31 de diciembre de 2009

BIENVENIDO 2010!!!!!!!

Hola 2010!

Te recibo con esta canción:



(el video tiene una intro malísima, pero después promete)

Tu tiempo se terminó 2009.
It's time to die.
(Que ganas de decirte eso que tenia)

BLONDA2010!

29 de diciembre de 2009

El librito celeste que te hizo llorar


Un mediodía de domingo te encontré en la cocina, en tu cocina. Tu creación propia, diseñada por vos, para tu comodidad. Fruto de tus ideas y de tu gran imaginación, que planeaste para hacer todos tus asados de vejez, esa que nunca pudiste terminar.

Estabas cortando la carne en una de tus tablitas de madera ranurada para que el jugo no se derrame. Otra de tus delicadas y grandes creaciones.

Llegué y te mostré un librito de tapa celeste que había encontrado en la biblioteca de arriba y que me parecía una interesante lectura.

Me miraste de reojo, sin dejar de cortar la carne y me pediste que te mostrara la tapa. Sonreíste y te ruborizaste. Casi susurrando me confesaste que ese era tu libro de amor preferido y que las veces que lo habías leído, habías derramado lágrimas, que de otro modo, conociéndote, nunca hubieras soltado.

Me mostraste una faceta oculta tuya: Eras un romántico. Me enternecí tanto de verte colorado y timidón. Me acerqué y te dí un beso en tu cachete pinchudo y te prometí leerlo rápido para compartir juntos el relato y la emoción.

Ayer lo terminé de leer y lloré como vos me dijiste que iba a llorar, lloré como vos llorabas al leerlo y lloré más porque ya no estas acá para para llorarlo conmigo.

Te extraño. Cada día un poco más.

28 de diciembre de 2009

No quiero la Cosmo


Yo me informo digitalmente, es decir, leo los diarios vía internet y casi nunca utilizo un quiosko de revistas. Hasta podría decir que le perdí el tacto a la interacción diariero - cliente. Pero existe una sola cosa que sigo comprando en un puesto de diarios: Revistas sobre música.

Aunque me cuesta, me cuesta empezar la conversación con el diariero. Además, tengo serias dudas sobre si debo agarrar yo sola la revista que quiero, mostrársela al hombre y abonar, o si tengo que solicitarla y esperar que él la saque aunque yo la tenga a 20 cm.
También me siento bastante incómoda buscando mi revista entre Hombres, Playboy y Maxim porque parece que en realidad miro esas tapas pero yo busco un signo de rock and roll entre tanta teta y culo.
Me cuesta, me cuesta ir a comprar una revista.
Y la experiencia de la otra vez, no me facilitó el trámite:

QUIOSKO NAMBER ONE: Comienza la búsqueda

Blonda, muy incomoda buscando su revista perdida en un montón de tetas y culos - Hola sí, qué tal, estoy buscando la Inrockuptibles.

Diariero 1 - mm...no esa no la tengo, tengo la del mes pasado o la RS.

Blonda más incomoda - No, no quiero ninguna de esas. Quiero la Inrockuptibles de Diciembre.

Diariero 1 - Bueno nena, si no querés ninguna de esas tengo la Cosmopolitan que viene con regalo por la navidad.

Blonda indignada pero educada - NO! Gracias.

QUIOSKO NAMBER CHU: Frustración nivel 1

Blonda hablando bien rápido- Hola sí, qué tal, busco la Inrockuptibles (encima con lo que me cuesta pronunciar el nombre de la revista).

Diariero 2 - Vosssssssss sabesssssss que me llegaron rrrre pocas de esas. Pero tengo la Cosmo edición Navidad. Viene con una vincha para el pelo.

Blonda - NOOOOOOOOO!

QUIOSKO NAMBER THREE: A punto de enervar

Blonda monosilábica - Inrockuptibles

Diariero 3 interrumpido - Cosm...

Blonda - AGGGGGGGGGHHHHHHHHHHHH!

QUIOSKO NAMBER FOR: Resignación al palo.

Blonda bien antipatica y hablando bien rápido- Quiero la revista Inrockuptibles (pucha! como cuesta pronunciarlo) de Diciembre que en su tapa tiene a Julian Casablancas, no quiero la de Noviembre ni la RS con el resumen de todo el año, Y MUCHO MENOS LA COSMOPOLITAN CON LA VINCHA NAVIDEÑA. Tendría lo que necesito?

Diariero 4 bigotudo - 12 pé.

Blonda con ojos muy abiertos - Qué?

Diariero 4 bigotudo - Que sale 12 pé - Sacando algo de detrás de su mostrador.

Blonda casi al borde del llanto de alegría, hablando rápido de la emoción y arrancándole la revista al hombre de la mano - En serio? La tiene? En serio? La que yo quiero? No lo puedo creer, la busqué tanto, todo el día, con este puto calor, por toda la peatonal y nadie la tenia y todos me ofrecían cosas que yo no quería y yo solo quería mi Inrockuptibles (qué difícil de pronunciar) !!!

Diariero 4 bigotudo - Eh! si hubieras empezado por acá! A mi me quedan como 5.

Blonda shockeada pero con su Inrockuptibles en la mano - ........... (mentalmente lo estaba estrangulando)


A partir de ahora, me suscribo, que me la manden a casa y chau.

Blondaaaa. pero tiene su Inrockuptibles (jaja que nombre jodido!)

24 de diciembre de 2009

100 cosas que odio parte V




10 cosas que odio de la navidad:


- Que la gente te desee "felices fiestas"

- Que todos los canales de TV pasen mensajes melosos con buenos augurios y el slogan sea "siempre juntos".

- TODO ESTÁ DECORADO DE ROJO VERDE DORADO Y PLATEADO, TODOOOOO!

- Que pasen Mi pobre Angelito 1 y 2 44 veces en el mes. Y otras películas similares como la Shuarseneger buscando un muñeco de plástico para su hijo.

- Que seamos tan mediocres y pedorros que nos identificamos con la navidad nevosa y compramos decorados navideños cubiertos de "nieve".

- Las bombas de estruendo. No tienen gracias, asustan a los pibes, a los perros, a mi y ni siquiera tienen lucesitas de colores.

- La garrapiñada, las almendras y los budines con pedazitos de "frutos" plásticos desagradables.

- El pesebre con el pibe jesus demasiado desarrollado para ser un recién nacido. Y esos colores pálidos que caracterizan esa época. (me salió el ateísmo)

- Que se tome lemon champ! POR QUÉ LEMON CHAMP?! Y POR QUÉ AHORA?

- Que los locales armen árbolitos decorados a los apurones y los llenen de cajas envueltas en papel de regalo.


Seguro que me faltan un toco de cosas más. Pero...le dedicaré otros 10.

Blonda, odiando la Navidad...NO-SE-SI-QUEDO-CLARO

22 de diciembre de 2009

Estúpida Navidad



Odio la navidad capishe?

Ya sé que no es para nada original odiar la navidad porque se ha puesto re de moda odiar la navidad, ser el amargo de las fiestas y pasarte la noche al lado del árbolito ingiriendo grandes cantidades de alcohol y turrón mientras le gruñís a todos los parientes.

Bueno, yo también odio la navidad. Pero no odio año nuevo.

Año nuevo me cae re bien porque es donde uno tira a la mierda el año viejo, se encopeta y se promete tener un año mucho mejor que el puto que acaba de terminar. Cuando saltan los fuegos y se hicieron las doce, todos miramos al cielo y prometemos un montón de cosas que sabemos que no vamos a cumplir.

Pero la navidad no me gusta. Navidad no sirve para nada más que para gastar dinero de compromiso en mucha gente, comer garrapiñada y budines con frutitos de colores que encima son espantosos. Y recibir regalos de un montón de tíos que no tienen ni idea que te gusta entonces te compran la clásica “bombachita rosa”.

La navidad es linda para los chicos, porque juegan con las estrellitas y se preguntan cada 15 minutos cuánto falta para las 12. Pero para los que ya perdimos la inocencia y navidad solo les recuerda a malas épocas, es una noche de mierda.

Pero mi odio a la navidad no es de siempre. Yo quise la navidad hasta mis tiernos 8 años de edad. Después le fui sumando odio años tras años por otros motivos, pero mi primer motivo para odiar, o dejar de querer a la navidad fue este:

Todas las navidades las pasábamos en la casa de mi abuelita en La Florida con una familia amiga que tenia una nena de mi edad, Inés, y un nene insoportable llamado Iván unos años menor que nosotras.
Yo hasta esa navidad creí fervientemente en Papá Noel. 3 años antes lo había visto caminar por la vereda de mi casa a las 00.01 y si yo lo había visto era porque efectivamente existía. Ya se que estaba bastante grandecita para seguir creyendo esa boludez, pero como no había ninguna prueba que demostrara lo contrario me mantenía fiel a mi recuerdo.

Esa navidad de mis 8 años me pasé la noche discutiendo con Inesita si Papá Noel era el señor barbudo o los lentudos de nuestros padres. Alrededor de las 11.45 la mamá de Inés propuso prender algunas estrellitas para entretener al pesado de Iván y nos llevó a Inesita y a mi a un costado del jardín y nos dijo:

Mamá de Inesita - Vengan chicas, vamos aprovechar que Iván está jugando para poner los regalitos debajo del árbolito al lado de la chimenea.

Mi mundo se vino parcialmente abajo. Todo empezó a girar y a moverse en cámara lenta. Había sido engañada por un impostor 3 años antes y todas mis teorías, metódicamente pensadas y justificadas en los recreos de la escuela a lo largo de mi vida ahora habían sido vencidas por una mujer con sandalias plateadas. Mi orgullo y mi intención por parecer madura me obligaron a fingir conocimiento de la situación y a poner los regalitos debajo del árbol con sus respectivos cartelitos con destinatario mientras me contenía los mocos.

