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Mostrando entradas de octubre, 2009

100 cosas que odio parte III

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10 cosas que odio del calor (dudo que me alcancen):

- que la gente vaya a correr al parque cuando hace 41º de sensación térmica

- que las mujeres anden con el pelo suelto cuando yo quisiera estar pelada

- que las chicas lindas no transpiren y yo transpiro hasta por los poros que no tengo

- que me caigan las gotitas de los aires en la cabeza como cagada de paloma

- entrar a un lugar fresquito, como un negocio, y en algún momento irme

- que la gente diga "que lindo el verano para tomar sol" (no es necesario este calor de mierda para tomar sol)

- que el auto esté rrrre caliente como un termo cuando me subo y me sofoque

- que si ven un día de 35º salen todos corriendo a ponerse ojotas y cruzarse a la isla

- bañarme y seguir mojada pero de transpiración

- actividades íntimas? ni hablar. sin comentarios.


La reputamadrequelopario como odio el calor

Humberto, el intelectual

Mi infancia siempre estuvo rodeada de intelectuales fuma pipa y divagadores debido a los universitarios amigos de mi mamá.

Como mi familia es muy pequeña (consta de mi madre y yo), nuestros viernes o sábados por la noche no eran asados familiares con chicos correteando alrededor de la mesa, sino cenas en casa de uno que otro amigo bizarro de mamá.

Me acuerdo, particularmente, la casa de Humberto. Humberto era un hombre alto, canoso de pelo y barba y con voz de macho cabaretero. Era un solterón atorrante y siempre salía con alguna mujer ignorante 8 años menor que él que no entendía nada de lo que uno decía pero igual se reía como tonta y flameaba su hippie cabellera. Usualmente eran unas flaquitas divorciadas que estaban pasando por una etapa freak pos divorcio, con nuevas experiencias y se babeaban por un intelectual con dos neuronas y un habano. Siempre tenían algún hijo chiquilin (pero más grande que yo) que nunca podía venir a las cenas porque estaba con el papá o se iba a los b…

Es que no me tienen paciencia

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Hace unas pocas semanas me encontré con el noviomío en el centro y decidimos ir a matar el tiempo, hasta la hora de la cena, a una cercana YPF conocida a tomar algo y comer frituras hasta reventar.

Cuando nos estábamos retirando de la estación de servicio, al salir por la puerta de vidrio de esas que se abren 1,5 segundos antes de que te la des contra la nariz, yo observé una canaleta que había debajo de mis pies donde pasaba agua con brillito de nafta. Cuando miré con más detenimiento pude ver una brillosa (y no por la nafta) moneda de un peso presa en las aguas aceitosas en el fondo de la canaleta.

Tan poco disimulada, me frené en seco, me incliné y apoyada sobre mis rodillas y con el pelo que me tapaba la cara miraba entretenida la monedita y reproducía en voz muy alta, como siempre, mis espontaneas historias inventadas sobre cómo podría haber sucedido para que esa moneda llegará ahí:

Yo - Seguro que se le cayó a uno de esos que va a bailar al Rey y cuando salió del boliche se vino a …

Aclaración para empezar de nuevo

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Este blog no tiene como finalidad hablar de sentimientos encontrados o perdidos. No escribo acá ni para ponerme meláncolica ni para dar lástima. Mucho menos quiero poner triste a quien me lee, pero me es casi imposible retomar las ganas de escribir sin antes explicar (me) lo que pasó.
Necesito decirlo para volver a empezar, una vez más.


El jueves pasado se me fue el hombre más importante de mi vida. Mi viejo.
Lo conocí hace 8 años y para mi fue como haber pasado con él toda mi vida. Se llamaba Silvio y era carpintero. Fue un gran hombre en todos sus aspectos: Honesto, bondadoso y fiel. Pero por encima de todas esas cosas fue mi viejo cuando no tenía ninguna obligación de serlo. 


Sé que con el tiempo Silvio irá apareciendo acá acompañado de mis más queridos recuerdos de él. Ahora, hasta nombrarlo me genera un gran dolor, pero sé que mi mejor forma de homenajearlo y agradecerle los pocos años juntos será contándoles a ustedes mis historias junto a él.

Los media hora de Graciela

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Resulta que esta tarde, paseando el perro por el barrio donde vivía mi abuela, pasé por la casa de Graciela.

Graciela era una amiga de mi abuela que vivía a 2 casas en la misma vereda. Para mi corta edad de 5 años, Graciela era una mujer grande pero en realidad no debía tener más de 50 años para ese entonces. Tenia el pelo corto del color de un mueble de algarrobo mal lustrado y casi siempre se le veían las raíces. Era muy flaca y alta, tenia la cara poseada por un grave acné que debe haber tenido en la adolescencia y aunque era muy buena y muy agradable, cuando se sonreía te daba miedo y querías cruzarte de vereda.
Graciela, obviamente, era una solterona que vivía con su madre senil en una casa con un frente sin jardín. La puerta principal no se utilizaba, entraban y salían por un pequeña puerta de madera carcomida con un mosquitero oxidado y destrozado.
La madre de Graciela se pasaba el día sentada en un sillón, que alguna vez tuvo un tapizado de flores, y miraba, a través del mosqui…