23 de febrero de 2011

Dois Homens E Meio

"Two and Half Man" siempre me pareció una serie básica, machista y sobre todo arrogante. Tampoco me caracterizo por ser una amante apasionada de las series yanquis, tengo mi top 5 y con eso me alcanza y me sobra. 

Mi sentimiento hacía esta sitcom yanqui fue más que un mero rechazo, era puro desprecio. Y cada vez que lo veía en la tv cambiaba furiosamente de canal haciendo una mueca y apretando hasta el fondo el botón de channel. 

Pero un día apareció Moysés y la cosa fue cambiando. Moysés es un gran amigo que tuve la suerte de conocer entre empanadas, erkes, charangos y bombos en Tilcara. Es un brasileño castaño, alto, de sonrisa muy amplia y dientes muy blancos. En su carta de presentanción el chico me expuso que era fanático de la novelita de Charlie Sheen y yo tuve que dudar respecto a una posible futura amistad. 

Este verano fui a visitarlo a su casa en Recife, Pernambuco, Brasil junto a mi madre. No habíamos terminado de subir al auto cuando el teléfono de Moysés sonó con las tres voces a coro de los dos hombres y medio. Fueron 20 días de escuchar esa cancioncita al menos unas 10 veces por jornada. El teléfono de Moysés sonaba y una voz ridícula empezaba a cantar "ban ban ban" a coro y yo quería golpearlo con el celular en la cabeza. 

Moysés seguía tan fielmente la serie que cada noche, antes de irse a dormir, se sentaba delante del tv y miraba al menos 5 capítulos. Mi madre lo acompañaba y se reían a carcajadas con las ironías de Charlie, las burradas de su hermano y las elocuencias del pibito feo. Las primeras noches yo miraba con cara de culo desde un rincón y buscaba alguna otra actividad para evadir esa cálida situación. Pasados algunos días las actividades alternativas se me fueron terminando y la intriga (y algo de envidia también) de saber de qué se reían tanto, me llevó a instalarme en el sillón con ellos. 

Así fue como noche tras noche, desde diciembre a enero, me senté con Moysés y mi vieja a mirar "Dois Homens E Meio". Si la veíamos desde los dvds que mi amigo grababa religiosamente, estaban en inglés, si lo veíamos desde el canal local, había que escuchar a la gigante Berta (la ama de llaves) hablando con una voz en portugués que no pegaba con ella de ninguna forma. 
Si bien no me gustaba la maldita sitcom, la miré porque disfrutaba compartir con mi amigo y mi mamá ese momento de risas de medianoche.

Hace algunos días estaba en mi casa y escuché el molesto "ban ban ban" a mis espaldas. Mi tv estaba encendido y justo comenzaba Two and Half Man. Me quedé tildada mirando toda la presentanción y luego, sin darme, cuenta me senté y miré el capítulo entero. No fue hasta mi primera carcajada que caí en cuenta de lo que me estaba pasando: Estaba disfrutando de la serie, del capítulo, y de los chistes sarcásticos de Charlie. 

Puteé a mi amigo Moysés mentalmente por haber logrado que mire la serie. Después me di cuenta que la miraba por todo lo que ella significaba. Seguía sin gustarme pero extrañaba a mi amigo y, al parecer, esta es mi forma de sentirlo al menos un poco más cerca. 

Hoy Moysés cumple años. Como no puedo mandarle una botella de Absolut para que se lo tome, se ponga en pedo y me cante su versión bizarra de "Muchacha Ojos de Papel", le escribo esto para que sepa que siempre lo tengo presente, lo extraño y que ahora además, por su culpa, miro Two And Half Man. 


Feliz cumpleaños Chiquito!

18 de febrero de 2011

100 cosas que odio: Paula



Paula es una amiga de mi madre y es una perfecta estúpida. En general todos los amigos de mi vieja me caen muy bien. Todos son divertidos, chisposos y muy agradables, pero Paula no. 


Paula es una lingüista que vive en Buenos Aires hace unos 20 años. Es insulsa, habla despacito, arrastra las palabras y su voz es prácticamente un suspiro. No te transmite nada, no te despierta ningún tipo de sentimiento, es una de esas personas que das la vuelta a la esquina y ya te las olvidaste.