A medida que ponía los parquetitos debajo del árbolito, no pude evitar pensar en mis compañeros de la escuela, en que pasaría cuando volviera y tuviera que confesar con vergüenza que había vivido todos esos años en una vil mentira y que ellos, mis amigos, tenían razón y yo, Gala, no. Cómo iba a ir a decirle a las tontas de mis compañeras con guardapolvo tableado que había sido engañada por mis progenitores y mis allegados.

Mientras llenábamos el árbolito con regalos gigantes que estaban etiquetados con el nombre INÉS e IVÁN y con regalos minúsculos que decían GALA. Me imaginé en la escuela, en el recreo a principio de año, siendo apuntada con los dedos juzgadores de mis compañeros y bombardeada con yummis por creer, ingenuamente, que existía Papá Noel.

Delante del árbolito puto, delante de la chimenea, de mi abuelita y de mi perro, maldije a mi familia por tenerme engañada tantos años, a Inesita por tener razón y a su madre por romper con mi fantasía y usar sandalias plateadas.

Ahora que re pienso esta historia como causa número uno para odiar la navidad, me pregunto:

QUÉ DERECHO TENIA ESA MUJER DE INTERVENIR EN MIS FANTASÍAS?!

18 de diciembre de 2009

Morochas discriminadas

Tengo el pelo castaño, que en verano va tirando a castaño claro por el cloro de la pile y en invierno por el sol de otoño se pone medio colorado. Pero soy castaña.

Me dicen Rubia, por otras cuestiones que no pienso explicar en este momento. Pero soy castaña.

Yo tengo 2 gatitas. Amanda, como la canción de Victor Jara, y la Sra. Mau, que se llama así porque dice "MAUUUUUUUUUUUUU" cuando pide la merienda.

Amanda es negra atigrada con blanco y la Sra Mau es colorada con rubio. Osea, una morochita y una rubia.

La Sra Mau, es una anciana que pasa 18 horas al día durmiendo y no es el miembro más activo de la familia. Amanda, en cambio, es una adolescente de dos años que está siempre corriendo, escarbando macetas y tumbando los adornos de las mesitas de mi mami.

Cuando los invitados llegan, Amanda sale a recibirlos, pero poca atención recibe. Casi todos dicen "ay que lindo gatito, es muy chiquitito" y no la vuelven a mirar. Amanda se esfuerza en captar la atención y lo único que logra es que la tilden de molesta.

Pero la situación se revierte cuando la Sra Mau, en su mejor comportamiento Garfield, se despierta de su novena siesta y hace su aparición estelar con cara de indiferente por delante de los invitados. Ahí la gente se abalanza sobre la gata pidiendo alzarla y diciendo que es lo más bonito que han visto. Ella, que es una interesada en mimos, acepta los halagos y las caricias hasta que el reloj marca que es hora de volver a dormir. Un "ohhhh" general se escucha por parte de las visitas cuando la gata rubia abandona la sala y lo único que queda es la saltarina morochita que pesa menos que un paquete de harina.

La Sra Mau es una versión vieja de lo que fue una gata sexy. Sigue teniendo vestigios de sensualidad cuando se retira de una habitación meneando el traserito. La otra es una bestia, que toma yogurt y no se lo sabe limpiar de la cara y camina medio chuequita.

En conclusión, a lo que voy, es que: Nuevamente he confirmado mi teoría de que las rubias, hasta en versión felino original, reciben mayor atención que una interactiva e imperactiva negrita.


Amanda, con su mejor cara de loca.


La Sra. Mau, con un sexy ojo entre abierto.

15 de diciembre de 2009

100 cosas que odio parte IV




100 cosas que odio sobre los programas de TV infantiles:

- Al dinosaurio Barney. Debajo de ese disfraz hay un gordo chivado que fuma habano y le toca el culo a las chicas de la producción. Y también odio la canción de presentación

- A Dora la Exploradora que se hace la que habla con el televidente y esos minutos eternos donde supuestamente hay un niño baboso contestando incoherencias

- Que los presentadores de Disney Channel hablen como idiotas. Los niños son niños no son idiotas, algunos sí, pero entienden si les hablan como a personas.

- Que enseñen recetas que todas necesitan "supervición de un adulto". Independencia jamás eh?

- Todas las manualidades requieren cosas que los pibes no tienen en sus casas. Ejemplo: 6 tipos de plastilina diferente. A menos que vivas en un jardín de infantes eso no lo tenes.

- A HI5 y al tipo vestido de azul con sonrisa macabra y a la pibita de pelo rosa.

- Que hagan preguntas como "Qué te gusta comer?" y pasen videos de un montón de mocosos diciendo MILANESA! desde una silla chiquitita. Los niños necesitan ver a otros niños hablando?

- Que ya no pasen Tom y Jerry en el prime time. ODIO ESO

- Cantan! TODO EL TIEMPO CANTAN!

- Que hagan obras de teatro que salen una fortuna para ver a 20 tipos como el del disfraz de Barney metidos adentro de muñecos tipo TELETUBBI que cantan y bailan por 2 horas.


Después se preguntan porque los chicos tienen problemas de aprendizaje.
ABABUBUBUPUAJIBUBU

12 de diciembre de 2009

Otra de taxista

Revisando mis borradores encontré este que no se porqué no lo subí antes:

El viernes a la noche, tempranito tipo 11 y media de la noche, con el noviomío nos tomamos un taxi con destino a mi hogar ya que la tormenta nos acechaba y teníamos unas películas copadas para entretenernos.

El tachero que nos tocó, en vez de tener la radio con tangos penosos o cumbias potentes, escuchaba solamente la radio de la central con su respectivo operador dando órdenes.

Operador - Rubén, necesito que vayas para el lado de Funes.
PPFF

claro, en la radio de nuestro conductor no se escuchaban las respuestas de Rubén.

Operador - No me importa, que se yo, llenale el tanque!
PFF

Operador - No pongas excusas Rubén
PFFF

Operador - Está bien, hace lo que quieras. No me importa.
PFFF

Operador - Ya está Rubén, no digas más. Gracias por nada
PFFF

Operador - A verrrrrrrrrrrrrr algún voluntarioso, no como Rubén, que vaya a Funes.
PFFF

Operador - Gracias Marcelo, vos si que sos un hombre.
PFFF

Luego de unos minutos de silencio, casi llegando a mi hogar, lo único que se escuchaba en el taxi era mi risita contenida y el noviomío que me decía que parara de reírme, Operador empezó hablar de nuevo:

PFFF
Operador - Crespo y Mendoza. Alguien para Crespo y Mendoza. Mendoza y Cresco, como les guste más.
PFFF

Operador - No se, no me preguntes si me gusta Avellaneda y Mendoza. Contestame si vas vos.
PFFFFF

Operador - No me parece ni cerca ni lejos. Contestáme YA si vas. Crespo y Mendoza, Mendoza y Cresco.

PFFFFFFFFF

Mi risa ya era incontenible, el noviomío que se averguenza con facilidad de mis comportamientos, suplicaba que me callara porque mis carcajadas eran demasiado evidentes:

Blonda/Galito - Es así siempre?

Conductor - No, sólo estos días medios ajetreados, lo vuelven loco al pobre, me da lástima.

Justo paramos en la puerta de mi casa y el noviomío se apuró en pagar para que yo no siguiera preguntando y conversando con el conductor. Cuando ya estaba por sacarme de un tirón del taxi, la radio sonó nuevamente:

PFFFF

Operador -
Carlos, hace 15 minutos me dijiste que ibas para zona sur. No estas en zona sur. Donde estás Carlos? No me tomes el pelo y decime la verdad. No soy boludo.

Y nuestro conductor tomó la radio con cara de verguenza y dijo:

Conductor - Ya estoy yendo, recién dejé una parejita. Estoy ennnnn caminoooooooo.
PFFFFF

Se dio vuelta, y con cara medio de arrepentimiento y enojo, me dijo:

Conductor -
Bueno, no me da tanta lástima en realidad

Y masculló un par de insultos pero el noviomío ya me había arrastrado demasiado lejos como para escucharlas.

8 de diciembre de 2009

El Rincón cantina bailable papá!

conversación por emesene con mi amigo Lee:

Galito - Che Lee, donde es la graduación hoy?

Lee - En EL RINCÓN

Galito - Ah ok. Dame más datos boludo

Lee - Jaja, es en frente a MDM

Galito - dije más datos

Lee - Uh, bueno Veramujica 3 o sea, Veramujica y Brown. Casi Francia.

Galito - Tomo nota

Lee - Pero no boluda, vos subite al taxi y decile al tachero "Al rincón" y va a saber seguro.

Galito - Ay Lee! quién conoce ese lugar! ni ahí. Bueno chau.


1menos10 me pasó a buscar mi amiga Joy por mi casa para ir a la graduación de Hoteleria que tanto prometía (nos prometía barra libre a cambio de 35 pé). Me subí al taxi en el que Joy venía y cuando arrancó el hombre, obviamente, hizo la pregunta pertinente:

Tachero - A donde chicas?

Joy - Veramujica 3

Tachero - Ah, Veramujica al 300

Joy - No, Veramujica 3, un salón de fiestas

Tachero que no entendía nada- Aha...

Galito - Veramujica y brown, frente a la puerta de MDM casi llegando a Francia.

Tachero seguía sin entender - Bueenoooo....

El camino fue largo y tedioso, más que taxi parecía carreta, el taxista se esforzó mucho en agarrar todos los semaforos en rojo y poner su radiocomunicador muy fuerte para que nosotras no pudieramos conversar.
Llegando al destino el hombre dijo:

Tachero - Chicas, ustedes van al Castillo del Rey?

Qué carajo era eso?

Joy, ya perdiendo la paciencia - NO! Veramujica 3! El lugar se llama EL RINCÓN!

Tachero - AHAAAAAAAAAAAAAAAA EL RINCÓN! PERO ME HUBIERAN DICHO ASÍ Y ERA MÁS FÁCIL! QUIÉN NO CONOCE EL RINCÓN? AHÍ SE CASO MI CUÑADA! EHEHEHE PERO EL RINCÓN QUE MOMENTOS AHÍ DENTRO.


