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Porqué no miro TV

Todo comenzó hace algunos años cuando redujeron la revista del cable a unas escasas y delgadas páginas nulas de información. La que en una época había tenido las 24 hs de programación de cada canal de películas, una grilla alfabética y otra por género, se redujo a una con los horarios del part time y el resto, simplemente, desapareció. Si querías saber qué había el resto del día, o cómo se llamaba esa película con la que te habías enganchado a las 4 am de un miércoles mientras te manducabas un chocolate en plenas vacaciones de julio, jamás volvería a figurar en la revista mensual. 


"Consulte nuestra cartelera digital", promocionaba un cartel en una página entera de autopublicidad donde antes figuraba la cartelera de verdad. La mayoría de las veces la web no funcionaba, o el nombre de la película mediocre de la chica rubia mojada por la lluvia corriendo al muchacho que se alejaba en un Chevy por un campo en Tennesse, no figuraba porque para ese operador de cable a NADIE podía …

El disco de la oscuridad

En general escucho música en todos lados y a toda hora. Tengo discos que me los guardo para bañarme o para que me acompañen antes de salir. También tengo algunos que los prefiero arriba del colectivo a la mañana para despertarme y otros pocos que los uso para caminar por el parque mientras me respiro el aire del río. 


Pero tengo una categoría que es para unos pocos: Los que escucho a oscuras fumando un pucho y no los puedo oír en otro contexto o situación. No son mis preferidos, ni tienen un ritmo especial. Tampoco deben pertenecer a un género específico o responder a un estado de ánimo. Son discos en mi cama con mi cigarro y mi oscuridad. 


Usualmente aparecen solitos, sin que los llame, a esta altura del año. En esta época final del calendario cuando por la ventana entra el fresco veraniego y apoyo los pies descalzos sobre la almohada y dejo que se me enfríen con el vientito que no llega a resfriar. Hay un grillo cantando en alguna parte y es lo único que se escucha entre tema y tema. …

Los banquitos de madera

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- Cuando te mueras me puedo quedar con este teléfono? - Dije medio en broma señalando el viejo cascote negro arriba del escritorio de roble. 


- No, este es de Juan Ignacio - me respondió Peter dándolo vuelta y dejando visible que debajo de él decía escrito en prolijo lápiz las iniciales de Juan. 


- Pero yo lo quería! Que él se busque otra cosa! 


- No, porque Juan Ignacio es mayor que vos y él me lo pidió primero. Elegí otra cosa vos.


- Bueno voy a pensar. Total tengo mucho tiempo. 


Esa conversación fue hace 6 años cuando yo tenía apenas unos 16. Hacía calor, era diciembre y estábamos en el estudio, supongo que, buscando algún sacapuntas para minas finitas. Afuera en el balcón de la casa de Peter se escuchaban los chapuzones y gritos de chicos jugando en la pileta municipal a escasas cuadras. Pero yo estaba vestida y sentada estudiando en departamento de mi tío adoptivo. Como todos los años me había llevado a rendir las materias de la escuela que tenían números, fórmulas y el amigo de mi ma…

La del sapo en la barriga III

para entender de qué estamos hablando se recomienda empezar por acá y seguir por aquí


"Miércoles 19 de octubre: Reunión editor 20 hs."


Tengo esa anotación en mi agenda hace aproximadamente 3 meses. La reunión con el editor de nuestra revista estaba pautada hacía mucho para esa fecha y, como el tipo venía de Capital, nos prometimos con el equipo que no íbamos a faltar ni aunque nuestra madre se estuviera muriendo atragantada con un grisín, como para dar un ejemplo exagerado. Ustedes entienden a que me refiero. Necesitábamos con urgencia esa cita para coordinar detalles de los próximos números y, por sobretodo, saber si estábamos bien orientados y qué correcciones había que hacerle a nuestro trabajo. Además cada uno debía explicar en qué etapa del laburo andaba y aprovechar los consejos del editor para mejorar las cosas. O sea, todo nuestro esfuerzo de meses dependía de ese encuentro. Yo no iba a permitir que el desafío a mi tolerancia con Mariana se tirara por la borda faltan…

Nueva sección, vida nueva

Es domingo y es temprano para mi. Son como las 12 del mediodía y esto está siendo escrito desde mi cama adoptiva, en mi ciudad adoptiva de los últimos 3 meses, Buenos Aires. 


