28 de enero de 2011

La chica de ciudad, deja la ciudad Parte I

Comportamientos universitarios tengo pocos, y mis amigos igual que yo o menos. A ver, sí, vamos a la facultad, cursamos materias, "estudiamos", rendimos y aprobamos (?). Pero ir a fiestas universitarias, salir los jueves y "bolichearla" lo hacemos...nunca. 


Este fin de semana voy por mi cuota de boliche 2011. Llegué a la conclusión de que no podía ser que esté por empezar mi cuarto año de carrera y no haya tenido una clásica noche de boliche en un pueblo con mis amigos de la facultad. Así que a Colón yo me voy. Mi amiga Pia es de Colón, Bs As. Sí Bs As. No Entre Ríos, no el río Uruguay, no al noreste sino al sudeste. Aclaro porque cada vez que dije que me iba un fin de semana a Colón todo el mundo entendió que me iba a Entre Ríos a meter los pies en el río. 


Estudié mucho con Pía en diciembre y ella siempre nos contaba sobre sus salidas en su "ciudad" natal. Ella es de la parte de mis amigos que sí va a boliches. Pía además habla mucho, mucho más que yo. Tiene unos ojos verdes muy grandes y una melena negra más grande que la del rey león. 


En los recreos inventados de estudio, Pía narraba noches con whisky arriba de un auto con mil chicas ebrias manejando, yendo a un boliche gigante que abría a las 4 am y cerraba a las 8 am y todos desayunaban en una panadería. Yo escuchaba atenta y me reía de sus anécdotas intentando imaginarme siendo parte de alguna de ellas, pero la realidad es que nunca he vivido algo similar y hasta creo que ni mi cuerpo podría soportarlo.
Yo soy de esa clase de gente que ve el sol y sale corriendo a su casa a dormir. No importa cuan copada esté la fiesta, cuanto alcohol en sangre tenga, cuando sale el sol yo tengo que tener la cabeza en la almohada. 
También soy aquella clase de persona que no se pone alegre. Yo estoy sobria o estoy muy borracha. Y cuando estoy muy borracha, más temprano me quiero ir a dormir. Soy un embole? Tal vez, pero la última vez que me quise hacer la guapa, me chupé hasta el agua de las paredes y quise seguirla hasta el amanecer, desperté al otro día abrazada a una olla y envuelta en papel higiénico (che, paren! no se crean cualquiera, fue hace 4 años eso!). Las quebradas están bien a los 16 pero no a los 21 y medio!.


Conclusión: Mañana parto con mis amigas Bárbara y Martina a la "ciudad" de Colón a vivir un fin de semana a pura fiesta pueblerina. 
En la planificación que Pía ya nos mandó por mail están incluidas "la noche de cocktail" y "la noche fuerte de boliche". Allá voy yo con toda mi predisposición, sacando garra y dientes. Si ellos, con mi misma edad, pueden chupar el doble y  mantenerse vivos 4 horas más que lo que yo estoy acostumbrada....yo tengo que poder...no?




NO?

24 de enero de 2011

Mi ropa sirve de disfraz

Una vez leí, en una tira de Maitena, cuales eran las características que indicaban que una mujer estaba vieja. Una de ellas era cuando la hija le pedía a la madre la ropa que usaba actualmente para una fiesta de disfraces. "Cuanto tiempo que falta para que me pase eso!", pensé yo en ese momento. 


Hace algunos días sonó mi celular. Era Catalina, la hija de 11 años de una amiga de mi madre. Me contó que tenía un cumpleaños de disfraces y que necesitaba ropa para poder vestirse como Hannah Montana. Cuando escuché esto me sentí halagada de que la chiquilla me hubiera elegido para asesorarla, aunque yo no sé una mierda sobre la ropa que usa Hannah Montana, me pareció que sería un juego muy divertido ayudarla y probarnos muchas cosas distintas hasta dar con el estilo perfecto. Yo odio las fiestas temáticas de todo tipo, las fiestas de disfraces, las fiestas de colores, las fiestas semáforo y cualquier otra fiesta que me imponga, me prohíba, me censure o me catalogue. Sobretodo, cualquier fiesta que me ponga en ridículo. Pero en este caso la fiesta no me afectaba y me gustó la idea de pasarme un día con la pequeña rebuscando en mi placard por aquella ropa que yo usaba a su edad para vestirme "fashion". 
Todo lo que cruzaba por mi mente se evaporo en un segundo cuando Catalina agregó a su frase: "Me acuerdo que te vi usando ropa que me podría servir para este cumpleaños, sobre todo un cinto y una remera que usaste un día que viniste a mi casa". 
OKEY! La chica quiere usar MI ROPA ACTUAL para vestirse como Hannah Montana. 


