7 de octubre de 2009

Los media hora de Graciela


Resulta que esta tarde, paseando el perro por el barrio donde vivía mi abuela, pasé por la casa de Graciela.

Graciela era una amiga de mi abuela que vivía a 2 casas en la misma vereda. Para mi corta edad de 5 años, Graciela era una mujer grande pero en realidad no debía tener más de 50 años para ese entonces. Tenia el pelo corto del color de un mueble de algarrobo mal lustrado y casi siempre se le veían las raíces. Era muy flaca y alta, tenia la cara poseada por un grave acné que debe haber tenido en la adolescencia y aunque era muy buena y muy agradable, cuando se sonreía te daba miedo y querías cruzarte de vereda.
Graciela, obviamente, era una solterona que vivía con su madre senil en una casa con un frente sin jardín. La puerta principal no se utilizaba, entraban y salían por un pequeña puerta de madera carcomida con un mosquitero oxidado y destrozado.


La madre de Graciela se pasaba el día sentada en un sillón, que alguna vez tuvo un tapizado de flores, y miraba, a través del mosquitero oxidado, como pasaba la vida. Delante de ella tenia un televisor, permanentemente prendido en canales de aire y depende cuál fuera la hora, la madre de Graciela estaba acompañada de Mirtha Legrand al mediodía, Lucho Avilés a media tarde, Susana Gimenez a la nochecita, los actores de Ricos y Famosos tipo 10 y antes de irse a dormir, los domingos, miraba el programa de las monedas doradas con Pancho Ibañez.

Cuando yo tenia unos 5 años la rutina de mi abuela, después del almuerzo y antes de la merienda, era ir a pasear por el barrio visitando todas las casas de sus amigas y recolectando florcitas, que por motivos desconocidos, no crecían en nuestro jardín.

Para que mi abuela me llevara de paseo era imprescindible que yo cambiara mis atuendos de indio por los de nietita dulce. Eso incluía ponerme el moñito rosa, atarme el pelo con el peinado casco (una media cola que me elevaba la cabeza como 5 cm) y me pusiera alguna pollerita escocesa con medias a tono y zapatitos con tirita.

Depende para el lado que agarráramos la casa de Graciela era la primera o la última en visitar. Siempre deseaba que no tuviéramos que ir a lo de Graciela, no porque ella no me simpatizara, sino porque su casa tenia olor a viejo condensado y me obligaban a besuquear a la madre quien siempre me preguntaba quién era yo y me ofrecía ver a Lucho Avilés con ella.
Por suerte mi abuelita siempre detectó mi cara de horror frente a semejante oferta y decía que yo me iba a quedar con ella en la cocina mientras tomaban mate.

La cocina tenía mosaicos en las paredes de color marrón con dibujos de mazorcas (mazorcas suena más decadente que choclos) y de fondo sonaba permanentemente la radio de tango. Raramente, en la casa no había un gato. De la cocina se podía ver el patio trasero, que en realidad no era un patio, sino una zona liberada con malezas y pastos que se habían comido el patio.

Cada vez que entraba a esa cocina me deprimía, o tal vez era el tango viejo y lloroso sonando de fondo que hacía aún más decadente mi estadía. Me sentaban en una silla de hierro tapizada en plástico y así pasaba por lo menos 20 minutos hasta que mi cara de fastidio era tan evidente que Graciela con su sonrisa poco amigable, pero que si era amigable, abría la desvencijada alacena y sacaba el tesoro más precioso: La caramelera.

Mis ojos se abrían como dos canicas y me empezaba a babear como perro mientras la caramelera se acercaba casi en cámara lenta hacía la mesa de aglomerado. En ese momento, de fondo y muy bajito, se escuchaba la voz de mi abuelita diciendo que solo comiera uno y dijera "muchas gracias".

La caramelera de porcelana con florcitas pintadas a mano se posaba delante mio y Graciela muy amorosamente la abría y me decía "agarra cuántos vos quieras Tesoro".