Así era Paula para mi hasta hace algunos años. Era de esas amigas falsas de mi madre que venían una vez cada seis meses a mi casa a contar lo maravilloso que es la vida en Capital y como Rosario quedó estancado en un balde de mierda, pero todo con palabras suaves, estirando el meñique para tomar café y riéndose con una risa tan insulsa como ella entera. 


Con el tiempo comencé a darme cuenta que cada vez que Paula aparecía en escena mi mal humor se incrementaba. 


Tiene un pelo rubio teñido con unas ondas ridículas que le llegan al cuello. Unos ojos verde azulados muy profundos y muy grandes que te miran fijamente pero que en realidad están como perdidos y no prestan atención a lo que decís. Siempre está como con la boca semi abierta a lo pavota y me hace dudar de si en realidad entiende lo que le dije. 


Además Paula es de esas vendidas que "amaba" su ciudad hasta que un día cambió las ojotas por havaianas de Palermo Soho y ahora todo lo que no esté cerca de Puerto Madero le parece grasa. Y viene con sus "ay pero no hay Sushi Club en todos los barrios?".


Hoy tuve que ir a cenar con mi vieja y Paula. Propuse ir a una de mis pizzerias preferidas a comer la de palmito. Ella coincidió y dijo que era una "idea fabulosa", que la pizzeria era "re pintoresca" y mi elección era muy apropiada. Cuando estábamos en el auto camino al bar de pizzas, entre unos tartamudeos estúpidos y desubicados preguntó: "En ese barciiiito, habrá otra cosa que no sean pizzas? No sé, alguna empanadita... o algo así". El tema de los diminutivos me revienta. 


Para qué carajo dijo que le encantaba la idea de las pizzas sino quería pizza?!


Aunque todos se vengan imaginando lo contrario, Paula estuvo casada, tiene 4 hijos y un par de nietos de los que habla como si fuera muñequitos de torta. Repite siempre lo mismo y parece que tampoco los conociera muy a fondo. Obviamente el pobre marido de Paula se saturó un día de su "nada" y la mando a freír churros, pero como es esa clase de personas que pese a ser una hoja volando al viento, no te las sacas de encima más, siguen muy ligados uno al otro y según ella son "grandes amigos". Entonces todos los veranos se va de vacaciones con los hijos, las nueras y yernos, nietos Y EL EX MARIDO! 
Me saca además que hable de él como si siguieran casados: "El otro día Daniel hizo un asado y el perro se lo robó, no saaabes lo graciossssso que fue". 


Pero lo que más detesto de Paula no son sus palabras arrastradas, su cara de perro arrepentido ni su relación misteriosa con su ex marido, lo que más odio de Paula es que le tiene fobia a los perros y a los gatos. No tolera tener ningún tipo de ser peludo cerca de ella y por eso, cada vez que viene de visita todos mis bichos deben ser encerrados en el cuartito de atrás como si hubieran hecho algo malo. 
Quiero aclarar que mi problema no es con la gente que le tiene fobia a los animales. Mi problema es que es ELLA la que tiene la fobia. Probablemente si viniera otro con ese padecimiento no me jodería tener a mis dos perros y a mi gata encerrados en el lapso de lo que dura una conversación de café con comentarios sobre lo grandioso que es el nuevo Starburcks de Alto Palermo. Me molesta que a ella le molesten mis pichichos y mi gatito. A ELLA!


Paula creo que es momento de que lo sepas. No es que no te hablo porque soy callada (porque no lo soy), porque estoy cansada o estoy hablando por celular. No te hablo porque me caes muy mal



4 de febrero de 2011

La vecindad piletera

Desde que tengo uso de razón que detesto la pileta de mi edificio. No dudo que en este momento muchos de los que están leyendo esto dirán "anda a cagar pelotuda, al menos tenés pileta". Sí, está bien, la tengo pero no me gusta. 


No me gusta que sea playita, no me gusta que sea cuadrada y no rectangular, no me gusta que se caldeé cuando hace calor y que no la llenen hasta el 8 de diciembre que le ponen las lucesitas al edificio. 