ODIO ODIO reconocer cuando alguien tiene razón en cosas tan específicas y urbanas. Me re cago. tenía razón el muy guacho.

2 de diciembre de 2009

Colección: verano - casa

El martes pasado, no, no fue el martes, fue el miércoles, no el miércoles tampoco. Bueno, no me acuerdo bien que día de la semana pasada vino la vecina fifi (cholula) del 4 A para hablar con mi mamá sobre el incremento en el precio de las expensas, la ineptitud de los porteros, la mugre de la pileta y otros problemas graves en nuestra pequeña comunidad vertical.

Yo, que soy re mala anfitriona con mis amigos, pero re buena en mi papel de hija modelo ante ajenos (aunque puertas adentro sea una yegua) al llegar la Ofelia (la fifi, la cholula, la del 4to A) la recibí con la casa bien iluminada, un vasito de agua frio servido sobre un apoya vasos y desde una jarra de vidrio que podría haber fingido que era de cristal. Por último con una voz angelical y pestañeando mucho le dije que mi mamá la recibiría en "un momentito".

Ofelia, es muy parecida físicamente a Mirta Legrand. No tiene esa parva de años, pero está teñida, estirada, vuelta a estirar y se delinea el contorno de los labios hasta para ir a la pileta. No se lava el pelo en su casa así que va todos los días a lavarse y peinarse en la peluquería. Toda su vida se pinto las uñas de rosa pálido y sus 4 hijos parecen todos salidos de revista, menos el menor que tiene bastante cara de boludo. Sus prendas preferidas son aquellas que tengan MUCHO dorado, mucha piedra brillosa falsa incrustada y que griten el nombre de alguna marca internacional como D&G o Louis Vitton. Sus salidas, cuando no son sociales, son al supermercado con la empleada de delantal impecable que lleva el chango y recoje los productos que Ofelia señala despectivamente.

En fin, esa noche que Ofelia nos visitó, mientras parloteaba con mi mamá sobre los inconvenientes que nos rodeaban, me dediqué a servir la mesa y terminar de preparar la cena. Todo lucia perfecto: Una hija que recibía bien a los vecinos, que encima cocinaba y servía la mesa y! como broche de oro, conocía los problemas del consorcio y podía opinar crítica y argumentativamente frente al debate.

Esperando que se hiciera la carnecita al horno, me senté con Ofelia y mi mamá a debatir estas cuestiones tan importantes.

Blonda - No puede ser que no tengamos generador, la otra vez que nos quedamos sin luz no subía el agua hasta acá!

Hasta el papel de vieja cascarrabias me salía a la perfección. Era perfecto, nada podía fallar...hasta que...noté como Ofelia miraba mi vestimenta casera mientras yo hablaba. En su cara se iba formando una mueca de asco con sorpresa.

Qué tenia puesto yo que ofendió tanto a Ofelia?

- Una remera musculosa a lunares blancos, medio corta que dejaba a la luz mi prostituto tatuaje de un pastel
- Un shorcito a rayas azul y celeste
- Unas zapatillas botitas rojas
- y una hebilla en el pelo mojado color violeta.

Yo no entendía la mirada de repugnancia de Ofelia. Qué tenia de malo mi pijama? Cubría todo lo cubrible y hasta había tenido la decencia de recibir a la visita calzada!
Y entonces un solo, corto y estúpido comentario lo dijo todo:

Ofelia - AY! Jijijiji! Que graciosa estas así disfrazada de payaso. En serio te vestís así para estar en tu casa? Ayyyy Jijijiji, PERO SI NADA DE LO QUE TENES PUESTO COMBINA CON NADA!

Y no Ofelia, no pensaba que iba a recibir a los críticos de Proyect Runway en mi casa un miércoles, jueves o lunes a la noche. Pensé que venía la vecina a hablar asuntos del edificio!

Además, sabes qué Ofelia? ESTOY CÓMODA CON MI SHORCITO A RAYAS Y MI REMERA A LUNARES! fresquita y cómoda! Seguro que tu camisón de seda es rrrre molesto para dormir. Boluda!.


Aquí foto de lo que llevaba puesto esa noche. Un crimen a la moda. Versacce se revuelca en su tumba.

Blonda
. como no me fui a comprar una camisón con puntillas!

26 de noviembre de 2009

Charlas de ascensor


Vivo en un piso 12 y paso aproximadamente 5 minutos por día en el ascensor, ya sea bajando o subiendo. Con los años (ya van 20) he ido adquiriendo tacticas para evitar compartir mis ascensos o descensos con gente. Simplemente por el hecho de que no tolero las "charlas de ascensor".

Cuando estoy llegando a mi casa y viene algún vecino detrás mio, como la mejor ortiva, apuro el paso y me meto rápido en mi edificio cerrándole, prácticamente, la puerta en la cara al que viene atrás. Acto siguiente, me meto muy rápido en el ascensor esperando que, con mucha suerte, no me alcance.

En el caso de que tenga que bajar, osea de mi DPTO a la planta baja, y el ascensor para en algún piso, me escondo detrás del tablero para que el que está cerrando la puerta de su casa (y previamente llamó el ascensor) no vea ni escuche que éste llegó y yo pueda seguir mi viaje sola.

Pero en el único momento que estoy sin armas frente a compartir el elevador con vecinos es cuando yo voy a bajar y ya viene con gente. No puedo dejarlo ir, porque en general siempre estoy muy apurada, y debo tolerar bajar con quien sea. Pero aquí he encontrado otro recurso: La simpatía.

Es una nueva táctica que vengo practicando:

Me subo al ascensor y con mi mejor sonrisa, saludo, elogio alguna huevada que tenga mi compañero e acto seguido me doy vuelta y me miro al espejo hasta llegar abajo. Resultado: Soy educada y me ahorro seguir una estúpida conversación.

Pero esta mañana (bueno eran como las 2pm) la vecina que me encontré me arruino los planes:

Llega el ascensor, pispeo por el agujero y veo a Angélica, la del 15.

Blonda - Hola, buenas tardes Angélica, cómo estas? Me alegro, buenísimo. AYYY! vas a tejer a la pileta? Que lindo, divino, me encanta.

Casi sin dejar responder a la vieja Angélica, me dí media vuelta y empece a arreglarme el pelo mientras que, con mi boca, sostenía la colita y me impedía, apropósito, hablar. Pero no puedo evitar hablarme igual la muy zorra:

Angélica - Que calor viste?

PAF! EL COMENTARIO SOBRE EL CLIMA!
Blonda - UHHMMM - dije asintiendo con la colita en la boca

Angélica - Está como para salir en bikini.

Blonda - UHHHMMM - mientras pensaba "PUAAAJJJ ANGÉLICA EN BIKINI"

Angélica - Estas estudiando?
PAAFFF! LA PREGUNTA SOBRE LOS ESTUDIOS!

Ya sin saber qué hacer con mi pelo, tuve que atarlo y contestar.

Blonda - see....

Angélica - Qué estudiabas?
PAAFFF...!

Por suerte en ese momento llegamos a PB y pude escaparme mascullando un "comunicación social" y salí huyendo.

Después de esta conversación y haciendo un poco de autopsicología, descubrí qué es lo que me molesta de viajar con vecinos. No es que me moleste su presencia, ni siquiera me molesta conversar con ellos. Lo que me molesta son los temas de conversación.

Es imposible participar de una conversación de ascensor que no incluya hablar sobre el clima, sobre estudios o sobre los nietos que vienen bajando con uno. Porque encima si uno no hace un comentario sobre "que bonito que está pepito" o "ay juanita ya tiene un diente" sos un insensible que no quiere a los niños. Y no, no me interesa hablar de los niños que escupen, babean y manosean el espejo.

Me gustaría alguna vez compartir el ascensor con un vecino que hablara cosas interesantes. Temas de conocimiento común más allá del clima, los estudios y los hijos.
Aunque...no se me ocurre qué tema me gustaría hablar en 40segundos de ascensor...

23 de noviembre de 2009

El balillo

Hay muchas anécdotas que se heredan de generación en generación, y yo provengo de una familia que ha acumulado muchas a lo largo de los años.
Mi mamá es muy talentosa teatralizándolas, imita voces, gestos y narra deliciosamente.
Esta es una de las últimas:

Mis bisabuelos, de origen libanes, tenían un almacén en un alejado pueblo de Santiago del Estero. Un día, el tío que hacía el inventario enfermo gravemente y mi bisabuelo tuvo que encargarse de contar cuántos productos tenían de cada cosa. Al momento de contar cuántas cajas de escarbadientes había en el local no pudo encontrar en el libro de anotaciones del tío la sección donde se anotaban esos palitos. Busco como en la E de escarbadientes, en la M de mondadientes, en la P de palillo, hasta busco con el D de dientes, pero no hubo caso, no aparecía el inventario de cajas de escarbadientes.

Días más tarde, cuando el tío libanes mejoró, el bisabuelo le pregunto en qué sección anotaba él los escarbadientes y el buen tío libanes, en su mejor intento de hablar español, marco la B y dijo:

- En la B! de Balillo.

21 de noviembre de 2009

blanca y estudiosa

Hace una semana aproximadamente, me encontraba en el banco en busca del resumen de la tarjeta:

Blonda - Hola, qué tal?, vengo a buscar el resumen de la cuenta 4.761etc.

Sr. Banquero - Sí querida, aquí lo tienes

Sí, habla así. Creo que es de Misiones o no se donde mierda.

Blonda - Graaaccciiiiiassss

Y me quedé mirando los débitos del resumen ahí mismo en la ventanilla cuando el Sr. Banquero dijo:

Sr. Banquero - Estas muy blanca nena, tu deberías tomar más sol. Por qué no tomas un poco de sol del mediodía?

Ahí se me fue el buen humor que tenia, dejé de mirar mi resumen, levanté la cabeza y lo miré verde de la ira:

Blonda - Sabe por qué no tomo sol? Porque YO estudio en la universidad y estoy llegando a los finales y como mi intención es recibirme en los próximos 3 años prefiero resignar mi color tostado para poder terminar mi carrera pronto y ser profesional. No tengo tiempo de tomar sol, tengo cosas más importantes que hacer, eso lo hace alguien que está al pedo y yo si estoy blanca, no estoy al pedo.