Ahora, rememorando ese momento yo me pregunto como pude ser tan ingenua. Iba a esa casa todas las benditas tardes y en el fondo, muy en el fondo de mi inconsciente, yo sabía que tenia esa caramelera, pero sin embargo, siempre caía en la trampa y volvía a impacientarme por averiguar su contenido.

En el momento que se abría la caramelera el tiempo se detenía. No había más tango, no más Lucho Avilés, sólo yo y la porcelana. Estaba ahí, tan cerca de la alegría, del motor para seguir el paseo, de la nafta para aguantar la casa de Graciela, ahí estaban, tan cerca mio...los caramelos media hora.

De golpe volvía a la realidad, al tango, a Lucho, a la viejita senil, a Graciela y sus pocitos y a las mazorcas de la pared. Ya era tarde, ya me había impacientado, ya me había mostrado alegre, ahora tenia que comerme el maldito caramelo medio hora.

Era como tomar el jarabe para la tos, como el palito que te meten en la garganta cuando vas al médico, era, literalmente, un vómito. En realidad dudo de que hayan sido tan feos como aburridos.
Ahí quedaba entonces yo acurrucada en la silla, que cuando se me transpiraban las piernas se me pegaban al plástico, masticando el aburrido caramelo media hora y rogando que se terminara de una vez por todas. Un día se me ocurrió pedir ir al baño y tirarlo por el inodoro, pero no funciono porque cuando Graciela veía que tenia la boca quieta me ofrecía otro y mi abuela decía que era mala educación no aceptarlo. Y ahí empezaba otra vez con el aburrido caramelo, que casualmente, duraba como media hora.

La visita en la casa de Graciela terminaba porque sino se iba al sol y todavía teníamos que ir a lo de Margarita y a la mercería. Igual, la despedida era larga porque siempre quedaba algún chisme por contar y yo seguía pegando saltitos rogando con la mirada que por favor partiéramos para poder escupir el caramelito en la esquina.

Finalmente mi abuelita me tomaba de la mano, saludaba a Graciela, y emprendíamos el viaje a la casa siguiente. Llegando a la esquina mi abuelita, sutilmente y casi distraída, me soltaba la mano y seguía caminando dejándome detrás de ella a solo unos pasitos. Yo, entonces, aprovechaba esos escasos segundos antes de correr detrás de ella, me acercaba al cordón de la vereda y escupía el caramelo media hora en la rejilla llena de hojas. Después de saborear mi rica y divertida saliva sin el media hora, levantaba la vista para verificar que nadie hubiera visto mi crimen y era cuando veía mi único y silencioso testigo: Mi abuelita quien me miraba disimuladamente a unas baldosas de distancia y sin darse vuelta me agitaba la mano y se reía muy bajito.



16 comentarios:

Bunny dijo...

Que grossa tu nona, una cosa no me gustò nada màs, por què "obviamente una solterona?"

juliju dijo...

no se por qué a los adultos se les ocurre que es divertido ser florero en casa agena, yo preferiria irme a jugar entre las malezas, ahi podes imaginar que estas en otro pais, lejos de los caramelos media hora, que a decir verdad creo que jamas los comi, pero el punto es que no estan ahi atormentando a galita.

comentario a lo de solterona: si no fuera solterona probablemente hubiera tenido hijos con los cuales interactuar...supongo xD

Blonda dijo...

creo que con el comentario de mi amiga has sido contestado Bunny

Bunny dijo...

Pero yo no lo dije por nada que tuviera que ver con su soledad, dje que feo porque la secuencia fue "(...)terribles pozos en la cara(...)obviamente solterona(...)"
Me pareciò que simplemente hizo una terrible ecuaciòn FEA= SOLTERONA.
Eso nomàs.

herr professor dijo...

es la pura verdad, pozos en la cara=solterona!
no seamos hipocritas!
jaja
por otros lados:

"La cocina tenía mosaicos en las paredes de color marrón con dibujos de mazorcas (mazorcas suena más decadente que choclos)"

Como las cortinas de marge!
COCINA=MAIZ

para finalizar, buen tessto galita, bien pero bien melancolico, no puedo evitar acordarme de la gente vieja que conoci de pequeño, del olor a viejo, a gas, a estufa de kerosenne, de mosquiteros, de los grisines de mi bisabuelo, de su matamoscas, de la maquina de coser manual, del la insospechada cantidad de hierro que habia en esa casa y las escasez de plastico...
y posrsupuesto de los horribles caramelos media hora!

herr profe dijo...

