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Mostrando entradas de octubre, 2010

Pamela la Panadera

Resulta que este fin de semana pasado me fui a Catamarca al casamiento de una prima lejana de Santiago del Estero que se casaba con un catamarqueño. Así que allá partimos en patota y nos intalamos en un bonito hotel de alta categoría en el centro de San Fernando. 


Me pasé los 3 días en el hotel tirada al sol trabajando, estudiando, y por las noches con un cateter inyectado en la vena que me transmitía champagne como si fuera suero. 


Nunca había experimentado el sentimiento de no sentir hambre por el lapso de 3 días debido a que no paré de comer un segundo. Estaba comiendo todo el día, todo el tiempo, todo tipo de cosas. En 3 días no supe lo que era decir "mm que hambre que tengo".


Entre el desayuno americano del hotel, las cenas de ensayo del casorio y el casorio en sí, logré tenerle asco a la comida, a tal punto que ahora regresada a mi ciudad no he comido nada sólido en 2 días porque todo me hace sentir que voy a explotar.


Volviendo para Rosario hicimos una parada en Córdoba p…

Amor en graffiti

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Mi vecina Andrea es probablemente una de las jóvenes más bonitas que yo haya conocido. Es de esas chicas que son lindas desde chiquitas y la vida les sonríe otorgándole una belleza exótica eterna. 
Andrea es 2 años más grande que yo, un poco más bajita que yo, mucho más culona que yo (¿quién no?), y por sobre todas las cosas mucho más rubia que yo (pero rubia posta, no rubia de mentirita). Durante toda su vida meneó por los ascensores de mi edificio ese largo cabello rubio rapunzel y una sonrisa contagiosa.
Como corresponde, mi vecina rubia, durante toda su vida estuvo rodeada de pretendientes que se anclaban a la puerta de mi casa todos los fines de semana para ver si podían tener la oportunidad de sacarla al cine. Ella, muy viva, sabía elegir muy bien a sus novios de temporada y se permitía que la llevaran de paseo las noches de verano en ojotas hawaianas y una trenza larga hacía el costado.
Hace algunos años que el novio fijo es "El Colo". Nunca supe cómo se llama y creo que…

trescientossesentaycinco

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365 días sin escuchar tu voz. 
365 días creyendo que vas a volver.
365 días sin poder decir "Silvito".
365 días extrañándote a cada momento.




Pero toda mi vida para recordar lo que fuiste y siempre serás para mi.