Lo miré burlonamente y esperé respuesta...

Sr. Banquero - Bueno, mi hija estudia y tiene tiempo de tomar sol.

Blonda - Afortunada ella. Qué estudia?

Sr. Banquero - Diseño de modas.

Blonda - Ahhh bueeenoooo!!!!!!!!! ahora ya entiendo porque tiene tiempo de tomar sol!


Agarré mi resumen brutalmente, levanté mi mentón blanco, puse mi mejor cara de ofendida, y me dirigí a la puerta.

Viejo boludo.

19 de noviembre de 2009

Laura Divaga


En realidad esta es una devolución textual. Mi amiga Laura me escribió el texto más hermoso que alguien pueda haber escrito sobre mi para mi cumpleaños y quiero retribuir tan bello regalo para su cumpleaños número veinte. Probablemente no tenga tanto éxito como lo tuvo ella, pero al menos voy a intentarlo porque yo también tengo muchas cosas lindas para decir de ella.


Existen ciertas características de Laura que son las primeras que se me vienen a la mente cuando pienso en ella.

La primera es su sonrisa. Es probablemente la persona más alegre que conozco, aunque muchas veces yo sé que está triste, ella siempre le mete una sonrisa a todo. La única vez que vi llorar a Laura fue cuando Argentina quedó afuera del mundial Alemania en el 2006 y me echo la culpa a mi por romper la cábala para ir al baño. Entonces, esa fue la única vez que la vi llorar y encima fue mi culpa.

Hablando de mundiales, desde que conozco a Laura, desde hace ya 7 años (guaaa), ella dice que va ahorrar para el siguiente mundial y que va a ir a hinchar por Argentina. Cada vez que termina un mundial, se compra una coca cola de litro y medio, se la toma de sopetón, y le empieza a meter billetes y monedas por la boca. Hasta que llega un día que necesita cambio para el colectivo, comprarse una pintura de uñas azul nueva o sahumerios de pachuli y a la mierda los ahorros del mundial. Para cuando llega el siguiente mundial no tiene un peso y putea por no poder viajar al fin del mundo a alentar a su equipo. Así que nuevamente saca una botella de coca cola y de nuevo comienza la historia.

Otra de las características que definen mucho a mi Laura son los estornudos. Laura siempre tiene alergia a algo que anda en el aire. Empieza a estornudar compulsivamente y no puede parar hasta que los estornudos se mezclan con sus risas. Al principio de nuestra amistad Laurita le tenia alergia a mi casa de noche. Sí sí, a mi casa y de noche. Ella podía pasarse el día entero acá y cuando bajaba el sol empezaba a estornudar, la nariz se le ponía colorada y le empezaban a llorar los ojos. Por ahí se quedaba a dormir y se pasaba la noche moqueando y estornudando. Para cuando salía el sol toda la alergia había pasado.

La tercera y más destacable característica de Laura son sus brazos. Esas manos sin rumbo tienen la capacidad de tirar todo lo que esté en su camino, y lo que no esté también. Laurita es muy apasionada contando historias, y con sus narraciones, hay mucha gesticulación paralingüística, sus brazos comienzan agitarse en el aire para explicar una tormenta o para teatralizar un abrazo grande y rompe todo. Laura es la primera en volcar la coca cola en un cumpleaños y es la que tumba el florero de mi mamá cuando choca contra la mesa. Laura es la que se gira con tanto impulso que con su morral volca las cosas de la mesita al lado del sillón. Laura, con su cuerpo entero, tumba todo.


La cuarta y penúltima característica que define a Laurita es su capacidad de hacer amigos. Esta, probablemente, sea lo que más me molesta de Laura. A donde va hace amigos, y de los buenos. Hace amigos que perduran por años y ella no descuida a ninguno. Siempre los tiene en cuenta para hacer algún festejo, siempre se acuerda de sus cumpleaños y si viven lejos, Laura va a verlos a donde sea. Esta característica de Laura me molesta en realidad porque soy una celosa y una caprichosa que quiero todo para mi, y principalmente a mis amigas. SON MIS AMIGAS y las de nadie más. Por lo tanto Laura, mi mejor amiga desde hace puff 7 años, es MI MEJOR AMIGA y la de nadie más. Así que, que haga amigos todo el tiempo, me saca de quicio y me pone requete celosa. Los cumpleaños de Laura siempre están repletos de gente desconocida, porque son los últimos amigos que hizo hace 2 días. Laura va a Cosquín y trae amigos. Laura va a un recital y trae amigos, Laura se va de vacaciones y vuelve con amigos, Laura deambula por internet y hace amigos, Laura divaga y hace amigos. Laura, basta de amigos.


Por último la última cosa que pienso cuando digo Laura es en Laura en su función de mejor amiga mía. Pienso en estos 7 años juntas, en nuestras peleas por orgullosas en las cuales hemos pasado semanas sin hablarnos y extrañándonos pero negarnos a hacer la primera en pedir perdón. Cuando pienso en mi Laura pienso en amarillo y azul y en rojo y negro. Pienso en su hermano Julián, víctima de nuestras múltiples bromas, pienso en sus viejos, en sus perras y pienso en todas las cosas que pasamos juntas. En su fiel amistad, en su paciencia, su compañerismo y su amor por mi. Cuando pienso en mi Laura pienso en sus mensajes borracha, como el memorable "estoy yendo e erreneo", en nuestras miradas cómplices y en nuestras interminables charlas nocturnas.

Odio a la gente que se llama Laura y que no son mi Laura. Porque MI Laura es única y aunque haya muchas llamadas así, ninguna, nunca, aunque quiera, será como ella.


Felices 20 años Laurito.

Te quiero, pero eso, creo, que lo sabes.


Galito.

18 de noviembre de 2009

WARNING COLUMNA!


Hace dos días me encontraba en la infínita cola del Rapipago con la única finalidad de pagar mi abultada cuenta de Gas.
Como siempre, estaba enchufada (es decir escuchando música en el celularr porque soy re top) mientras esperaba mi turno.

Blonda tarareando - I will waitAs longAs itWill takeMe toGet backTo youLalalaaaaa!

Cuando un cartel llamó poderosamente mi atención y dejé de prestarle atención a mi nueva canción fávorita para leer atentamente lo que decía.

Sí, sí, la foto que acompaña este posteo es la imagen que retraté en ese momento del cartel que logró toda mi atención.

Surgiéronme las siguientes preguntas:

1. La columna, no es más llamativa que el cartel?
2. Uno no ve primero la columna y luego se fija en lo que está pegado en ella?
3. No es lo suficientemente grande como para no notarla a la pobrecita?
4. O si, bueno está bien,no viste la columna para cuando estas lo suficientemente cerca como para leer el cartel...ya viste la columna
5. No hubiera sido más práctico pintar la columna de algún color fosforescente y listo?


Bueno, conclusión me parece que gastaron papel azul, tinta y plastificado al reverendo pedo.

Blonda.I will waitAs longAs itWill takeMe toGet backTo youLalalaaaaa!

14 de noviembre de 2009

Una historia de amor de tercera posición


Se conocieron en un proceso de noches rosarinas con mucho alcohol y música. Comenzaron con unas miradas discretas, luego unas menos discretas, después unas miradas obvias, y fue necesario que ella amenazara con un novio para que él se hiciera cargo de la situación y se presentara oficialmente como un pretendiente.

Primero fueron unos besos, luego unos cariños escritos y más adelante cada uno se animó a decirse un "te quiero". Ella siempre fue la más fría de los dos, la más distante y hasta un poco desinteresada. Él, con una personalidad de Romeo, era capaz de escalar murales con enredaderas y dar serenatas a un balcón con reja del 5to piso.

Anacleta, la protagonista de esta historia, a veces bajaba la guardia y en frente de todos de sus amigos, abrazaba a Miguel, (su enamorado) le estampaba besos por las mejillas y lo miraba enamorada por tiempo infinito. Él, siempre atento, controlaba todos los movimientos de ella cuando salían juntos y se ponía muy celoso si Anacleta hablaba con muchos muchachos.

Los primeros meses fueron casi como una película de amor pero sin conflicto. Paseaban por los adoquines del teatro El Círculo en bicicleta y se reían cuando les temblaba la voz al pasar rápido por encima de ellos. Iban al cine y no miraban la película para poder seguir hablando y hacían eternas caminatas a la madrugada por calle Córdoba. Todos, optimistas, apostábamos a la flamante pareja.
Pero, existía un problema en Miguel que Anacleta no podía tolerar: Miguel era militante en un partido político que alguna vez se hizo pasar por populista y no podía tener una conversación que no incluyera hablar de su militancia.

Al principio, Anacleta como flamante novia, aguantó los discursos políticos de su novio, sus sueños de "revolución" y hasta tolero que él apoyara al gobierno de turno. Pero luego, la paciencia se le fue acabando y hacía oído sordo a los cuentos de su pareja e intentaba cambiar de tema constantemente. Miguel, por su parte, empezó a notar que Anacleta ya no lo miraba con ojos de enamorada ni lo escuchaba atenta por horas. Al contrario, la veía soplarse el flequillo, mirar distraída a los perros que paseaban y muchas veces suspendía las citas con él para ir a tomar mate al parque con las amigas.

Miguel en un intento desesperado de no perder a Anacleta se enojó, reclamo atención y exigió cariño, pero lo único que consiguió fue que Anacleta se enojara más que él y se distanciara un poco más. Con el tiempo Miguel dejó de ser un morochito con bicicleta simpaticon y pasó a ser una fiera enfurecida con mezcla de perro convaleciente. Pasaba de enojos interminables a lagrimeos húmedos y llantos que parecían mares. Su novia, fría y distante como era, no sabía como consolarlo y hasta le molestaba su conducta, sin embargo, había algo en Miguel que la atraía infinitamente.