No solo me desesperó saber que lo que yo considero "ropa adecuada para moverme por la vida" ella la considera "ideal para disfrazarse", sino que además "mi ropa favorita" es perfecta para "hacerse pasar por Hannah Montana". Yo sé que mi sueño es ser rubia platinada pero de eso a parecerme a Miley Cyrus con peluca hay años luz!


La nena me marcó que quiere un cinto de tachas que actualmente uso con mis jeans preferidos, una remera strapless que vestí hace tan solo dos semanas para salir y una falda de jean que...estoy usando en este preciso instante. 


Mañana viene Catalina a probarse la ropa. Voy a necesitar un rivotril para afrontar esa tarde y no sentir que se me vinieron los 40 encima. Y unos 40 bien menchos. 



12 de enero de 2011

El casette color amarillo queso.

El casette era color amarillo queso. Tenía una tortuga verde de pestañas largas y estaba semi de espaldas y me miraba con ojos tiernos. En la cabeza llevaba un sombrerito color crema con flores rosas y un listón que formaba un moño en la parte trasera. Sus patitas estaban entrecruzadas y de su mano colgaba una canastita de yute.
Yo, para esa edad, ya tenía pecas en todo mi rostro, un par de dientes rotos, un pelo color chocolate bien lacio que caía de forma pesada sobre mis hombros y una raya que nunca estuvo pareja. Ah! Y ya hablaba tanto como ahora.


Nunca fui buena alumna, ni aplicada ni estudiosa. Ni siquiera en el jardin de 4 años. A mi me gustaba ir al jardin para charlar con mis amiguitas y tirarme del tobogán del patio que era más alto que el que mi abuelita me había comprado para mi último cumpleaños.
Un día la señorita rubia pidió que trajeramos música que nos gustara para compatirla con el curso. Parece que mi gusto por la música se manifestaba desde temprano porque esa fue la única tarea que cumplí en todo el año. Esa noche busqué en la caja de zapatos que mi papá había forrado con papel de regalo para que yo guardara mis casettes, entre ellos uno de León Giecco y el de Aladdin, mi casette amarillo color queso y lo puse en mi bolsa verde del jardín para llevarlo al día siguiente.


Luego de la merienda de las 4 pm, aquella de jugo tang de naranja aguado y galletitas anillos de colores, la señorita nos citó a todos en la alfombra roja para cantar con la guitarra. Yo corrí hasta mi bolsa verde, que colgaba de un gancho de madera con el nombre “Gala”, saqué mi casette del fondo lleno de pelusa, galletitas y quien sabe que más y se lo entregué a mi maestra rubia. “Señoseñoseño, acá esta lo que pidió de tarea ayer!”, chillé. “Ah! Maria Elena Walsh”, exclamó ella y agregó: “Buenísimo, después lo escuchamos”. Tomó mi casettito en sus manos y lo dejó apoyado en un estante muy alto donde estaba el equipo de música, aquellos panasonic gigantes, cuadrados, negros, feos, sin onda. Me quedé mirando el estante imposible de alcanzar mientras mi docente se alejaba para retar a alguno de mis compañeros que estaba golpeando a otro con un paragüas. Uno de los extremos mi casette había quedado fuera del estante, desde abajo podía ver el color amarillo queso del reverso y un fragmento q decía “Lado A: 1...”.


Los días pasaron y mi maestra rubia nunca puso mi casette de Maria Elena Walsh para compartir con el grupo. Yo nunca lo reclamé porque siempre confíe en su palabra y pensé que su “después” podía significar cualquier otro día y que yo sólo estaba siendo ansiosa. No pasó un día de ese año en que yo no mirara el borde de casettito que se asomaba desde el estante inalcanzable. Cada día q ella se acercaba al estante de abajo, yo creía que finalmente reproduciría aquella tarea que había encomendado. Así fue como el año lectivo terminó y al siguiente me cambiaron de escuela y no volví a verla ni a ella ni a mi casette de Manuelita color amarillo queso.


Hoy me enteré la triste noticia de Maria Elena Walsh y recordé mi casette con sus canciones, aquellas que aún recuerdo pese a no haberlas vuelto a escuchar. Aquellas que habría seguido escuchando si mi casette no hubiera quedado abandonado en aquel estante inalcanzable del jardin de 4. Aquel casette que hubiera conocido la muerte, enganchado en mi stereo, de reproducirlo y reproducirlo con tanto amor.




foto: Yo a mis escasos 4 antes de entrar a mi primer día de jardín. Todavía tenía mi casettito amado.