Pero probablemente lo que más detesto de mi pileta es su aspecto social. Cuando yo era pequeña y la piscina era el lugar apropiado para socializar con niños de mi misma edad, los únicos chiquillos entre 60 departamentos éramos la linda Antonella, su hermano Facundo y yo que para colmo eran casi 3 y 5 años más grandes que yo y cuando vos tenes 4 años y ellos 7 y 9 esas diferencias se notan. 


Luego con los años fui creciendo y la empecé a odiar por todas sus restricciones sociales que no me permitían invitar 8 amigas púberes y luego en mi adolescencia hormonal a 15 chicos y chicas. Sumado a esto los niños comenzaron a comerse la pileta, cada vez eran más que la meaban, la escupían y mojaban a todos los que queríamos estar secos. Mi etapa de adolescente más asquerosa, esa en la que detestas a todo el mundo, acrecentó mi odio por todos los chiquillos que se divertían en el agua como yo no había podido hacer en toda mi vida por ser yo sola en un puto edificio de 20 pisos. 


Hoy me reconcilié con mis vecinos y con mi pileta. Después de mucho tiempo me animé a ir sola. "Sola". Sin una amiga de escudo, sin un mp3 de sostén y con una madre que sí hizo bien su tarea y es amiga de los vecinos y charla con todos. Conclusión? Me vi obligada a socializar. 


Primero intenté charlar un poco con la hija de una vecina, Florencia, 10 años mayor que yo. Aquella que tenía tetas cuando yo no y se chapaba a su novio que le apoyaba las manos en lo más bajo de la cintura cuando yo todavía pedía ver Tom y Jerry. Me enteré que ahora es nutricionista, que me puede enseñar a comer mejor y que "si bien no estás gordita podrías acomodarte la barriga". Fracaso número 1. 


Luego moví un poco el culo por el borde de la pileta y me puse a escuchar que hablaban dos muchachos. Jóvenes padres ambos. Profesionales ambos. Muy peludos ambos. Cada uno revoleaba a su hijo por el agua. Román salpicaba a su hijo Amilcar y Guillermo hacía volar a su nena Vicky. 
Esperaba encontrarme con una conversación más trillada que la de dietas que tuve con Florencia, seguramente estarían hablando de fútbol y yo terminaría por ponerme a mirar el bichito que se ahogaba en el agua. 
Resulto que Román y Guillermo no sólo no estaban hablando de fútbol sino que además se preguntaban cosas como éstas: "Y vos cuál miras, Hi5 USA o Australia?". Eso fue un shock. La intriga hizo que yo me uniera más a los dos hombres y prestara aún más atención "Y...me da igual, yo ya tuve que ver Hi5 3 veces, pero prefiero ver eso que Topa en Playhouse Disney". "Qué tipo pelotudo" tuve que agregar yo.


Así fue como pase media tarde charlando con Román y Guillermo sobre su paternidad sufrida. Resulta que ambos se sabían la programación de memoria de cada canal infantil y mientras Guille le cantaba "La vaca lechera" a Vicky, Román le ponía nombre a los personajes de los Backyardigans (tuve que buscar en google como se escribía porque no lo sé) para que Amilcar pudiera identificarlos. 


Para las seis de la tarde yo ya estaba instalada en el círculo matero de los "vecinos copados". Esos que traen el mate, las galletitas, el tereré, millones de toallones, juguetes para que los chicos no molesten y revistas para hacer crucigramas. Resulta que los hijos de los "vecinos copados" no molestan para nada, son educados, piden por favor y no están embadurnados de protector como muchos padres paranoicos hacen con sus hijos cuando los ponen al sol a las 5 pm. 
Además de tomar mate, comer galletitas, chuparme el jugo, usar los toallones ajenos y jugar con Vicky y Amilcar (los únicos dos que me gustan) en el agua, me sumé al asado que se hace el próximo domingo en la casa de fin de semana del gordito del 20 A.


Ya organizamos como nos vamos a distribuir en los autos y los niñitos están muy contentos de que yo vaya. Tanto como estoy yo, solo que me hago la adulta y no lo demuestro. Pileta gigante, de esas con agua fría, asado y un montón de vecinos copados que nunca pensé que iba a encontrar! Estoy saltando en una pata. 
A mi me toca llevar una torta o algo dulce para el postre. Mañana después de la pile, la pequeña Vicky de 4 años viene a inventar algo a casa.


Qué tal? Estoy hecha un flancito!