Una noche de verano Anacleta salió con sus amigos y se embriagó seriamente. Clamó por la presencia de Miguel y él, con su bicicleta, salieron al rescate. Él la llevó a su casa, la acunó, la mimo y ella entre frases incoherentes y baba le pidió que le hablara de su líder político. Miguel contento le narro anécdotas donde su general peleaba contra la oligarquía y daba batallas obreras. Anacleta reía contenta, le hacía preguntas que se iban de contexto y le daba muchos besos. Esa noche Anacleta, ebria, sintió que el amor le volvía al cuerpo. Amaba a Miguel y no quería estar sin él.

A la mañana siguiente, Anacleta despertó resacosa pero feliz, iba abrir los ojos y a su lado su enamorado estaría tan feliz como la noche anterior. Los problemas habían pasado, y ahora gracias a una noche de alcohol, la alegría había vuelto. Pero cuando miró al otro lado de la cama, no había nadie. Se arrastró entre las sábanas y vio a su novio durmiendo en el sillón del living. Todavía animada fue y lo despertó con un beso. Pero él giro la cara y comenzó a mascullar insultos. Estaba enojado porque ella había roncado toda la noche, había hablado sola, lo había pateado y lo había empujado de la cama hasta tirarlo.

Anacleta no pudo aguantarse y largó en llanto. Agarró sus cosas y salió de la casa, corrió unos 200 metros y se sentó en el cordón de la vereda a ver como sus lágrimas se secaban en el pavimento. Cuando miró a su alrededor todavía había restos de basura de una noche de sábado glamorosa. En la calle, desparramados, estaban los vasos muertos que alguna vez contuvieron fernet y otras bebidas. Entonces miró más detenidamente y pudo observar que al lado de su zapatilla izquierda había una petaca vacía de Whisky berreta. La tomó con sus manos, vio la foto de un toro raquítico y paró de llorar. Tenia la solución a su crisis de pareja.

Esa noche volvió a la casa de Miguel y él la recibió con lo ojos llorosos y soplándose los mocos con un pañuelo de papel. Detrás de él había una pila de pañuelos usados sobre la mesita ratona y Titanic en el televisor. Anacleta revoleó los ojos intentando que la patética escena pasara rápido y sin hablar del tema de la mañana le dijo de cenar comida china.
Él se animo, pidió la cena y hablaron toda la noche. Cada vez que Miguel se distraía, Anacleta agarraba una petaca de whisky y le daba unos tragos largos. A la medianoche Anacleta bailaba al compás de un regeatton y Miguel ni notaba la borrachera de su novia. Otra vez eran felices.

Anacleta se acostumbró a tomar antes de ver a Miguel y antes de que él abriera los ojos a la mañana. Guardaba la petaca debajo de la almohada y empezaba a beber a media mañana para que cuando su novio despertara mal humorado, ella ya estuviera demasiado ebria como para iniciar pelea. La petaca berreta con el toro raquítico se volvió casi el 3er integrante de la relación.

Un día nuestra protagonista descubrió que su problema había llegado muy lejos y decidió ponerle fin a la relación aunque Miguel llorara, pataleara y rogara por otra oportunidad. Su salud estaba antes que el novio militante. Tomó valor y se interno bajo su propia voluntad en REHAB, como si fuera una actriz hollywoodense.

Anacleta salió de rehab poco tiempo después e inmediatamente conoció otro muchacho. Un chico flacucho apodado Mister Bigotines, trompetista en una banda reggeea y adicto a la marihuana. Ahora, Anacleta es adicta al porro para poder sobrellevar su nueva relación amorosa y aguantar a su nuevo novio que según ella es "muy aburrido, habla lento y se olvida las cosas".

Se dice que Miguel se volvió adicto al whisky berreta con foto de toro raquítico y bebió tanto de esa sustancia que murió poco después de cirrosis, pero esos son rumores que dicen sus ex compañeros de militancia resentidos que no quieren aceptar que Miguel no pudo seguir militando después que Anacleta lo dejó.


Cualquier similitud con la realidad. Es pura coincidencia....

3 de noviembre de 2009

con gusto a menta escarlata


Ahora que me pongo a pensar, tengo un problema grave con las golosinas con dibujos de relojes. Habrá sido que tenia un rechazo inconsciente por los relojes en mi tierna infancia que canalice consecuentemente en las pobres golosinas? O simplemente era repugnantes?

(para entender de qué hablo leer previamente este texto )

En fin, me acordé de los After Eight y mi tía Lilia.

Como ya conté en otros relatos, mi familia está compuesta por mi mamá y yo. Ella es hija única, su mamá era hija única, yo soy hija única y mi papá por su parte también es hijo único. Por lo tanto me escasean primos, tíos, y parientes varios. Así fue como mi mamá intentó llenar esos vacíos incorporando a sus amigos con rótulos de parentesco.

Tía Lilia era, en principio, nuestra vecina del 15 B. Vivía con su pareja estable Roberto y no tenían hijos, en ese momento.
Roberto era un señor de negocios (o eso comprendía mi limitado cerebro de 7 años). Siempre llevaba un portafolios con candado de númeritos que yo, cuando iba a su casa, me sentaba eternos minutos a jugar al ladrón que sacaba la combinación numérica y abría una caja de seguridad con muchos billetes verdes. Era alto, con panzita, canoso desde joven y tenía mucha cara de cansado siempre.

Lilia, por su parte, era todo lo opuesto. Era petisa y menudita, casi un palito. Tenia una melena rubia natural al estilo Farrah Fawcett y un lunar perdido en algún rincón de la cara que ya no recuerdo. Siempre estaba sonriente y corría de una actividad en otra: Yoga, salsa, tap, danza clásica, etc. Jamas la vi trabajar, pero sé que trabajaba.
Lilia era de esas mujeres que deseaba con toda su alma tener hijos pero que, por circunstancias que no me incumbían, no los tenía. (paréntesis: Luego con los años, y sola, pudo concretar su sueño y tuvo a Rubí). Al no tener hijos propios, adoraba los ajenos. Tenia un no se qué con los chicos, nos entendía, nos divertía y nos hacía regalos perfectos.

Lilia y Roberto eran una pareja viajada, recorrían el mundo por supuestas cuestiones laborales y venían con los mejores regalos y utencillos de cocina jamas vistos.

Roberto, en una de sus tantas idas a New York me trajo a mis cortos 5 años una valija de magia de la jugeteria Duncan (sí sí, la jugueteria donde Macaulay Culkin logró el odio internacional de los niños en Mi Pobre Angelito 2) La cuestión es que el juego estaba todo en inglés y aprender a hacer los trucos de magia fue chino básico, pero ese es otro cuento.

En ese viaje, Lilia me trajo también caramelos Skittles que, en ese momento para mi, las únicas bolitas de colores comibles eran los M&M o Rocklets. Pero estos eran de frutas. Cuestión que, ignorante yo, me metí de un bocado unos 20 y los escupí desilucionadísima de que no tuvieran chocolate. Con los años de olvido se pudrieron y a la basura 500gramos de Skittles. Que pelotuda por favor con lo que me gustan ahora.

Bueno, resulta que, como a mi me correspondían los decepcionantes caramelos, a mi mamá le tocó una caja de lata verde con un relojito inglés en la tapa y en letra cursiva finolí decía After Eight. Al abrirlo había unos pequeñitos envoltorios que parecían ser de té que forraban algo con rico olor de forma individual.
Recuerdo que prácticamente tire los Skittles por los aires y me abalance sobre la caja brillosa verde escarlata con sutiles envoltorios. Adentro? Chocolates en forma de cuadrado perfecto con un suave relieve como de esos que hace el viento en la arena cuando nadie caminó por ella en largo rato. Eran finitos y con bordes curvos y olor mucho muy rico.
Con ojitos llorosos y de hija única malcriada, rogué, supliqué, imploré que me dejaran comer de esos. Mi mamá, una dulcera infalible, se defendió argumentando que yo ya tenia mi juego de magia y mis caramelos feos y que ese era su regalo. Así que recurrí a Tía Lilia que ella me iba a defender.
"Dale uno, para que pruebe" dijo Lilia
"Pero no le van a gustar" dijo mi mamá.
Lilia sonrió y ganamos la batalla. Recibí un sobrecito individual con mi tesoro más preciado.

Me acuerdo que me senté en unos almohadones del suelo y saqué de su perfecto envoltorio un reluciente cuadrado de chocolate. Como era niña, y los niños transpiran mucho, pronto se me empezó a pegotear en los dedos y no tuve más opción que dejar mi fascinación de mirarlo y comerlo de una vez, así que me mandé el chocolate todo junto y de forma horizontal a la boca e imaginé que sería un gusto inigualable, paradisíaco, extraordinario, imaginaba mis papilas gustativas deleitándose con un sabor fuera de lo normal, un sexto sentido, un chocolate...espantoso. Qué era eso verde que le salía de adentro y picaba en la lengua? Qué era ese aliento refrescante que salía de mi boca? Qué tenia ese chocolate adentro? Tenia menta. MENTA!

En ese momento me acordé de los Chiclets de menta que comía mi papá y yo se los chupaba hasta que le salía se les iba el gustito rico y venía el de menta que me daba impresión.
Fue entonces que se me empezaron a caer las lágrimas por el fuerte gusto a menta y tragué como pude el venenoso chocolate verde y con él mi orgullo.
Corrí al baño y me lavé rápido la boca con el cepillo de dientes a lo Mafalda como cuando comía sopa. Y salí con mi mejor cara de actriz, dando brincos y diciendo que yo ya estaba demasiado grande como para comer chocolates en cajitas ridículas y que no quería ni uno más.

Mi mamá vio que todavía tenia los ojos colorados pero tuvo la delicadeza de no decir nada al respecto por lo que restó de la noche. A la hora de irse salí al palier a despedir a Tía Lilia, le agradecí tan lindos regalos, le pedí que no volviera a irse tanto tiempo y la abrace muy fuerte como hacía siempre, un poco para que supiera cuánto la quería y otro poco para quedarme con algo de su rico perfume. Ella se agachó contenta a recibir mi abrazo con una sonrisa grande que la caracterizaba y me susurro despacito al oido para que el palier no escuchara: "Que rico olor a menta".

