidió que le diera cambio para pagar $13.45 mientras le estaba entregando un billete de 20, me hice la sorda, agarré mi vuelto y me fui. 


No es que necesite que un gordo no autoreconocido pelado me salude para sentir más mujer, pero denigrar mi sonrisa y mi amabilidad para mirarle el culo a una que se pone brillito de labios para ir a hacer ejercicio, es demasiado.


Ey gordo soñá que esa plástica que, o va al gimnasio a hacer públicas o no transpira como el resto de los mortales, te va a dar bola. 


Ah...y aunque te rapes la cabeza, las entradas se te notan igual. Gil!