7 de enero de 2010

Mi mamá, la antropóloga II: La sra que limpia(ba)

Mi mamá, una vez al año se va de campaña. Irse de campaña significa que se van un montón de arqueólogos, antropólogos y otros colados al medio de un campo, que en algún momento estuvo en posesión de los indios, se instalan en una casa próxima o en carpa (los más jóvenes) y se pasan semanas todos tirados en el suelo con pincelitos sacando huesos de la tierra.

El premio más grande de irse de campaña, para esta gente, es la cantidad de huesos, huesitos, craniecitos y dientecitos que traen del viaje al Sur. Como el oficio del antropólogo es, además, compartir sus hallazgos con sus colegas, se los intercambian entusiasmados entre ellos como si fueran figuritas.

Un día, hace unos cuántos años, mi mamá vino de uno de esos viajes con 3 cabezas que había juntado y otros restos que había intercambiado con sus colegas. Llevó su gran tesoro a su estudio (la habitación continua a la mía) y se dispuso a organizarlos en el placard de las toallas porque ya no había más lugar en su despacho de la facultad y mucho menos en los estantes con cajas destinados para esas cosas en la propia habitación. Obviamente, todas las toallas terminaron en mi pieza y el placard de su estudio quedó llenó de calaveras metódicamente ordenadas.

Tres días más tarde de haber hecho el cambiazo de toallas por cráneos, mi mamá le dijo a la señora de la limpieza que teníamos en ese momento, que cambiara las toallas de ambos baños y pusiera a lavar las sucias. Ni mi mamá ni yo recordamos lo que habíamos hecho hasta que escuchamos un grito proveniente de la habitación continua a la mía y corrimos a socorrer a la mujer que estaba blanca como un papel casi desmayada sobre el escritorio de mi mamá y miraba fijamente una cabeza que "la observaba" desde el segundo estante del placard.

Al principio del incidente no entendimos que pasaba, repito: nosotras estamos muy acostumbrados a tener calaveras en el placard en vez de ropa. Al cabo de unos segundos, mientras la mujer balbuceaba unas oraciones y señalaba horrorizada las cabezas, comprendimos la causa de su susto. La sentamos en una silla, lejos del estudio, y mi mamá le explicó que no eramos asesinas y que ella se dedicaba a excavar restos humanos pero como de 100 o 200 años, osea, nada fresco.

La señora escuchó atenta la explicación de mi mamá con un rosario de plástico rosado entre las manos. Cuando mi mami terminó de justificarse y disculparse, y yo terminé de darle agua y abanicarla, le ofreció a la trabajadora tomarse el día libre, irse a su casa, descansar y volver directamente el próximo día de trabajo. La mujer dijo haber entendido la explicación, aceptó la propuesta de mi mamá y prometió volver, como siempre lo hacía, la semana siguiente. La acompañamos a la puerta y la despedimos con palabras de aliento, sonriendo y agitando las manos. Ella, fingió una sonrisa aunque se fue mirándonos de reojo. A la semana siguiente, olvidadas el incidente, esperamos que la mujer llegara a trabajar a mi casa como hacía todas las semanas pero nunca llegó, nunca más volvió ni nunca más supimos de ella.

Me pregunto por qué será...

3 comentarios:

Pura Suerte dijo...

Le re cabió! Jajaja

Yo tenía una profe de historia que era re indigenista, y siempre hablaba mal de las personas como tu mamá. Decía que a ella no le gustaría que sus restos o los de sus seres queridos sean retirados de su lugar con la excusa de ser estudiados

herr professor dijo...

ehhhhhh oligarca
tenes una señora que limpia!
se fue porque son explotadoras cerdas capitalistas ustedes, por eso se fue!
chancho liberal! viva la señora que limpia!
union del proletariado!
rebeli...

MODO PSEUDOCOMUNISTA INSOPORTABLE OFF

Barbi Corazón dijo...

Por eso a mi no me gustan las señoras que limpian y agarro yo la escoba...
jajajajaja