30 de octubre de 2009

100 cosas que odio parte III


10 cosas que odio del calor (dudo que me alcancen):

- que la gente vaya a correr al parque cuando hace 41º de sensación térmica

- que las mujeres anden con el pelo suelto cuando yo quisiera estar pelada

- que las chicas lindas no transpiren y yo transpiro hasta por los poros que no tengo

- que me caigan las gotitas de los aires en la cabeza como cagada de paloma

- entrar a un lugar fresquito, como un negocio, y en algún momento irme

- que la gente diga "que lindo el verano para tomar sol" (no es necesario este calor de mierda para tomar sol)

- que el auto esté rrrre caliente como un termo cuando me subo y me sofoque

- que si ven un día de 35º salen todos corriendo a ponerse ojotas y cruzarse a la isla

- bañarme y seguir mojada pero de transpiración

- actividades íntimas? ni hablar. sin comentarios.


La reputamadrequelopario como odio el calor

23 de octubre de 2009

Humberto, el intelectual


Mi infancia siempre estuvo rodeada de intelectuales fuma pipa y divagadores debido a los universitarios amigos de mi mamá.

Como mi familia es muy pequeña (consta de mi madre y yo), nuestros viernes o sábados por la noche no eran asados familiares con chicos correteando alrededor de la mesa, sino cenas en casa de uno que otro amigo bizarro de mamá.

Me acuerdo, particularmente, la casa de Humberto. Humberto era un hombre alto, canoso de pelo y barba y con voz de macho cabaretero. Era un solterón atorrante y siempre salía con alguna mujer ignorante 8 años menor que él que no entendía nada de lo que uno decía pero igual se reía como tonta y flameaba su hippie cabellera. Usualmente eran unas flaquitas divorciadas que estaban pasando por una etapa freak pos divorcio, con nuevas experiencias y se babeaban por un intelectual con dos neuronas y un habano. Siempre tenían algún hijo chiquilin (pero más grande que yo) que nunca podía venir a las cenas porque estaba con el papá o se iba a los bailes del colegio. Es decir, no había forma que yo me codeara con gente de mi generación en esas noches de verano llenas de humo de tabaco.

Humberto vivía en un departamento de calle Paraguay cerquita de la plaza Pringles. Era un sucucho con olor a libro mezclado con whisky y cigarrillo. Las paredes casi no se veían porque las cubrían estanterías con libros de gente desconocida. Casi todos estaban maltrechos, descuidados, muy sensibles y con mucha cinta scoch de muletilla. Si los abrías casi todas las dedicatorias eran de alguna mujer con una seductora letra cursiva y siempre tenían fecha de Mayo Francés.
No había sillones, sino una gran cantidad de puffes de cuero marrón curtido por los años desparramados en el suelo. La alfombra era de lana y tenía alguna desconocida figura y en los pocos espacios de pared donde no estaban los libros, había unas fotos enmarcadas en vidrio de alguna peluda mujer desnuda con frases al pie que mi lengua se enredaba si las intentaba pronunciar.

El comedor improvisado de Humberto era una pequeña mesa de esas que hay en los bares y tenia unas cuantas, pero prolijas, manchas de taza de café. La iluminación de la casa siempre era escasa. Provenía de alguna lámpara de pie ubicada en un rincón y otra sobre la mesa con una pantalla que opacaba aún más la poca luz.

Nunca comí nada rico en esa casa, los menues siempre eran creaciones exóticas por parte de la novia de turno que intentaba hacerse la bohemia preparando "exquisiteses" con mariscos, vitel toné y verduritas hervidas. Todos elogiaban y comían mientras tomaban vino en grandes copas que parecían una pecera y de fondo se escuchaba una que otra música del mediterraneo.

Al finalizar la cena, el público le suplicaba a Humberto que sacara de la desvencijada y polvosa biblioteca su último libro de poesías, 
que siempre tenia de tapa un dibujo en birome negra, y leyera algún pasaje de amor. El silencio se hacía inmediato y todos pegaban ojos y oídos al poema de Humberto. Él fingía modestia pero disfrutaba revolver el vino y leer apasionado poemas mientras los hombres se lamían los restos de vino tinto del bigote y las mujeres enrollaban sus rulos largos y pestañeaban risueñas. 

Después del helado
 con gustos borrachos y aburridos, la cena se volvía pesada: Los comensales se pasaban de tragos y el humo se volvía espeso y asfixiante. Las risas se volvían viciosas y los ojos se ponían rojos. Pero el vino nunca se terminaba. 

Ahí era cuando mi mamá me rescataba del viejo puff. Se acercaba despacito a mi cama improvisada, me acariciaba la frente transpirada para despertarme, me daba una sobria sonrisa y me clamaba por huir. Juntas, escapábamos de la cena intelectual y nos íbamos a otra heladería pidiendo, esta vez, un helado de verdad.

20 de octubre de 2009

Es que no me tienen paciencia


Hace unas pocas semanas me encontré con el noviomío en el centro y decidimos ir a matar el tiempo, hasta la hora de la cena, a una cercana YPF conocida a tomar algo y comer frituras hasta reventar.

Cuando nos estábamos retirando de la estación de servicio, al salir por la puerta de vidrio de esas que se abren 1,5 segundos antes de que te la des contra la nariz, yo observé una canaleta que había debajo de mis pies donde pasaba agua con brillito de nafta. Cuando miré con más detenimiento pude ver una brillosa (y no por la nafta) moneda de un peso presa en las aguas aceitosas en el fondo de la canaleta.

Tan poco disimulada, me frené en seco, me incliné y apoyada sobre mis rodillas y con el pelo que me tapaba la cara miraba entretenida la monedita y reproducía en voz muy alta, como siempre, mis espontaneas historias inventadas sobre cómo podría haber sucedido para que esa moneda llegará ahí:

Yo - Seguro que se le cayó a uno de esos que va a bailar al Rey y cuando salió del boliche se vino a comer algo acá para bajar el alcohol y cuando salía se le cayó la moneda por borracho. Debe haber puteado de acá a la casa y se debe haber ido pateando cuanto tacho se debe haber cruzado.
No, no, seguro que se le cayó a un pobre niño infeliz que soñaba con comprarse un chupetin con chicle y que no llegó a entrar. Ja! que gil, debe haber llorado toda la tarde.
O capaz que se le cayó a una pobre chica que justo contaba con esa moneda para tomarse el bondi para ir a rendir su última materia en la facu y recibirse. Pobre, perdió la mesa de examen por culpa de esta monedita bicolor.

Mientras yo divagaba entretenida sobre la desafortunada suerte del que perdió la moneda y movía la patita como pisando un pucho, salió del interior de la estación de servicio un gordito con la gorrita obligatoria de YPF con los cachetes colorados y muy intrigado por mi posición desde hacía casi 2 minutos y preguntó:
Gordito con gorrito de YPF - Pasa algo señorita?

Y antes de que yo pudiera contestar, el noviomío se me adelantó y dijo muy fastidiado y casi avergonzado:
Noviomío - No pasa nada, está pelotudeando.

19 de octubre de 2009

Aclaración para empezar de nuevo


Este blog no tiene como finalidad hablar de sentimientos encontrados o perdidos. No escribo acá ni para ponerme meláncolica ni para dar lástima. Mucho menos quiero poner triste a quien me lee, pero me es casi imposible retomar las ganas de escribir sin antes explicar (me) lo que pasó.
Necesito decirlo para volver a empezar, una vez más.


El jueves pasado se me fue el hombre más importante de mi vida. Mi viejo. 
Lo conocí hace 8 años y para mi fue como haber pasado con él toda mi vida. Se llamaba Silvio y era carpintero. Fue un gran hombre en todos sus aspectos: Honesto, bondadoso y fiel. Pero por encima de todas esas cosas fue mi viejo cuando no tenía ninguna obligación de serlo. 


Sé que con el tiempo Silvio irá apareciendo acá acompañado de mis más queridos recuerdos de él. Ahora, hasta nombrarlo me genera un gran dolor, pero sé que mi mejor forma de homenajearlo y agradecerle los pocos años juntos será contándoles a ustedes mis historias junto a él. 

7 de octubre de 2009

Los media hora de Graciela


Resulta que esta tarde, paseando el perro por el barrio donde vivía mi abuela, pasé por la casa de Graciela.

Graciela era una amiga de mi abuela que vivía a 2 casas en la misma vereda. Para mi corta edad de 5 años, Graciela era una mujer grande pero en realidad no debía tener más de 50 años para ese entonces. Tenia el pelo corto del color de un mueble de algarrobo mal lustrado y casi siempre se le veían las raíces. Era muy flaca y alta, tenia la cara poseada por un grave acné que debe haber tenido en la adolescencia y aunque era muy buena y muy agradable, cuando se sonreía te daba miedo y querías cruzarte de vereda.
Graciela, obviamente, era una solterona que vivía con su madre senil en una casa con un frente sin jardín. La puerta principal no se utilizaba, entraban y salían por un pequeña puerta de madera carcomida con un mosquitero oxidado y destrozado.


La madre de Graciela se pasaba el día sentada en un sillón, que alguna vez tuvo un tapizado de flores, y miraba, a través del mosquitero oxidado, como pasaba la vida. Delante de ella tenia un televisor, permanentemente prendido en canales de aire y depende cuál fuera la hora, la madre de Graciela estaba acompañada de Mirtha Legrand al mediodía, Lucho Avilés a media tarde, Susana Gimenez a la nochecita, los actores de Ricos y Famosos tipo 10 y antes de irse a dormir, los domingos, miraba el programa de las monedas doradas con Pancho Ibañez.

Cuando yo tenia unos 5 años la rutina de mi abuela, después del almuerzo y antes de la merienda, era ir a pasear por el barrio visitando todas las casas de sus amigas y recolectando florcitas, que por motivos desconocidos, no crecían en nuestro jardín.

