12 de enero de 2011

El casette color amarillo queso.

El casette era color amarillo queso. Tenía una tortuga verde de pestañas largas y estaba semi de espaldas y me miraba con ojos tiernos. En la cabeza llevaba un sombrerito color crema con flores rosas y un listón que formaba un moño en la parte trasera. Sus patitas estaban entrecruzadas y de su mano colgaba una canastita de yute.
Yo, para esa edad, ya tenía pecas en todo mi rostro, un par de dientes rotos, un pelo color chocolate bien lacio que caía de forma pesada sobre mis hombros y una raya que nunca estuvo pareja. Ah! Y ya hablaba tanto como ahora.


Nunca fui buena alumna, ni aplicada ni estudiosa. Ni siquiera en el jardin de 4 años. A mi me gustaba ir al jardin para charlar con mis amiguitas y tirarme del tobogán del patio que era más alto que el que mi abuelita me había comprado para mi último cumpleaños.
Un día la señorita rubia pidió que trajeramos música que nos gustara para compatirla con el curso. Parece que mi gusto por la música se manifestaba desde temprano porque esa fue la única tarea que cumplí en todo el año. Esa noche busqué en la caja de zapatos que mi papá había forrado con papel de regalo para que yo guardara mis casettes, entre ellos uno de León Giecco y el de Aladdin, mi casette amarillo color queso y lo puse en mi bolsa verde del jardín para llevarlo al día siguiente.


Luego de la merienda de las 4 pm, aquella de jugo tang de naranja aguado y galletitas anillos de colores, la señorita nos citó a todos en la alfombra roja para cantar con la guitarra. Yo corrí hasta mi bolsa verde, que colgaba de un gancho de madera con el nombre “Gala”, saqué mi casette del fondo lleno de pelusa, galletitas y quien sabe que más y se lo entregué a mi maestra rubia. “Señoseñoseño, acá esta lo que pidió de tarea ayer!”, chillé. “Ah! Maria Elena Walsh”, exclamó ella y agregó: “Buenísimo, después lo escuchamos”. Tomó mi casettito en sus manos y lo dejó apoyado en un estante muy alto donde estaba el equipo de música, aquellos panasonic gigantes, cuadrados, negros, feos, sin onda. Me quedé mirando el estante imposible de alcanzar mientras mi docente se alejaba para retar a alguno de mis compañeros que estaba golpeando a otro con un paragüas. Uno de los extremos mi casette había quedado fuera del estante, desde abajo podía ver el color amarillo queso del reverso y un fragmento q decía “Lado A: 1...”.


Los días pasaron y mi maestra rubia nunca puso mi casette de Maria Elena Walsh para compartir con el grupo. Yo nunca lo reclamé porque siempre confíe en su palabra y pensé que su “después” podía significar cualquier otro día y que yo sólo estaba siendo ansiosa. No pasó un día de ese año en que yo no mirara el borde de casettito que se asomaba desde el estante inalcanzable. Cada día q ella se acercaba al estante de abajo, yo creía que finalmente reproduciría aquella tarea que había encomendado. Así fue como el año lectivo terminó y al siguiente me cambiaron de escuela y no volví a verla ni a ella ni a mi casette de Manuelita color amarillo queso.


Hoy me enteré la triste noticia de Maria Elena Walsh y recordé mi casette con sus canciones, aquellas que aún recuerdo pese a no haberlas vuelto a escuchar. Aquellas que habría seguido escuchando si mi casette no hubiera quedado abandonado en aquel estante inalcanzable del jardin de 4. Aquel casette que hubiera conocido la muerte, enganchado en mi stereo, de reproducirlo y reproducirlo con tanto amor.




foto: Yo a mis escasos 4 antes de entrar a mi primer día de jardín. Todavía tenía mi casettito amado.

4 comentarios:

mai dijo...

nunca comento por acá aunque siempre leo ... me encantó el relato ! hermoso homenaje señorita .. pobre casette , abandonado lejos de tus manitos de nena , y vos esperando .. pintaste un cuadro que rebosa ternura :)




saludos !!
y feliz enero jaja

Herr Professor dijo...

Dios mio, mira desde que joven uno empeiza a desilusionarse de los demas humanos, pirmero con los adultos y luego se extiende hacia todo el género...


Is HP, Is HP and is back!!!

Petardo Contreras dijo...

Que triste y que desilusión!
Me acuerdo de cunado era chico y le contamos el final de un cuento a un amigo, este se sorprendió y decía nooooo nooooo el lobo no se comía a la abuela!!
Una vida de engaños

ana güititi dijo...

Perdón por no contarte de eso! Sabés que justo la tarde anterior a su muerte le habíamos cantado y bailado a mora el brujito de bulugubuu... versión PUNK, como hacíamos en la secundaria? TE ACORDAS? eramos una masa.

yo sé que a maria elena la escuché desde chiquita,
pero tengo todos recuerdos de ella de grande y adolescente pseudorebelde.

endless kinder forever dice un amigo llamado carlos
-hoy te tiré muchas frases de él-


y para este post usaste muchos diminutivos,
el ""mar"" te puso tierna
chuuuuuuuchiiiiiiiiiiiiiiiiiii