Me desperté recordando que en estos viajes, yendo y viniendo, estando acá y un poco allá, me he dedicado a escribir mucho sobre un tema que en este blog no estuvo presente nunca y ocupa una parte muy importante de mi persona.


Soy creyente militante de la música. Soy la clase de gente que siente mucha lástima por aquellos que no escuchan música. Para mi son seres muy infelices. A lo mejor no, y me alegro (mentira), pero yo nunca voy a entender a la gente que puede pasar sus días sin escuchar un buen disco, caminar reflexionando por la calle con sus pensamientos y un amigo sonando en los oídos.

Porque sí. La música es un amigo y de los más especiales. Es fiel y siempre tiene las palabras justas, las que uno necesita, tiene las claves para la felicidad y los acordes para la tristeza. La música es la que más te entiende…

La del sapo en la barriga II

Para comprender esta historia se recomienda (para no decir: se requiere) leer previamente este posteo


Ahora sí, continuemos. 


En los últimos meses que he trabajado con Mariana aprendí lo valioso que es poder intercambiar interminables cadenas de emails sin tener que verle la cara. 
Cada vez que tengo que verla trago saliva, respiro hondo, pienso en el mar, las palmeras y una canción de Wilco que me calme mientras me repito mentalmente "Son solo un par números más...solo unas revistas bimestrales más..." 


Llegué a la conclusión de que tiene una cara de pelotuda importante. Que siempre que le hablo se me queda mirando como si no entendiera nada, con la boca entre abierta y respirando con mucho ruido aunque no esté resfriada. Capaz que respira normal, pero para mi, hasta su respiración es un fastidio. 


Pero todo esto no es un mero capricho o mi personalidad antipática, todo esto lo hizo ella solita. Y si todavía no los convenzo, acá más evidencias de ello: 


Mariana tiene una herman…

Alai

Hace 3 años prendí la tv y vi esta publicidad.
Después de ver la propaganda algunas veces el tema ya se me había pegado, pero sólo sabía un escaso fragmento de 60 segundos. La banda que cantaba ese tema había ganado dicho certamen y el spot tenía como finalidad contar el resultado. Entre las imágenes se veía a una chica con el pelo atado en dos colitas que tocaba la batería y cantaba con muchas fuerzas, pero datos sobre la canción, ninguno.


Busqué hasta el cansancio en internet sin resultados. En la web del concurso estaba la misma publicidad, decía el nombre de la banda, pero la canción entera, en ninguna parte. 


Hace 3 años viajé, como casi siempre hago, a algún show en Buenos Aires. En uno de los recitales que fui a ver ese 2008 me perdí de mi grupo de amigos y vi la banda sola. Cerca mío había un muchacho que no cabeceaba buscando sus amistades entre un millón de puntitos en un estadio, él había ido solo. Nos pusimos a charlar y nos pasamos un mail de contacto para volver a poguear j…

Daiana

Durante toda la escuela primaria fui a inglés en un instituto después de clases. Yo salía a las 17.30 hs, pasaba por mi casa a merendar y a las 6 ya estaba sentada en el pupitre diciendo "one, two, three". (Sí, iba a la escuela en el turno tarde porque mi vieja siempre dijo que si hubiera existido solo el turno mañana, yo sería analfabeta porque nadie se hubiera levantado a llevarme). Por suerte mi escuela y el instituto quedaban a 2 cuadras de mi casa. Tiempo escaso pero suficiente como para que tirara las cosas de una clase, agarrara las otras, mirara los último 5 minutos de Cebollitas y saliera corriendo para llegar a tiempo a la clase de Miss Helen.

Ahí iba yo, a toda velocidad por los pasillos recién lustrados del instituto, derrapando en las esquinas y entraba jadeando a mi clase, siempre tarde. En silencio y tratando de no mirar al señorita, me sentaba en un banco del rincón, sacaba mi carpeta de fonética y trataba de prestar atención, al menos por 10 o 15 minutos hast…

El cuadrito de hilo

Hace 6 años que visito la casa de Liliana y todavía me sigue llamando la atención el mismo objeto colgado en la pared detrás de la puerta de entrada. 