Para que mi abuela me llevara de paseo era imprescindible que yo cambiara mis atuendos de indio por los de nietita dulce. Eso incluía ponerme el moñito rosa, atarme el pelo con el peinado casco (una media cola que me elevaba la cabeza como 5 cm) y me pusiera alguna pollerita escocesa con medias a tono y zapatitos con tirita.

Depende para el lado que agarráramos la casa de Graciela era la primera o la última en visitar. Siempre deseaba que no tuviéramos que ir a lo de Graciela, no porque ella no me simpatizara, sino porque su casa tenia olor a viejo condensado y me obligaban a besuquear a la madre quien siempre me preguntaba quién era yo y me ofrecía ver a Lucho Avilés con ella.
Por suerte mi abuelita siempre detectó mi cara de horror frente a semejante oferta y decía que yo me iba a quedar con ella en la cocina mientras tomaban mate.

La cocina tenía mosaicos en las paredes de color marrón con dibujos de mazorcas (mazorcas suena más decadente que choclos) y de fondo sonaba permanentemente la radio de tango. Raramente, en la casa no había un gato. De la cocina se podía ver el patio trasero, que en realidad no era un patio, sino una zona liberada con malezas y pastos que se habían comido el patio.

Cada vez que entraba a esa cocina me deprimía, o tal vez era el tango viejo y lloroso sonando de fondo que hacía aún más decadente mi estadía. Me sentaban en una silla de hierro tapizada en plástico y así pasaba por lo menos 20 minutos hasta que mi cara de fastidio era tan evidente que Graciela con su sonrisa poco amigable, pero que si era amigable, abría la desvencijada alacena y sacaba el tesoro más precioso: La caramelera.

Mis ojos se abrían como dos canicas y me empezaba a babear como perro mientras la caramelera se acercaba casi en cámara lenta hacía la mesa de aglomerado. En ese momento, de fondo y muy bajito, se escuchaba la voz de mi abuelita diciendo que solo comiera uno y dijera "muchas gracias".

La caramelera de porcelana con florcitas pintadas a mano se posaba delante mio y Graciela muy amorosamente la abría y me decía "agarra cuántos vos quieras Tesoro".

Ahora, rememorando ese momento yo me pregunto como pude ser tan ingenua. Iba a esa casa todas las benditas tardes y en el fondo, muy en el fondo de mi inconsciente, yo sabía que tenia esa caramelera, pero sin embargo, siempre caía en la trampa y volvía a impacientarme por averiguar su contenido.

En el momento que se abría la caramelera el tiempo se detenía. No había más tango, no más Lucho Avilés, sólo yo y la porcelana. Estaba ahí, tan cerca de la alegría, del motor para seguir el paseo, de la nafta para aguantar la casa de Graciela, ahí estaban, tan cerca mio...los caramelos media hora.

De golpe volvía a la realidad, al tango, a Lucho, a la viejita senil, a Graciela y sus pocitos y a las mazorcas de la pared. Ya era tarde, ya me había impacientado, ya me había mostrado alegre, ahora tenia que comerme el maldito caramelo medio hora.

Era como tomar el jarabe para la tos, como el palito que te meten en la garganta cuando vas al médico, era, literalmente, un vómito. En realidad dudo de que hayan sido tan feos como aburridos.
Ahí quedaba entonces yo acurrucada en la silla, que cuando se me transpiraban las piernas se me pegaban al plástico, masticando el aburrido caramelo media hora y rogando que se terminara de una vez por todas. Un día se me ocurrió pedir ir al baño y tirarlo por el inodoro, pero no funciono porque cuando Graciela veía que tenia la boca quieta me ofrecía otro y mi abuela decía que era mala educación no aceptarlo. Y ahí empezaba otra vez con el aburrido caramelo, que casualmente, duraba como media hora.

La visita en la casa de Graciela terminaba porque sino se iba al sol y todavía teníamos que ir a lo de Margarita y a la mercería. Igual, la despedida era larga porque siempre quedaba algún chisme por contar y yo seguía pegando saltitos rogando con la mirada que por favor partiéramos para poder escupir el caramelito en la esquina.

Finalmente mi abuelita me tomaba de la mano, saludaba a Graciela, y emprendíamos el viaje a la casa siguiente. Llegando a la esquina mi abuelita, sutilmente y casi distraída, me soltaba la mano y seguía caminando dejándome detrás de ella a solo unos pasitos. Yo, entonces, aprovechaba esos escasos segundos antes de correr detrás de ella, me acercaba al cordón de la vereda y escupía el caramelo media hora en la rejilla llena de hojas. Después de saborear mi rica y divertida saliva sin el media hora, levantaba la vista para verificar que nadie hubiera visto mi crimen y era cuando veía mi único y silencioso testigo: Mi abuelita quien me miraba disimuladamente a unas baldosas de distancia y sin darse vuelta me agitaba la mano y se reía muy bajito.



28 de septiembre de 2009

7 años de diferencia

Su dni empieza con 29 millones y el mio con 34, cuando él estaba en 5to año, yo recién empezaba 5to grado, él nació con los flamantes '80 allá por el '82 y yo raspando los '90 en el '89.

Durante 20 días nos llevamos 6 años, después siempre 7. Él, a esos escasos días, los disfruta creyendo que así está un poco más cerca mío.
Iluso él que no se da cuenta que siempre está cerca mío. Él, su dni empezado con 29, sus 7 años, su generación '82 son sus características preferidas mías, además de su sonrisa y sus ojos.

Si no existieran esos largos años de diferencia...Cómo nos burlaríamos uno del otro? En base a qué compararíamos hechos históricos?

Definitivamente, si él no me llevara 7 años de edad no sería el que yo elegí. Porque yo lo elegí así: 7 años más viejo que, cuando me mira, parece que tenemos la misma edad.


Feliz cumpleaños noviomío.

25 de septiembre de 2009

El que sigueeeeeeeeee

Estaba en una zapateria vulgar, comprando zapatos vulgares con una amiga poco vulgar. Al entrar sacamos número porque, al parecer, mucha gente compra zapatos vulgares.
A los pocos minutos pude observar que el sistema numérico no funcionaba. Había muchas mujeres concentradas alrededor del cajero gritando que las habían salteado y revoleando los papelitos color rosita en forma de bote.
Entonces me puse a mirar detenidamente por qué no funcionaba el sistema.
Era porque las mujeres se distraían mirando zapatos y olvidaban de mirar por cuál número iban? o era porque no soportaban la espera y querían pasar unas encima de otras?
Hasta que sucedió algo que me hizo cambiar de idea:

Una señorita zapatera se acercó a la caja y presionó el botón de número siguiente casi tan viciosamente como una persona apreta el botón del ascensor cuando no viene. Y dijo:

Señorita Zapatera - 38394041424344?

Todas las mujeres largaron los zapatos y se avalanzaron sobre la chica con sus respectivos númeritos...y otra vez comenzó el caos.

vivito y coleando

Si hay un tipo de gente que me cae mal, son los vivos.
Sí, esos estúpidos que se creen que por contestarte con una sonrisita, arquear una ceja y contestarte una pelotudez te van a levantar.
Algo tan clásico como pedir la hora.

Yo - Disculpame, tenés hora?
Vivo - Sí tengo (sonrisa, ceja, resputa idiota)

El punto es...que no me dio la hora.

Sinceramente, creyó que yo iba a caer rendida en sus brazos frente a semejante respuesta pelotuda?

24 de septiembre de 2009

Ciertas frases que NO se le deben decir a un estudiante universitario

Con respecto a la carrera:

- Y cuando te recibís...qué haces con eso? trabajo? vivo de mi oficio?

- Conseguís laburo con esa carrera? noooo, para nada, me mantiene el Estado.

Con respecto a nuestras responsabilidades como estudiantes:

- Vos no rendís en X días?

- Qué haces que no estas estudiando? disfruto el hecho de no estar haciendo eso.

Con respecto a la previa de un examen:

- Y cuando rendís? mañana mamá no me hables no me mires no me toques no existo. cerra la puerta
- Y...sabes todo? ¬¬ todo lo anterior.

- Te va a ir bien, si estudiaste. Qué sabes? eso sólo lo sé yo!

Con respecto al examen del cual venimos:

- Cómo te fue?

- Y cómo sabes que te fue mal?

- Y cómo sabes que te fue bien?

- Seguro que te fue bien

- Cómo que rendiste mal? Pero si sabías todo!


se les ocurre alguna otra grandiosa y odiosa frase?

Bizcochito

Oficina de defensa al consumidor - 13:55 horas - 18 de Septiembre de 2009 - Mambru se fue a la guerra que dolor que dolor que pena

Entré y una mezcla de olor a café con libro viejo concentrado me inundó. Había 3 viejecitas con cara de empleada pública distribuidas en diferentes escritorios maltrechos por todo el lugar. Y se comentaban diversos chismes de oficina:
Vieja namber one - Entonces yo le dije que no puede ser que deje siempre todo sucio, esto es como una comunidad. Más cafecito Miriam?
Vieja namber two - Dale, claro, lo que pasa es que ella es una nenita mimada que trabajaba en distrito centro y ahora no entiende que cuando a una la transfieren las cosas cambian.

La conversación fue interrumpida por mi presencia pero se zafaron de mi mandándome a sentar en una sillita cuasi destartalada. Mi sillita, que apenas se mantenía, apuntaba al escritorio de otra "señora mayor" que tenia el pelo teñido de un colorado dudoso y un batido fracasado de los '50 que se había convertido, debido a que los auriculares le aplastaban la cabeza, en un batido derretido.

La mujer le gritaba sin escrúpulos a un pobre diablo del otro lado del teléfono. Cortó abruptamente y luego de un largo y estrepitoso suspiro me clavó los ojos y me dijo que me sentara en otra sillita cuasi destartalada de su escritorio.