Tu relato transmite olores y sabores. asi de sintetico.
miles de recuerdos iguales no puedo recordar por los daños que mi mente a sufrido a causa del rock, los simpsons y la cerveza...

Bárbara dijo...

pancho ibañez no estaría acá sino fuera por mi... jajaja muyy bueno gallll me re gusto =)

Prima Limón dijo...

A mi me gustan los caramelos media hora! Y me gustaron desde chiquita incluso. A todo el mundo les parecen desagradables,buhh... es una charla que he tenido con varias personas... :(

juliju dijo...

no te sientas sola Prima Limón, a una amiga mia tambien le gustan.

a mi el texto me hizo acordar a Oli, la amiga de mi abuela que me apretaba los cachetes cada vez que me veia y decia: que riicaaa.
muy molesta para mi en ese momento, cuando creci me entere que en realidad la vieja era re buena onda =D

horas dijo...

Es verdad q es un relato nostalgioso, me hiciste acordar mucho a la cocina de mi abuela la gringa q siempre olia a comida casera y al brasero con cascaras de naranjas, ademas es sumamente descriptivo, transmite de manera casi tangible las emociones, tu abu y su mirada complice viendote escupir el caramelo y tu emocion con la caramelera, aun sabiendo inconcientemente lo que habia dentro. Me gusto mucho bebo!

Joana dijo...

Qué feos que son esos caramelos! Y qué de viejos.. jaja
Adios galin

Flora dijo...

Me encantó el texto! Es muy bueno porque además uno no se cansa de leerlo, y hasta quiere que no termine, porque -por lo menos a mi me pasa- uno va comparando mientras avanza con las propias experiencias, se las va imaginando, o se va acordando de otras.. y que mejor que recordar si no es con una buena mirada, con una sonrisa!
Coincido con otro comentario de que transimite olores, sonidos, sensaciones de la infancia cuando miraba a los mayores... y lo de los media hora, puajj! no pueden ser tan horrendos esos caramelos..

Blonda dijo...

Gracias por tu comentario Flora!

Pura Suerte dijo...

Relacionándolo un poco con el relato del kiosquero, como que en esas épocas, por lo menos para nosotros, los '90 no habían llegado todavía ¿no?. Por otra parte, me hizo acordar a ésto http://www.duffzone.org/framegrabs/7f21/01272003181053.jpg

Pd: la imagen que acopaña la cita de Feinmann contiene un link a un video, donde la frase que dice es ésa. Después muchos la reprodujeron equivocadamente, pero igual creo que lo que vale es la intención.

Un trotsky para vos.

butterflies in your stomach dijo...

¡Qué lindo!

Malditos caramelos media hora... ¿y tu habuelita? tan dulce y mimosa como aquellas de las películas, esas que te dan besitos de miel y te mecen en sonrisitas ocultas.

Saludos de tu nueva seguidora y buscadora de la vaca de los milcientoyun colores! =)

MEME Elvira dijo...

AY¡ vos sabés que en mi negocio tengo caramelitos media hora¡¡ no querés uno? jaja¡ Disculpame que no haya venido antes a conocer tu blog. Es que ultimamente ando algo falta de tiempo.
En cuanto a tu pregunta de actualización me parece que el culpable es blogger¡¡ Así que esperá un tiempito y si no se actualiza volvé a mi blog y avisame. Te sugiero poner entre los blogs que sigue el tuyo y así ves si se actualiza o no sin salir de la página. Aunque te parezca vanidoso jaja¡pero es de mucha ayuda¡¡ un besito y me cuentas entre tus seguidores. Cualquier cosa estoy atenta a tus dudas¡¡