El pequeño cuadro no es más grande que un hoja de impresora y su marco de madera está pintado de un verde barro. Pero lo que está dentro de las cuatro maderitas verdes no es una pintura, es el bordado del árbol genealógico del Liliana y Norberto.


En los ocho círculos tejidos cuidadosamente en la parte superior están los nombres de los abuelos de la pareja. Debajo de cada nombre (sin apellido) está el lugar de nacimiento, sin fecha. Los de Norberto son de Victoria, los de Liliana, de Rosario. De cada par de abuelos sale un delgado, pero bien ubicado, hilito que conduce a los padres de cada uno. Este árbol no incluye hermanos, tíos, ni primos, directamente va a un sólo punto: Hilos dorados que forman sortijas y la fecha "1984" en el lugar que iría la ciudad de nacimiento si ese círculo fuera una persona. A los lados de la sortija …

La del sapo en la barriga

Para mi la frase "sentite como en tu casa" rankea en mi top 3 de preferidas. Probablemente es con la cual más me identifico y la que uso casi como si fuera un rezo de religión. Si bien cada vez que una familia la pronuncia, yo tomo posesión de su heladera, la uso más que nunca en mi propio hogar. 


Tengo la costumbre de educar a mis amigos. Cuando han pasado mi prueba de la confianza, están habilitados a escuchar esa frase de mi boca. Y no la digo para generar comodidad en ellos, la digo para que no me pidan nada y se las arreglen para conseguir lo que quieren dentro de mi hogar. Exacto: No soy buena anfitriona y no me interesa serlo, sin embargo me encargo de que mis amigos aprendan donde están los platos, los vasos y el papel higiénico, si no queda más en el baño. Que sepan donde está la comida del gato, ya que estamos, y que botón enciende la calefacción o el aire acondicionado. 
El proceso de educación lleva tiempo y depende, sobretodo, de la cantidad de veces que frecuente…

Podría estar durmiendo

Desde chica nunca me gustó bañarme. Una de mis características tan femeninas como otras muchas que tengo, entre ellas, putear constantemente. Todas esas acciones son parte de lo que yo denomino "Camionerita Style". Y digo "camionerita" porque al menos, mentalmente, suena sexy. Si dijera, "camionera"...bueno, ustedes ya sabrán que cruza por sus mentes, por la mía, una rubia teñida con gran sobrepeso, una remerita de Miss Piggy toda estirada y comiendo una hamburguesa chorreando de grasa en una parada de camiones. Por eso, el "Camionerita Style" tiene su faceta linda de Daisy Duck pero diciendo guarangadas a tiempo completo y mirándose los mocos cuando se los saca. (No me creo bonita como la de la segunda foto, pero es mi imagen mental, sepan comprender). 


Desde pequeña arrastrarme al baño era una pesadilla. No me tiraba al suelo y hacía berrinches, pero mis excusas eran tan originales que me hubiera gustado que se me ocurrieran en el secundario cu…

El arregla todo

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Todo comenzó con esta foto. Yo tenía 15 años y mi mejor amigo, mi discmann, estaba al borde de la muerte. Una serie de golpes ocasionados por frenadas bruscas por parte del conductor del 153 a las 7.30 am que no veía el tráfico, provocó que varias veces yo terminara estampada contra el vidrio de adelante y mi discmann dentro de la mochila, se golpeara contra las llenas de conocimiento (?) carpetas, cartuchera, etc. 
Esto me recuerda también a aquellas épocas en que iba caminando a la escuela con el discmann en la mochila y sí o sí debía ir en posición horizontal para que leyera el cd. Y si caminaba muy rápido empezaba a saltar y había que aminorar la marcha para escuchar bien la canción. 


Bueno, cuestión que el uso excesivo de mi aparitito lo fue rompiendo lentamente. Como me resistía a ver morir a mi compañero, fui toqueteándolo para darle algunos días más de vida. Primero se rompió el botón de play y entonces se lo saqué y lo pinchaba con un invisible, luego se rompieron todos los bot…