El escritorio de Lina (la vieja con el pelo batido y de color colorado dudoso) era un rejunte de viejos recuerdos de cumpleaños de 15 de alguna que otra sobrina. Esos souvenirs de colores rosa intenso que después de que les diera mucho tiempo el sol quedaron de un rosa pálido y casi tan deprimente como el recuerdo en sí mismo. Usualmente son flores artificiales con perlas incrustadas y cintas bebé que los envuelven. Pero ahora, son sólo tristes pedazos de plástico recubiertos de una fina capa de polvo.

Las paredes de la oficina improvisada de Lina estaban recubiertas de dibujos con garabatos en mil colores de algún que otro nieto que ella denominaría como: "todo un artista" que se iban despegando mes a mes de la pared llevando consigo la cinta scocht y también la pintura de la misma. El resultado de este enchastre es una pared llena de huecos de pintura, con polvo sobre lo que era el pegote de la cinta y los colores de los dibujos ya casi desteñidos.

Por último, el mismísimo escritorio de Lina era una acumulación de papeles encimados que nada tenían que ver unos con los otros. Juro haber visto un almanaque del 2006 y varios reclamos mezclados con manchas de café. Los souvenirs, como tantos otros cachivaches, habían ido invadiendo el escritorio hasta que, ahora, sólo quedaba un pequeño cuadro de 30 x 30 donde Lina desempeñaba sus tareas. En la esquina derecha inferior del escritorio estaba posado, milagrosamente con 3 patas, un pequeño elefante de porcelana pintado con el clásico estilo craqueado y en la trompa enrollada tenía metido un billete de dos pesos plegado en forma de abanico lleno, como todo, de polvo.

Estaba muy distraída mirando todos estos detalles cuando Lina, que al parecer ya me había hablado bastante sin que yo la escuchara, me miró, me escupió un poquito y me dijo:

- Necesito las facturas completas para completar el reclamo Bizcochito.

20 de septiembre de 2009

100 cosas que odio parte II

10 cosas que odio en la casa:

- que la pava no chille y nunca sepa cuando está hirviendo el agua.
- abrir la puerta del placard y se me caiga todo.
- que la heladera no cierre y no sepa qué es lo que lo impide.
- llegar a las 5 am y encontrarme la cama llena de ropa que no elegí y tener que sacarla.
- que la puerta de entrada haga ruido cuando entro y delate mi llegada.
- la puerta del horno que se cae.
- que nadie entienda como se abren las alacenas de mi casa.
- que nunca haya comida.
- que suene el teléfono y nunca es para mi.
- estar saliendo y dudar de si cerre la puerta con llave.

17 de septiembre de 2009

100 cosas que odio parte I


empezando con las primeras 10, por categoría.

10 cosas que odio en la calle:

- que la gente te choque y encima te mire mal.
- confundirme los chicles pegados en el suelo con monedas de 50 centavos.
- que los que están esperando el colectivo, ocupando toda la vereda, se quejen cuando pedís pasar.
- que la gente camine de a dos o más personas paralelamente impiendo pasarlos y encima pongan cara de culo cuando uno les grita PERMISO
- los que vienen caminando, se arrepienten de camino y se dan vuelta de golpe sin previo aviso
- los que salen a fumar fuera de una institución y se acumulan provocando humo e impidiendo el paso
- que te den el mismo panfleto quince veces en la peatonal
- el que hace actos callejeros y ocupa toda la vereda
- las obras públicas que obligan a uno a cruzarse de vereda.
- las madres con sus cuatromil pibes zigzageando por la vereda

14 de septiembre de 2009

Me dijo "Gordi"

Aclaración: No soy de las que le gusta pelearse con la gente, es más, por medio de este blog intento realzar los trabajos de todas las personas. Y no criticar a nadie por el labor que lleva a cabo. PERO ESTA ESTÚPIDA ME SACÓ DE QUICIO!


Ring Ring o Rang Rang, como prefieran, suena el teléfono:

Blonda - Holaaaaaaaaaaaaa
Pelotuda de Movistar - Hola soy Pelotuda de Movistar y llamaba para ofrecerles banda ancha movil de Movistar y blablablabla blanoparodehablarunsegundonoseentiendeunamierdaloquedice.
B - No estamos interesados, muchas gracias.
P - Cómo que no?
B - No
P - Puedo hablar con un mayor de edad
B - Yo soy un mayor de edad y te digo que no me interesa ningún servicio de banda ancha movil.
P - Usted tiene banda ancha movil?
B - Sí (mentira)
P - No le creo
B - Escuchame una cosa, yo no tengo por qué explicarte si tengo banda ancha o flaca o nada. No quiero tus servicios.
P - Y se puede saber por qué no quiere Banda Ancha Movil de Movistar?
B - Porque no!
P - Pero dame una razón lógica.
B - Primero que no tengo por qué darte un motivo, y segundo ya te dí MI razón lógica: NO!
P - Eso no es una razón
B - Es mi razón
P - Usted no tiene banda ancha movil
B - Que mierda te importa a vos.
P - Ay bueno gordi no era para que te pusieras así!

CLACK! me cortó la hija de re mil puta.

Y LO QUE MÁS ME MOLESTA! ES QUE ME DIJO GORDI!

La encuestadora que se volvió encuestada

Resulta, que me disponía a almorzar mi comida de vaga, cuando sonó el teléfono inalambrico color negro.

Yo - Aló
Mónica - Hola, mi nombre es Mónica, la llamo desde Buenos Aires con la finalidad de hacerle una encuesta sobre Restaurantes y Publicidad en el área de Rosario.
Yo - Bueno Mónica, pero mirá que tengo poco tiempo.
Mónica - El tiempo estimativo de la encuesta es de 10 minutos.
Yo - Dale entonces, prendo el cronómetro eh!

Así fue como, mientras yo ingería mis fideos, Mónica me fue haciendo preguntas sobre lugares de comida rápida, pizzerias, rotiserias, tenedores libres, mi concurrencia a esos lugares, mis preferencias y me hizo ponerles puntajes del 1 al 5 "siendo el 5 lo mejor y 1 lo peor" dijo ella.

Yo - Mónica, le explico que estoy comiendo, y como realmente quiero contestar su encuesta le ruego que me disculpe que le coma en la oreja.
Mónica - No se preocupe, le agradezco su dedicación.

Poco a poco, Mónica y yo fuimos entablando una amistad de preguntas y respuestas. Con oraciones discretas y respetuosas forjamos una conversación entretenida y casi privada: "Las preguntas que voy hacerle a continuación son de carácter privado, le ruego que me avise si alguna le incomoda" me repetía ella amorosamente. Yo, sumamente intrigada por las preguntas de carácter privado le decía que no me molestaban y ella seguía preguntando.
Mónica sabe de mi que soy estudiante universitaria, que voy a Mc Donals por lo menos una vez al mes, que no como pollo, que no me simpatizan los niños en los restaurantes, que no me gusta Billy Lomito, que tengo 2 autos, que vivo con mi mamá que es profesora universitaria, que no tengo hermanos y que no ví publicidades de hamburguesas en los últimos dos meses por televisión.
Yo de Mónica no se mucho, sé que tiene una voz suave y amistosa, que sabe leer los puntos y las comas, que escribe rápido por PC, que entiende perfectamente mis "mmm" y mis "no sé", y seguramente es morocha y alta.

Llegando al final de la encuesta, Mónica suspiró hondo y me dijo: "ya casi terminamos" como si yo estuviera podrida, pero en realidad, estaba cómoda, me divertía con ella contestando "sí, no, no se, no me gustan los chicos, 5, 3, 1". Así que empece a interpelar a Mónica. Para qué hacía la encuesta? Yo le era útil? Se había aburrido conmigo? y Mónica me dijo:

Mónica - No, para nada, al contrario. Fuiste una de las que mejor me trato y eso que ya hablé como con 10 personas.
(ya me tuteaba, que divina)
Yo - Mónica, que bien cronometrada que tenes tu encuesta. Duró exactamente 10 minutos.
Mónica - Viste? Es que yo no quiero engañar a la gente, si dura 10 minutos siento el deber de informárselo!
Yo - Bueno Mónica, me divertí mucho en serio. Gracias por llamarme.
Mónica - Gracias a vos por atenderme!

Las pequeñas cosas: Investigacion sobre incognitas cotidianas Nº 1


A pedido del público, el blog ha comenzado su sección "LAS PEQUEÑAS COSAS" INVESTIGA.
Sería algo así como una mezcla entre trabajo policíaco de investigación y periodismo urbano.

En el día de hoy trataremos la incognita: "Por qué los empleados de McDonals dicen "Porfa"

Todo comenzó una húmeda noche de Agosto cuando a dos individuos (el novio mío y a mí) los invadió el hambre y debieron ir a saciarlo al McDonals más cercano debido a que, también, la vagancia los había invadido y no querían cocinar.

Novio mío - Dos cuartos de libra uno sin condimento.

Chica McDonals - DOS CUARTOS DE LIBRA UNO SIN CONDIMENTO PORRRFAAAAAA

Este "porfa" retumbó el oídos de los individuos que pusieron un poco más de atención y notaron que entre todos los empleados se decían "porfa"

Luego de algunas semanas de investigación, este blog, en su sección pertinente, logró dar con una conocida quién trabaja en la actualidad en el famoso restaurant de comidas rápidas. El blog interpeló sin rodeos:

El blog en su sección pertinente - Trabajas en McDonals no cierto?

Conocida que trabaja en McDonals -

EBessp - por qué los empleados dicen "porfa"?

CqteMD - Porque nos obligan a decir "por favor" siempre que pedimos algo, y de tanto repetirlo quedó abreviado.

EBessp - Es verdad que cuando llegas a tu casa seguís diciendo "porfa"?

CqteMD - No, para nada, esos son rumores.

EBessp - Es verdad que después de trabajar en McDonals no querés volver a comer hamburguesas en tu vida?

CqteMD - Al contrario, cada día me gustan más.

EBessp - La última, es verdad que la hamburguesa está hecha a base de lombrices?

CqteMD - Sí.


Jaja, se la creyeron. No nos contestó eso, pero tampoco estamos autorizados a develar la verdad.

Dentro de poco, nos acercaremos a ustedes con algún otro misterio urbano.